Supongo que no soy la única que al igual que mucha gente echamos en falta el cumplimiento del deber ético-moral o quizás yo diría, más profundamente, la falta del “saber estar” desempeñando un puesto de trabajo en la sociedad y para la sociedad.
Faltan unas “bases” sólidas de ecuanimidad y atención a las necesidades del ciudadano con las que poder vivir mejor el día a día.
Ahora empezaré a contar lo sucedido. Hace unos meses mi padre, de 84 años, que a malas penas puede caminar por falta de fuerza en las piernas, como siempre a principios de mes quiere ir a cobrar su pensión a la CAM de la Glorieta. Como en la misma calle es difícil encontrar aparcamiento (el vado de carga y descarga está normalmente lleno), paré en la esquina de la CAM (justo en el vado para motos). Acompañé a mi padre a sentarse dentro y cogí el número, pues fue salir para aparcar el coche fuera de allí y ya me estaban multando (minuto y medio).
Dije las razones al agente, que no parecía “escuchar” nada; su obligación de forma automática, a poner una sanción. Quedé perpleja por su falta de estima hacia una persona mayor e impedida.
Pero justo este mes de diciembre otro vehículo aparcó en el mismo vado ante mis ojos; y lo mismo al segundo y medio vino la pareja de agentes a escribir la multa, pero cuando el conductor se dirigió a hablar al agente, éste inmediatamente dejó de escribir y se apartó con su compañera sin poner sanción; el vehículo quedó allí estacionado varios minutos (5 o 7 minutos).
Recuerdo la cara de satisfacción de su conductor (“a la vista de todos”), ¿tal vez, por entenderse con la ley?
Las impurezas son para muchos satisfacciones, pero para otros son dignas de denunciar.
Dolores Nieves Sempere Fuentes









