Hay ángeles que son traídos a este mundo, encarnan la bondad, la dulzura, el amor, la inteligencia, que son personificados y son elegidos, y, como por una arbitrariedad o premonición del
fatídico y adverso destino, su vida corta, en la flor de la juventud, debido a veces a la cruel e ingrata naturaleza, que inflige daños o accidentes biológicos irreparables, le es arrebatada.
Imploramos a entes divinos, sobrenaturales, nos aferramos a ellos, no perdemos la esperanza de que intercedan para que estos ángeles nos acompañen en la vida terrenal longevamente, pero se torna irresoluble, inviable, pese a todos los intentos, las más esforzadas voluntades y ahíncos y energías vitales, y cuando la ciencia genética y médica asume su fracaso, que venzan a la terrible finitud de la efímera existencia.
El sufrimiento corporal cesa para ellos, el espíritu quizás pueda transcender a otro estado intangible o eterno. Mas la tribulación, la congoja, la aflicción, el dolor, están presentes por mucho tiempo para los que los hemos conocido y tenido a nuestro lado.
El recuerdo de lo que han sido, de la humanidad y espiritualidad que han irradiado a todas las personas queridas, familiares y amigos, perdurará para siempre.
Emiliano García Alcázar







