La edad elevada tiene poquísimas ventajas; no la recomiendo.
Entre las poquísimas está la posibilidad de hacer algunos números imposibles en la juventud. Por ejemplo: creo que van a ser siete u ocho, las oportunidades de que he disfrutado para elegir, libremente, al partido político que más esperanzado me dejaba después de oír o leer sus promesas y proyectos de gobernanza. Pero, ¡maldita mi suerte! ¡Ni una vez acerté!.
Invariablemente, cuando se presentó cualquier dilema, inconveniente o “crisis”, mira tú por dónde, eran los menos votados quienes disponían del remedio, de la solución, de la sagacidad infalible para sacarnos del atolladero.
Ya es mala suerte, ¿no? ¿O …es que, en realidad, gobiernan otros de quienes desconocemos hasta sus nombres, y el voto lo ponemos a favor de simples figurantes?
Menudo dilema, ¿verdad, usted?
Filiberto Ramírez Yáñez









