Yolanda Seva Ruiz
 

LA CULPA ES TUYA, VAGA INDEFINIDA

 
Jueves 14 de mayo de 2026 0 comentarios
 

Recuerdo cuando de niña volvía del colegio diciéndole a mi padre que el profesor de turno me había regañado. Su respuesta siempre era la misma: “algo habrás hecho”.

Mis padres, trabajadores humildes, solo querían que sus hijas e hijo estudiasen, y pudieron hacerlo gracias a la educación pública.

En estos días de reflexión personal obligatoria he observado comentarios en todos los sentidos sobre la huelga indefinida que los docentes de la Comunitat Valenciana han secundado de forma mayoritaria.

Y ha sido así no porque los docentes queramos más dinero, o seamos unos egoístas que solo pensamos en nuestro beneficio, porque nada más lejos de la realidad.

Los docentes estamos hartos. Hartos de no poder llegar, hartos de redoblar esfuerzos, hartos de no ser escuchados, hartos de ser menospreciados y hartos de estar hartos.

“¡Menudo chollo tienes, siendo maestra!” “¿Cuántas vacaciones tienes?” “¿Para lo que haces y lo que cobras?”

¿Alguien se ha parado a pensar en alguna ocasión en el trabajo que realizamos aquellos que, de manera vocacional y con entrega máxima, nos dedicamos a la docencia?

La educación, la forma de enseñar y la pedagogía han cambiado y han evolucionado, haciendo de nuestros centros escolares espacios donde aprender constituye momentos de alegría, de seguridad, de concordia y de resolución de conflictos, a través de herramientas que nos facilita una formación continua y unas ganas desmedidas de crecimiento personal para poder transmitirlo a nuestro alumnado.

De otro modo no estaríamos aquí, de otro modo no estaríamos en las calles, perdiendo ese dinero y ganando en derechos y en verdadera equidad. Lo hacemos por cada uno de esos niños y niñas que cada día acuden a su centro escolar con la sonrisa puesta y la mochila cargada de futuro. Pero ese futuro se convierte en incierto cuando los recursos escasean y las necesidades no se cubren.

Durante estos días de huelga, en la que solicitamos cosas tan disparatadas como bajada de ratios para atender a nuestro alumnado de forma adecuada, profesionales para el alumnado con necesidades educativas especiales, incrementar el número de profesionales, de especialistas, de educadoras, climatizar las aulas para no pasar frío en invierno ni calor en verano, reducir el papeleo y la burocracia —no somos administrativos, somos maestros— y contar con unas instalaciones dignas y adecuadas al alumnado al que protegemos, he llegado a la conclusión de que nos encontramos aislados en un mundo que no nos pertenece, en un mundo que queremos perfecto y que nos arrolla con tanta intensidad que, aturdidos, nos levantamos y continuamos haciendo lo que consideramos nuestra responsabilidad: enseñar desde la más estricta voluntad de formar para desarrollarse en el mundo que les espera ahí afuera.

No solo hablamos de matemáticas, de lengua, de ciencia… hablamos de socializar, empatizar, comprender, escuchar, resolver, responder… hablamos de vivir en una sociedad libre y justa.

La culpa debe ser nuestra, que queremos para vuestros hijos e hijas un futuro plagado de éxitos, una vida repleta de buenos momentos y un ambiente en el que aprender y disfrutar al mismo tiempo.

La culpa debe ser nuestra, por querer reivindicar derechos, por preparar clases divertidas y amenas, por divertirnos aprendiendo juntos, por cooperar con los demás o por sencillamente hacernos cargo de sus inquietudes y robarnos tiempo para darlo sin ningún tipo de petición a cambio.

La culpa debe ser nuestra, cuando salimos del colegio cuando anochece o nos quedamos a dormir en él para una Noche de Cuento, o cuando nos vamos de excursión, o cuando ponemos un examen y no parece tan fácil, o cuando repetimos las cosas mil veces, recogemos mochilas, revisamos carpetas o damos nuestro almuerzo cuando a alguien se le ha olvidado.

La culpa debe ser nuestra, cuando gritamos en la calle que queremos una educación pública, digna y de calidad, y que para eso necesitamos medios, y esos medios nos los tiene que poner la administración competente. Y entonces la culpa ya es tuya.

La culpa es tuya por considerarnos meros transmisores de información, por pensar que no nos implicamos, por no dotarnos de validez y por jugar con una profesión tan importante como la nuestra, en la que cada día nos dejamos la piel y las ganas para dárselas a cada uno de ellos y ellas.

Y ahora ya no hablemos de culpa, hablemos de responsabilidad.

Porque es nuestra responsabilidad estar al pie del cañón, para que no les falte de nada, para que lo hagan lo mejor posible, para ayudarlos en sus flaquezas y animarlos en sus éxitos y para hacer posible sus sueños.

Y la responsabilidad es vuestra, President y Consellera, porque con la educación no se juega, no se negocia, y vosotros estáis sentados viendo cómo se tensa la cuerda y hasta dónde podemos llegar.

Pues hemos llegado al final, hemos llegado hasta donde podíamos y lo hemos hecho con esa capa de dignidad que nos cubre cada día, cuando entramos en nuestras aulas y hacemos, con lo que tenemos, magia.

Hoy más que nunca, un maestro, una maestra, un profesor o profesora que pisa las calles y grita por los derechos de todos y todas está educando a los que vendrán y está haciendo de nuestra labor como docentes el punto de partida para no consentir nunca más que se menosprecie la educación pública, a la que gracias muchos y muchas de nosotros y nosotras pudimos obtener un trabajo tan vocacional como el que hoy desempeñamos.

Yolanda Seva Ruiz
Maestra
Concejala y Diputada Provincial del PSOE

 

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