Llevamos unas cuantas semanas leyendo las opiniones de diversos ciudadanos que centran sus opiniones en la Iglesia Católica. La empezó D. Ramón Pomares un ex sacerdote católico que dejó de ser sacerdote cuando incumpliendo las leyes de la Iglesia, abandonó su puesto para contraer matrimonio y formar una familia de las llamadas normales. No es la primera vez que este señor escribe en este Periódico mostrando su desacuerdo con esta norma eclesial y reclama poder seguir siendo sacerdote y llevar a cabo todas las funciones que la iglesia Católica concede a los sacerdotes católicos. Adornaba su postura con otras cuestiones que querían influir en su razonamiento, pero en las que yo solamente entraré más adelante y sólo en aquellas que puedan aclarar algunos conceptos.
Trato de entender al Sr. Pomares, aunque él no quiera entender las disposiciones de la Iglesia. Comprendo que luche por integrarse en la jerarquía de la Iglesia aunque de sobra es consciente que, de momento, de nada le vale. Puede que muchos católicos piensen igual que él, pero ello no es suficiente para conseguir su deseo, que debió pensar antes de tomar la decisión de abandonar la Iglesia. Ha escrito varias veces, más de trescientas, al Obispo, y en ninguna ocasión ha recibido respuesta, posiblemente, digo yo, porque lo que solicita no es competencia de ningún obispo, y el deseo de este buen señor y otros muchos dentro de las leyes de la Iglesia Católica no se modifican de la manera que el Sr. Pomares desea.
Doña María Javaloyes, como católica, le contestó a D. Ramón Pomares, mostrando su parecer y se expresaba de la única forma en la que puede expresarse una persona católica. Ella defiende las leyes y dogmas de la Iglesia Católica -igual que lo hago yo como católico-, dando su opinión, por cierto muy clara y objetiva sobre todo aquello que creemos y respetamos. Doña María Javaloyes no ofende a nadie y a ninguna persona desprecia con insultos. Ella muestra su parecer, su opinión sus creencias.
Más tarde aparece don Antonio Zaragoza que, como a los dos “escribientes” anteriores, no le conozco de nada, pero deduzco de su carta que o bien es luterano, protestante, etc., o es ateo o agnóstico. Y si lo es ¿ a mí qué ? Se agarra a los pasajes de la Biblia que a él le conviene y que utiliza exclusivamente para ofender, no para exponer sus ideas. Tacha a la señora Jovaloyes de ignorante y fanática y más adelante de orgullosa. Los cristianos en su conjunto, no disfrutamos menospreciando y ofendiendo a otros cristianos, porque nuestro Dios es el mismo Dios de todas las religiones. Sr. Zaragoza, usted está confundido con los católicos. La Iglesia Católica no nos exige ser católicos a la fuerza, ni la encontramos manipuladora en ningún caso, y, al contrario de lo que usted dice, cada día hay más católicos en el mundo. Ya somos cerca de mil trescientos millones de católicos. Y por supuesto que, al ser católicos, aceptamos y creemos en los dogmas de la Iglesia, en los que usted no cree. Creemos en la virginidad perpetua de María, nuestra madre; en la Santísima Trinidad, nuestro creador, salvador, señor, y Dios, y en la presencia de Cristo en la Eucaristía. A nadie le imponemos nuestras creencias, ni insultamos a nadie que no cree en ello. Los respetamos y rezamos por ellos.
D.Ramón Pomares, ex sacerdote, al que simuló defender, y doña María Javaloyes, contestan a don Antonio Zaragoza y dejan muy claro cual es su postura respecto a la Iglesia Católica. No merece la pena extenderme más. Los agnósticos y los ateos hacen muy bien en leer y enterarse de lo que piensan y creen los cristianos y más concretamente los católicos. Don Antonio Zaragoza debe aprender del comportamiento de los otros intervinientes. Además, debe aprender del nuevo Papa. Ahí está el Papa Francisco, otro pontífice comprometido con el diálogo interreligioso; otro pontífice que trata de mejorar los lazos con otras religiones, diciendo que cree en el diálogo y que “el diálogo implica que el otro tiene algo bueno que decir”; el pontífice que cambió el protocolo incorporando a los líderes de todas las religiones y comunidades cristianas, no católicas al inicio de su pontificado.
Joaquín Ramón García









