Santa Pola, pueblo acogedor por tradición de tantas y tantas culturas a lo largo de milenios, tan solidario y con un enorme fervor religioso, sin embargo no puedo evitar sentir,no se si indignación, rabia o impotencia cuando nuevamente leo la noticia:”10 inmigrantes argelinos detenidos”, y me pregunto, ¿detenidos?,¿por qué?, quizás por haber nacido en la cara pobre del mundo, por anhelar una vida mejor para sus hijos, por creer que Europa es Sodoma y Gomorra.
¿Cómo nos sentiríamos si al ir de viaje a cualquier parte del mundo, nada mas llegar nos viésemos esposados y rodeados de policías sin haber cometido delito alguno?, ¿Qué diferencia hay entre estas personas a las que con tanto cariño recibimos debajo del faro y los extranjeros que viven arriba de éste (con todo mi respeto a ambos)?. Pienso, que aparte de la diferencia del tintineo del bolsillo de unos y otros, ninguna.
Esta vez nuestros desafortunados visitantes venían de Argelia, puede que la próxima vez sean del Sahara,como los niños que con tanto cariño acogen en verano numerosas familias santapoleras, pero entonces ¿qué contradictoria respuesta les daremos a estos niños cuando lean en el periódico el recibimiento tan distinto que les damos a sus hermanos?
Dónde queda nuestra caridad cristiana cuando nos acostumbramos a leer estas noticias con indiferencia, o tal vez con alivio, cuando recibimos a estas personas como delincuentes y no como a seres humanos en busca de una vida digna.
Desgraciadamente no tengo soluciones, pero estoy convencida de que de las injusticias se nutre la violencia y, nuevamente, la pescadilla se muerde la cola, desafortunadamente.
Mayte B. Vidal









