MODELISMO
 

Una afición autofabricada que no tiene por qué ser cara

 
Viernes 15 de noviembre de 2013 0 comentarios
 

Los ya lejanos años ’70, de los que nos separa casi medio siglo, vieron el nacimiento de la inquietud de Wencensalo Dols por las miniaturas. Una afición que continúa todavía, si cabe, con más fuerza. De hecho, entrar a su estudio es abrirse paso en el tiempo. Las piezas con décadas de vida, las cajas llenas de material, los discos de vinilo, los libros apilados y el sonido de los trenes al pasar por las vías muestran cómo un hobby más bien selecto, puede convertirse en una mezcolanza entre el tiempo y la imaginación.
Wencenslao comenzó su andadura con las miniaturas con los aviones teledirigidos de motor de explosión, aviones de madera pintada de rojo y blanco que todavía conserva guardados y que en su día sobrevolaron los cielos de Alicante. De hecho, es este medio de transporte el que elige la mayoría de los iniciados en el mundo del miniaturismo, quizás por su vistosidad. Sin embargo, Wenceslao se decanta por los trenes y los barcos.

Una electrónica complicada

Este jubilado santapolero es un enamorado de la electrónica. Confiesa que empezó con las miniaturas porque le gustaba la electrónica: “Me gustaba montar mecanismos, repararlos, conocerlos por dentro…”.
Reconoce que en Santa Pola no hay demasiada afición, por lo que “nadie me puede aconsejar y la gente que entiende de electrónica dice que esto es demasiado complicado”. En esta semisoledad, el mérito de Wenceslao se acrecienta, dado que, gracias a su curiosidad, sin ningún otro tipo de estudio sobre el tema, y su autodidactismo, este santapolero ha fabricado la mayoría de los elementos de su maqueta de tren, como los mandos.

Autofabricado

El miniaturismo puede llegar a ser una afición barata, “sólo es cuestión de tiempo e imaginación”. En vez de comprar, fabricar. Wenceslao hace alarde de esa imaginación y piensa “de qué forma hacer las cosas de manera casera sin comprar piezas”. Las farolas de su maqueta de tren son tubos de cobre con luces led, y muchos otros elementos, como los edificios, las barreras, el sistema eléctrico, los arreglos, las pintura… los ha hecho con sus propias manos. “Sólo compro lo que no puedo hacer”, afirma Wenceslao.
El miniaturismo es una afición en la que el desembolso económico puede ser importante. Algunas piezas en Alicante cuestan 3,90 euros, pero Wenceslao las encuentra en Santa Pola por 0,90 céntimos.

Cuestión de tiempo

Todas las noches, desde que vuelve de la tienda de su mujer hasta las once o incluso más tarde, Wenceslao trabaja en su maqueta de tren. Es un hombre inconformista y crítico con su labor: “Trabajaré en la maqueta hasta que quede como quiera, pero nunca me termina de gustar del todo”.

Unión familiar

Con el paso del tiempo, su mujer también se ha aficionado e incluso le ayuda y le proporciona ideas para mejorar su maqueta. Su hermano también es miniaturista y, aunque sus hijos alaban su trabajo pero no se han volcado en la afición, son sus nietos los que han recogido el testigo generacional. “Cuando vienen mis nietos, notan los cambios que he hecho en la maqueta y me dicen, abuelo, eso no estaba ahí o eso es nuevo”.

De la tierra al mar

El próximo reto de Wenceslao se encuentra en el medio acuático. “A los aviones no voy a volver, quiero volver a los barcos cuando tenga algo más de espacio”. De hecho, ya tiene la emisora y la carcasa del barco, comprada en los años 90.
También comenzó a hacer un submarino, del que ya tiene el motor, pero “no hay forma de hacerlo estanco” por lo que dejó el proyecto, dado que “de los submarinos hay que comprar todas las piezas, y eso no tiene gracia”, siguiendo con su espíritu autodidacta y de autofabricarse los elementos.
Wenceslao no piensa en exponer, aunque invita a su estudio a cualquiera que quiera ver sus miniaturas.

 

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