Me parece preocupante que un simple ejercicio de “adivinanzas” se tome como un vaticinio científico que, a juicio mío, carece de un mínimo rigor. Me refiero al repetidísimo mensaje que venimos recibiendo desde hace unos años; ése en el que se anuncia que los nacidos hoy en España llegan al mundo con una esperanza de vida de 80 años.
No veo motivo para creerlo. Sí creo, en cambio, y estoy seguro, de que los que nacimos hace setenta, ochenta o noventa años, llegábamos a esta vida con esperanzas de disfrutarla o soportarla durante esos 80 años. Pero eso es lo que sabemos hoy; no hace ochenta años.
La historia conocida dice que, aquellos que nacimos hace tantos años, pasamos calamidades, incluso desnutrición severa, pero no comíamos “basura”; jugábamos, correteábamos y ejercitábamos nuestro organismo, puede que, en un solo mes de vida, más que hoy los niños durante toda su niñez. Los de hoy tendrán, eso sí, mucho más desarrollado el dedo pulgar de tanto darle al teclado del móvil o la tableta. Respirábamos aire muy decente, que hoy se recomienda no ingerir por aquello de la polución; tomábamos el sol como lagartos bajo la capa del protector ozono, que los de hoy no tienen y se han de “pringar” de cremas con tal de librarse de melanomas. No disponíamos de esa maldición llamada telefonía móvil, pero, ¡ya ves!, a cambio, nos libramos de la permanente radiación emitida por las antenas que cubren prácticamente todo el territorio. No lo oculto: había casos de anemia, es verdad, pero la obesidad se conformaba con cebarse en pocas personas y en cambio hoy es una pandemia mucho más dañina que los pocos casos de anorexia, etc…
Señores vaticinadores, dentro de sesenta, setenta o noventa años sabrán a ciencia cierta qué esperanza de vida espera a las criaturas que hoy van llegando a esta parte del mundo.
La salud no sabe cuidarse sola.
Filiiberto Ramíerez Yáñez









