En la página 3 del Periódico de Santa Pola del pasado 9-7-2010 se nos informaba en un artículo destinado a arqueología, que “Los hallazgos del solar de la estación de autobuses ayudan a delimitar el Portus”.
A su vez, en dicho artículo se hacía referencia a los restos humanos, que datan del siglo IV después de Cristo, hallados también allí.
Refiriéndose a estos restos, la arqueóloga municipal, Dª. Mª. José Sánchez, decía que “no serán exhibidos ya que hay que ser respetuosos con las personas fallecidas y a ninguno de nosotros nos gustaría que, dentro de unos siglos, nuestros restos se expusieran al público”.
Esta declaración de nuestra arqueóloga suscita en quienes estamos interesados en la arqueología, y más en concreto en la paleoantropología, ciertas cuestiones o preguntas relacionadas con el tema. Así, los hallazgos arqueológicos de unos restos humanos y su posterior exposición ante la sociedad por qué principios éticos han de regirse. ¿Cómo conjugar el respeto a nuestros ancestros con el derecho a enriquecer nuestro acervo cultural contemplando tales hallazgos?. ¿Debe transcurrir un tiempo determinado entre el óbito de una persona y su exhumación y exposición?. Si es así, ¿cuál ha de ser ese tiempo y qué principios han de regir para determinar el mismo?.
Si no procede exponer unos restos de hace 1.600 años por respeto a los seres que representan, ¿es ético, a la vez que lícito, exponer los de homo antecessor encontrados en los yacimientos de Atapuerca, aunque tengan una antigüedad de 1,3 millón años?.
Si nos guiamos por ese principio de respeto, en tanto en cuanto homo antecessor es tan humano como nosotros mismos o los romanos hallados en nuestro suelo, el extraordinario MEH (Museo de la Evolución Humana) inaugurado el pasado día 13 de julio en Burgos y digno de ser visitado por la riqueza y número de elementos que exhibe, carece de sentido, ya que su finalidad es la de exponer y, en consecuencia, divulgar los hallazgos paleoantropológicos de esa sierra burgalesa.
¿Son otros principios distintos al tiempo transcurrido los que han de determinar la exposición de esos hallazgos?. Por ejemplo, por decir algunos, ¿el número y la diversidad de utensilios que acompañan al difunto, elementos que, sin duda alguna, enriquecen el hallazgo y, por ende, el interés que despierta para su estudio antropológico y conocimiento de lo antiguo?. ¿La riqueza del conjunto arqueológico donde se han encontrado y, a la vez, su vastedad, lo que puede suponer un hito en el campo de la paleoantropología?. ¿La posibilidad que ofrece para un estudio evolutivo?. ¿Cuáles otros?. O, dicho de otra manera, ¿qué principios han de primar y qué límites no hay que sobrepasar para enriquecernos culturalmente con los que nos precedieron, a la vez que les respetamos?.
¿No existe en este campo un vacío, no ya legal, sino más bien ético y sobre todo emotivo, al valorar la cuestión desde un punto de vista personal?.
En cuanto al tiempo, entendemos que tan vasta longevidad en homo antecesor, nuestro abuelo, o más bien tatarabuelo burgalés, es campo abonado para estudiar la evolución de la especie humana, en tanto que 1.600 años son tan sólo un breve instante en la faceta evolutiva para analizar dicha tendencia en nuestros congéneres romanos.
Pero esto no obsta para poner en valor unos hallazgos que, junto con “algunos utensilios” encontrados con los cuerpos, nos puedan ayudar a entender mejor la vida y cultura de los santapoleros que hace ya tantos años nos precedieron y que, a buen seguro, enriquecerían nuestro patrimonio.
Para eso tenemos que encontrar el modo y los medios para que, a la vez que respetamos a nuestros antepasados, disfrutemos de ellos.
Si la obligación de la Administración es la de conservar, estudiar y dar a conocer, o divulgar el patrimonio, buena ocasión para que una ciudad como la nuestra, eminentemente turística, ofrezca a sus visitantes reclamos culturales como este para hacer más atractiva su estancia en ella.
Porque ya quisieran para sí otros muchos municipios turísticos poseer la riqueza arqueológica, en concreto de época romana, que atesora nuestro suelo.
Disfrutemos de lo que tenemos mientras respetamos a los que nos precedieron.
Alejandro Sáiz Moreno
Antropólogo









