La relación laboral no es un contrato ordinario, no es un simple acuerdo privado que haya de quedar al margen de cualquier intervención estatal.
La visión clásica liberal del contrato de trabajo como un arrendamiento de servicios fue rechazada por la realidad social. La igualdad legal de las partes y la libre discusión de condiciones no eran sino una ficción en el trabajo asalariado. La relación laboral no es un episodio aislado que pueda ser objeto de un contrato de arrendamiento de servicios, sino que constituye para casi todas las personas el eje mismo de su vida y la de su familia. Viven de un salario.
El impulso de la lucha social y sindical, unido a las ideas socialistas, logró que surgiera una legislación especial, el Derecho del Trabajo, que regula el contrato y las condiciones de trabajo. Ello junto con el derecho a la negociación colectiva, dotó de la protección que merece la relación laboral, para que exista un trabajo decente. Ahora, los neoliberales quieren acabar con la negociación colectiva en aras de la competitividad y en defensa de una concepción de la libertad individual que no es tal en el caso del trabajo asalariado.
En este envite nos jugamos que a nuestro modelo de Estado se le pueda seguir llamando Social y Democrático de Derecho.
Jose-Ángel Sanz Gracián









