Fue un sueño de amor, una brisa perfumada, una infinita quietud, un profundo sentir. Fue la vida, en su necesidad de contemplarse a sí misma, quien gestó aquellas criaturas de bellas y fértiles formas, tan cercana a lo divino por su capacidad de crear consagrada en sus entrañas. Esa criatura de nombre y consagrada. Consagrada... Y sin embargo, a lo largo del tiempo, violentada en su cuerpo y en su alma. Mutilada en su cuerpo y en sus ilusiones. Secuestrada en sus ideas. Así sucedió y así sigue sucediendo. Cada día escuchamos historias de mujeres, de muertes, de golpes. Pero afortunadamente, también escuchamos historias de vida, de puertas que se abren, esperanzas tímidas que aletean, heroínas anónimas del día a día, preciosas crisálidas que pintan inocentes sus alas, hasta que llegue el tiempo de desplegarlas. Alas perfectas, brillantes, fuertes,... amadas. ¡Hay tanto que decir! ¡Tanto por descubrir!. Es un tiempo en el que la especie mujer tiene algo que decir, en una sociedad donde no se ha permitido a lo femenino mostrarse como es. Y sobre todo existe una necesidad de descubrirse, identificarse y recordar la inmensa belleza que envuelve a la mujer. Que sea una caricia para el dolorido espíritu femenino del que formamos parte todas: Con forma de mujer fuiste soñada/ Y en tu vientre, un cáliz sagrado, de amores sembrado/ Suenas como la tierra, profunda, serena.../ Amas tanto, tanto/ Que la vida echa raíces en tus entrañas, silenciosa, confiada/ Mujer que permaneces, que custodias, que te ofrendas/ Como el faro encendido en la bahía/ Como la marea suave que mece a la orilla/ Olas de pasión y arrullos de nanas, se mezclan en tu voz/ Sirena de amores, canción de amor. Con amor
Sandra Selva









