Si no me lo tenían que decir, pues hace tiempo que sabía yo que Rajoy no conseguiría los 176 diputados necesarios para la mayoría absoluta. Ni tan siquiera con el chico nuevo este de Ciudadanos, que parece majo, le da para formar Gobierno. Pero con lo que no contaba es que entre Ciudadanos y el PP tan sólo iban a sumar 163 escaños.
Lo malo de todo esto es que el PP tiene en frente una marea poco receptiva para los pactos, pues con ese número es imposible gobernar. Por otra parte, Pedro Sánchez no despunta por tener el horizonte más despejado. Necesita sumar a sus 90 escaños los 69 de Podemos y, además, los de otras formaciones independentistas si quiere ser presidente.
Si gobierna el PSOE, un partido que ha quedado segundo, a una diferencia más que notable que el primero, ¿volveríamos a ser presa de los deseos de unos poco el resto de los españoles? No me malinterpreten, que cada uno haga lo que quiera en su casa y, si quieren decidir, pues que decidan (después de tantos años creo que, si nos preguntan al resto, se la damos de buen grado). Pero, ¿a qué nos vamos a tener que ajustar? Me gustaría recordar que alrededor del 80 por ciento del Congreso ha votado a favor de fuerzas no independentistas. ¿Estaríamos interpretando lo que quieren decir las urnas si damos un cheque en blanco a ese veinte por ciento escaso?









