La Cuaresma es para los católicos el tiempo de conversión. Es el tiempo en el que mucha gente se pregunta ¿ convertirme de qué y para qué ? Y la respuesta a la misma es muy sencilla, “de la tristeza de una vida sin sentido, al gozo de la fe para ser feliz”, como dice José A. Martínez -dominico por más señas-.
Hace unos días hice un repaso del libro del profeta Isaías. En uno de sus párrafos el Señor Dios habla de esta manera: “Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz tan fuerte como una trompeta y denuncia a mi pueblo por sus delitos y a la casa de Jacob por sus pecados”, porque somos muchas las personas a las que se nos llena la boca de Dios, Dios y Dios, que decimos querer conocer sus caminos, que somos un pueblo que practica justicia y seguimos sus mandatos, y que le pedimos sentencias justas. Pero Él, que nos conoce mejor que nadie, nos hace una pregunta que engloba todas las respuestas:
“¿Para qué ayunar si no me hacéis caso? Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro propio interés y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad; movéis la cabeza como un junco y os acostáis en una saco de ceniza para dar compasión. No ayunéis como ahora, que hasta en el cielo se oyen vuestras voces”.
“Porque ese no es el ayuno que quiero- nos sigue diciendo-, el ayuno que yo deseo es este: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, compartir vuestro pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo. Entonces clamaréis al Señor, y te responderá y le gritarás y te dirá >Aquí estoy<. Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en la tinieblas y tu oscuridad se volverá mediodía.”
Otra cosa fundamental en tiempo de Cuaresma es que no debemos olvidar que la Pasión y Muerte de Jesús, que la Eucaristía nos recuerda, son la prueba más evidente del amor de Dios al hombre. San Juan nos dice: “De tal manera amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo para que no perezca ninguno de los que que creen en Él.” (...). Jesús, a través del apóstol San Mateo, en el Evangelio del Miércoles de Ceniza, nos decía: “ No practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos. Cuando deis limosna que no sepa vuestra mano izquierda lo que hace la derecha; cuando recéis entrad en vuestro aposento y cerrad la puerta; cuando ayunéis, no andéis cabizbajos ( no airear lo que hacéis). Vuestro Padre que todo lo ve, os recompensará”.
Y, finalmente, en tiempo de Cuaresma es conveniente recordar la carta de san Clemente primero, Papa, a los Corintios, con palabras de Jesús: “Sed misericordiosos, y alcanzaréis la misericordia; perdonad, y se os perdonará; lo que vosotros hagáis, así harán con vosotros; dad y se os dará; no juzguéis, y no os juzgarán; la medida que uséis la usarán con vosotros.” (...)
Lecciones para todos los católicos y que debemos recordar continuamente.









