Víctor Córdoba Herrero
 

HOY NO HAY MÁS UNIONES QUE LAS QUE FUERZAN LOS INTERESES

 
Viernes 5 de diciembre de 2014 0 comentarios
 

El individuo cada día está más preso por la intolerancia y por las cadenas. No hay más uniones que las que forjan los propios intereses de cada uno. Son muchas las personas condenadas de por vida a quedar al margen de la propia existencia, privándoles de lo más básico para poder vivir con dignidad. A pesar de que tenemos la obligación y el compromiso, no sólo de enviar mensajes de liberación, sino de ayudar a que nazca este auténtico espíritu de solidaridad, resulta que todo lo hemos corrompido hasta volverlo miserable. La propia base de nuestra sociedad está depravada por la falsedad. La mentira es el abecedario más común a la especie. Hay pobladores, y una legión de cómplices, cuya conducta es una ficción continua. Por consiguiente, deberíamos restaurar primero al ser humano desde su interior, sólo así puede brotar la auténtica naturaleza ciudadana, hoy vilmente acaparada y manipulada por el descarado poder de los sistemas ideológicos, financieros, e incluso, por los propios partidos políticos. Para ello, no necesitamos más predicadores, sino gentes de coherencia profundamente vinculados a la apertura y a su compartida razón de vida, lejos de toda opresión y violencia.

Detesto toda sociedad avasalladora con el indefenso, viciada de mediocridad, con los discursos vacíos, incapaz de despertar sueño alguno. Sabemos que son los estados los que están obligados a proteger los derechos humanos, pero también es la ciudadanía, con su liturgia de verbos conjugados en todos los lenguajes, la que ha de salir a tomar la plazas. Pacíficamente, pero con el coraje necesario, para anunciar que otro planeta es posible. Naciones Unidas estima que veintiún millones de personas viven en la esclavitud. Podríamos ser cualquiera de nosotros. El poder sigue corrompiendo y los dirigentes continúan haciendo alianzas de intereses. Sería bueno, que coincidiendo con la festividad del día de los derechos humanos (diez de diciembre), trabajásemos por reafirmar los derechos de todas las personas, materializando el concepto de universalidad e imparcialidad en la justicia. Ciertamente, la humanidad tiene que cesar de lanzar piedras contra sí misma, y volverse una estirpe unida e indivisible por el caudal de felicidad que aglutina. Y, evidentemente, este bienestar nace de una genuina unión armónica de unos para con otros.

 

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