Juan Pablo II, conocido como el Papa Viajero, el Papa Grande, el Papa Valiente y el Papa Santo, nos dejó el 2 de abril de 2005. Para muchos cristianos y para todos los católicos , su fallecimiento, aunque esperado, nos produjo un extraño dolor que a la vez se convirtió en un aceptable consuelo, pues su destino estaba escrito. Tras 26 años de pontificado y más de 259 viajes fuera del Vaticano , de los que 140 lo fueron lejos de Italia, el Papa Viajero subió a los Cielos. En los católicos de todo el mundo dejó constancia de su bondad. A todos amaba. Visitó infinidad de Países. Casi todos los de África, de América del Norte, del Centro y del Sur; muchísimos de Europa, Australia, Japón, etc. etc. No podía marcharse sin visitar Cuba, y lo hizo en 1998, y a los cubanos les dijo estas hermosas palabras: “He venido como mensajero de la verdad y de la esperanza, a confirmaros en la fe y a dejaros un mensaje de paz y reconciliación con Cristo”
¿ Recuerdan cuando en Sevilla, al pié del avión que lo llevaría a Roma, y con la pista a reventar de gente, los Cantores de Híspalis, llorando casi, le cantaron lo de “Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Cuando un amigo se va algo se muere en el alma; no te vayas todavía, no te vayas por favor, porque la guitarra mía muere cuando dice adiós”? Fue un mar de lágrimas al viento que los ángeles se encargaron de transportarlas a todos los lugares del mundo, Santa Pola incluida, y mientras los allí reunidos aplaudíamos a rabiar, radiantes de alegría y llenos de amor, de paz y de libertad por el adiós de Juan Pablo II.
De todo su pontificado, además de su bondad, del amor a todas las gentes y razas, del cariño hacia los jóvenes, etc., hay que destacar su lucha contra el comunismo y contra la expansión del marxismo, sobretodo, en Iberoamérica , y en poner fin a ese mismo comunismo en su Polonia natal. Sufrió un intento de asesinato en 1981 mientras saludaba a los fieles en la Plaza de San Pedro, y como no podía ser de otra manera perdonó públicamente a su enemigo.
Además de la vez de Sevilla, en otras dos ocasiones tuve la suerte de verlo pasear en el papamóvil por las calles de Madrid. Y en el Vaticano y en Castel Gandolfo, fue visitado otras dos veces por mis hijas, una de las cuales, la mayor de ellas, ya está reunida con él y para toda la eternidad, allá donde se contempla a diario la luz del rostro del Señor.
Y por fin, llegó el día que todos deseábamos, el de su beatificación, que para orgullo y honor de todos los católicos, será el próximo 1º de mayo, y con ella recordaremos su sonrisa y su gracia al hablar en castellano para todos nosotros. Y sus frases que dejan escuela: “La paz exige cuatro condiciones esenciales: verdad, justicia, amor y libertad”. Y otra : “La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas”. Por ello, siempre estuvo en contra de todas las guerras, y por eso, muchísimos del PP seguimos las consignas del Papa por encima de otras ideas en la guerra de Iraq.
Joaquín Ramón García









