Higinio Cánovas
 

cuando las cosas no funcionan, simplemente no funcionan

 
Viernes 20 de septiembre de 2013 0 comentarios
 

En su edición de la semana pasada observo con consternación cómo muchos jóvenes se envolvían con dos banderas para dar otro punto de vista. Un punto de vista contrario a lo que expresaron cientos de miles de personas a lo largo de toda Cataluña. En mi opinión, tanto unos como otros están del todo equivocados, puesto que ninguna bandera, ninguna patria real o ficticia está en condiciones de solucionar sus verdaderos problemas: paro, falta de salidas profesionales, educación cada vez más cara, sueldos miserables, jornadas draconianas, contratos basura, ausencia de servicios públicos de calidad y desaparición gradual y casi inevitable del “estado de bienestar”, que tanto costó a los españoles conseguir.
Leo, observo y escucho con gran dolor en mi corazón cómo en el Hemiciclo se empeñan en lanzar una inmensa cortina de humo a la gran y única cuestión que debería importar: “Señores, ¿cómo salimos de todo esto?”. Mucho se habla de los corruptos, mucho se habla de la identidad nacional, mucho se habla del poder o la facultad de decisión, pero pocas son las ideas prácticas que se ponen sobre la mesa y menos aún los papeles firmados (pues ley sin reglamento no sirve de nada, me decían en tiempos estudiantiles).
Llegados a estas alturas de mi vida, donde el desencanto se frena por la sonrisa de algún nieto o la anécdota casual de algún compañero (de los que cada día quedamos menos), me pregunto qué futuro le espera a toda esta juventud. Los que puedan costearse unos estudios (porque ahora, con lo de Bolonia, ya pocos pueden trabajar y estudiar al mismo tiempo) no tendrán una salida semidigna en su país, con lo que tendrán que emigrar. Los que aquí se queden se verán enfrentados a una bajada de salarios y de pérdida de poder adquisitivo como no se ha visto en la Historia. Y, posiblemente, los que ahora tienen 55 años verán sus pensiones mermadas y su esperanza y calidad de vida reducida considerablemente. A los que nos queda mucho menos por delante que por detrás, rezar o encomendarnos a antiguas deidades es lo que nos queda... que los chiquillos no pierdan el trabajo, que nos suban el IPC, que no haya una rotura de cañerías o al coche no se le caiga el escape, porque entonces... pa qué.
Nunca me ha gustado ser agorero o pesimista, sólo quiero hacer una llamada de atención para que se apueste por la unidad (aunque sea mediante la diversidad, me da lo mismo) y se ponga fin a este periodo de incertidumbre que nos ha tocado padecer (porque vivir, vivir, no se vive mucho).
Gracias y perdón por el ladrillo.

 

Comparte este artículo

 
 
 

Comentarios

 
 

 

Periódico Santa Pola © Copyright 2016, todos los derechos reservados.

Diseño: Baluarte Comunicación s.l.