Crea oportunidades; la gente con mentalidad resiliente sabe propiciar que los hechos que le interesan sucedan. Siempre descubren nuevos márgenes de maniobra. Actúa, pues, independientemente y confía en tus decisiones, pero acepta también la ayuda de los demás si tú no puedes hacerlo todo. Descubre en qué personas puedes confiar.
Las oportunidades pasan muchas veces por delante de tus narices. ¡Procura tener tus fosas nasales siempre despejadas!
Desarrolla tu fuerza interior; frente a cualquier adversidad, evita perder la esperanza. El auténtico poder es, como se sabe, “querer”. Un factor más importante que la inteligencia, la fuerza física o la riqueza. Una actitud que puede transformar tu sufrimiento en rabia de vivir. La gente con alto cociente de adversidad siempre está dispuesta a hacer lo que sea necesario para superar los obstáculos con los que tropieza, sin importar dónde se originaron los problemas.
Sé positivo y cambiará el rumbo de tu vida; nadie puede cambiar el mundo, pero si puedes cambiar la forma de verlo. Si ves el lado positivo de las cosas, darás la vuelta al infortunio. Aunque las consecuencias negativas existan, transformarás la realidad y encontrarás soluciones. ¡Nadie conoce sus propias fuerzas si no se ha enfrentado a la adversidad!
Sigue tus corazonadas; nuestro consciente es limitado, pero el inconsciente compara la adversidad actual con pasadas experiencias y encuentra similitudes que iluminarán tus decisiones. Escucha tu voz interior. ¡Habla tu mismo idioma!
Relativiza los hechos; percíbelos desde otras perspectivas. Distánciate de ellos.
“Ser emperador o pirata depende de la cantidad de barcos que uno tenga” En muchos problemas, la gente está tan preocupada por culpar de ellos a los demás, que se olvidan de buscar la solución.









