Francisco Carrillo Molina
 

GRACIAS

 
Viernes 25 de abril de 2014 0 comentarios
 

Todas las cofradías y con ellas su cofrades quieren cada Semana Santa ofrecer a nuestro pueblo lo mejor de ellos mismos, digno es de reconocer desde estas primeras líneas, el esfuerzo, tesón y sentimiento que ponen todos por superarse cada año. Por ello, desde aquí mi felicitación, respeto y admiración.
Pero permitirme que exprese desde esta humilde carta mi agradecimiento a mi cofradía, la del Santísimo Cristo de la Agonía y Cruz del Mar, pues el pasado Viernes Santo se marchó quien, desde los inicios, fuese (permitirme que lo diga así) el alma de la cofradía. Vivía con tanta pasión la Semana Santa que, cada año, nos sorprendía con algo nuevo. Tanto era así que, hasta un año, montó un motor bajo el trono para alimentar las luces del Cristo y, como quiera que el trono iba con ruedas y había que subir y bajar del Calvario, pues le puso freno de mano y volante. Ello le obligaba a ir debajo del trono y, claro, ese año, al llegar al Mercado al bajar del Calvario, él, que no salía de debajo del trono, con los gases del motor se estaba quedando sin oxígeno. Gracias que le socorrió a tiempo y que Encarna Mendiola estaba sentada en la terraza del Montañés y acudió al momento para socorrerlo, pues estaba intoxicado del monóxido de carbono, por lo que casi no tenía tensión arterial.
Pues bien, este hombre no era otro que Andrés González Araez, hombre que desde muy temprana edad vivió la Semana Santa de su Rojales querido, perteneció a la Adoración Nocturna y a la Cofradía de la Oración del Huerto.
Siempre que había una reunión de la cofradía él decía, “no sé qué pensáis, pero en la huerta no se hace así…”. Siempre ponía la huerta como ejemplo y, claro, su amigo inseparable, Paco Murcia, hombre también de la huerta, pues le daba la razón en todo. Así que había momentos en que no era raro escuchar que algún hermano cofrade dijera: “Andrés… ¿a que en la huerta no se hace así?”. Y, claro, a todos nos salía una risa de complicidad, al tiempo que de cariño.
Ese cariño es el que toda la cofradía a puesto de manifiesto, encarnado en la persona de su presidenta, Rosario Rodes, que las “levantás” que se le hicieron al Cristo en su recorrido del Viernes Santo las hicieron en la memoria y el recuerdo de ese hombre que, esa noche, ya estaba en el Cielo con Él. Esos costaleros que, la mañana del sábado y con el hombro aún caliente de llevar al Cristo en su estación de penitencia, hicieron acto de presencia en la iglesia para entrar y sacar a hombros a ese hombre que fue su capataz.
En nombre de la familia González-Cascales, gracias.
Para terminar, quisiera decir esto en recuerdo y el cariño que sentía por mi suegro… A las personas, no sólo se las debe valorar por el tiempo que están entre nosotros… sino por las huellas que dejan… Es por eso que jamás te olvidaremos.

 

Comparte este artículo

 
 
 

Comentarios

 

Artículos relacionados

 

 

Periódico Santa Pola © Copyright 2016, todos los derechos reservados.

Diseño: Baluarte Comunicación s.l.