JUAN APÓSTOL SOLER
 

Colorín colorado

 
Viernes 30 de abril de 2010 0 comentarios
 

Dos conclusiones, al menos, pueden sacarse del cuento de Caperucita Roja. Una que era una niña desobediente y, otra, que era tonta. Desobediente porque su madre le encargó y le insistió que a casa de su abuelita, fuese por determinado camino con el objeto de no encontrarse con el lobo. Pero la niña, como todas las niñas desobedientes, no le hizo el menor caso y marchó por aquel otro que lo acortaba pero con el riesgo de encontrarse al lobo, como así fue. ¿A dónde vas Caperucita ? A casa de mi abuelita. ¡La fastidiamos! Pero Caperucita Roja, además, era tonta, pero tonta con matrícula. Llega a casa de la abuelita y se encuentra al lobo en la cama, con una cara de lobo que no se puede aguantar. Y va y le dice: Abuelita, qué orejas más grandes tienes. Y el lobo, que de abuelita no tenía nada, le responde: son para oírte mejor. Caperucita que continúa sin enterarse de nada, le vuelve a preguntar: Abuelita, qué ojos más grandes tienes. Y el malévolo lobo le dice: son para verte mejor. Capertucita continúa estando en el limbo, y no contenta aún, le vuelve a preguntar: Abuelita, qué boca más grande tienes. Y hasta aquí llegó la pobre Caperucita. El lobo saltó de la cama y en dos bocados se comió a la criatura.
Una soberana moraleja nos deja este cuento. María Lafuente, portavoz socialista en el Ayuntamiento de Santa Pola, va a terminar en la panza del lobo, por desobediente y por tonta. ¿Que quién es el lobo del cuento? Que mire a su alrededor, porque en este cuento no vale decir Miguel Zaragoza, porque Miguel Zaragoza ya está harto de comérsela día a día y ya es hora de comer carne o pescado fresco. El lobo, será cualquier compañero de los que andan a la vera de María, que cansad@ de aguantarla, se quitará el traje de diario y, bajo él aparecerá el lobo que espera el momento de hincarle el colmillo a la señora María. Así que cuidadín, que como el final del cuento, en esta ocasión no aparecerá el valiente cazador para matar al lobo, abrirle la barriga y rescatar a la pobre Portavoz. Que se vaya haciendo a la idea, porque ya va siendo hora de decirle colorín colorado este cuento se ha acabado.

 

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