El pasado viernes apareció publicada una carta que hacía alusión a un rosario de pésimos atributos hacia los santapoleros, tales como sucios, poco comprometidos e incluso de comportamientos xenófobos, en el sentido literal de la expresión, es decir, que odian a los extranjeros, y por extranjeros incluimos a todos los que no son del pueblo o no poseen raíces familiares en el mismo.
Pues bien, yo no soy santapolero, ni de adopción, ni con raíces, pero llevo casi cuatro años de los más de doce que llevo fuera de mi ciudad natal viviendo en este pueblo peculiar y extravagante que me ha hecho forjar una ligera idea de las causas de este comportamiento observado y con el que estoy de sobra familiarizado.
La necesidad de relación social es un aspecto primario de la conducta humana que se va perfeccionando con la evolución cultural y el desarrollo hasta llegar a conformar actitudes cívicas que, con el tiempo, se convierten en costumbres y, finalmente, en normas sociales de convivencia.
Está claro que la característica predominante en la sociedad santapolera es precisamente la carencia de una base cultural y relacional sólida. Es una sociedad adolescente en valores sociales y culturales, en la que se observan dificultades de convivencia y respeto.
No es que odien a los extranjeros, en Santa Pola reside una numerosa población extranjera. Los comercios con más éxito son los chinos, y la mayoría de los santapoleros que, además, se declaran de derechas, los critican y condenan continuamente abogando por su eliminación. Los sudafricanos tienen éxito entre la población joven y reinan en la modesta noche de los fines de semana. Gran parte de la producción interior procede de las rentas del turismo, de hecho Santa Pola “sobrevive” gracias a éste, y hasta los negocios más serios se hacen con “los de fuera”.
A este pueblo le falta un escalón evolutivo. La dificultad de socialización y sentido común de los santapoleros, les impide ver las grandes posibilidades de recuperación económica y crecimiento que tienen en este singular enclave geográfico bañado por las aguas del Mediterráneo y por un sol incomparable que mantiene a lo largo de todo el año un clima excepcional.
Salvador M. Muñoz López









