El Castillo-Fortaleza acogió con un lleno absoluto la obra musical que rescata las costumbres y canciones de la villa marinera, con una puesta en escena renovada y un público entregado
DAVID P.N. | 29/8/25
El Patio de Armas del Castillo-Fortaleza de Santa Pola fue escenario el pasado viernes de un viaje en el tiempo. La reposición de Santa Pola: un poble de cançons, no sólo emocionó a los centenares de espectadores que llenaron el recinto, sino que confirmó el enorme poder evocador de la música popular y de las historias sencillas que forman parte de la memoria colectiva.
La obra, estrenada en 2007 con dirección artística de Pepe Torres y dirección musical de Federico Valero, y con texto de Antonio López Lafuente, fue entonces un acontecimiento cultural que agotó entradas. Casi veinte años después, gracias al impulso de Torres y la coordinación de la Asociación de la Vinguda de la Mare de Déu de Loreto, junto al patrocinio del Ayuntamiento de Santa Pola, el musical ha regresado con una versión renovada, con cambios escénicos y nuevas aportaciones artísticas que lograron mejorar aún más el montaje original.

Una producción coral y muy cuidada
Entre las novedades de esta reposición destacó el acompañamiento en directo de la Rondalla El Castell, bajo la dirección de Pablo Más Carrión, que aportó autenticidad musical y conexión emocional con el público. Los bailes del grupo Ballaores de la Mar, dirigidas por Rosa Bonmatí, añadieron frescura y plasticidad a varias escenas, convirtiendo el espectáculo en un mosaico de música, danza y teatro.
El Ayuntamiento quiso agradecer expresamente el trabajo de todos los departamentos implicados —Cultura, Fiestas, Electricidad y Servicios Generales— que hicieron posible que el espectáculo luciera en un escenario tan emblemático como el Castillo-Fortaleza, convertido una vez más en epicentro cultural de la localidad.
Un retrato vivo de la Santa Pola de antaño
Santa Pola: un poble de cançons es mucho más que un musical: es un retrato costumbrista de la vida de la villa marinera durante buena parte del siglo XX. A través de escenas sencillas y canciones populares, el espectador viaja a una Santa Pola en blanco y negro, con calles sin asfaltar y sin apenas tráfico, donde la vida era más pausada, sin teléfonos ni internet, con sólo una cadena de televisión.
Los recuerdos del colegio y los bocadillos de chocolate, las vacaciones de pascua en “els Arenals o els Ingeniers”, las visitas estivales de los turistas y sus barracas, el trabajo de los marineros, las tertulias en cafés y tabernas, las críticas sociales o las celebraciones religiosas se entrelazan con las letras de canciones populares que todavía hoy siguen vivas en la memoria de los mayores.
Los personajes —conocidos por sus apodos, como la Xorrila, el Tambores, el tio Mig Figo, els Pixoxos, la Piana o el Esmolaor— aparecieron sobre el escenario, provocando sonrisas de complicidad entre los asistentes. Los espectadores más jóvenes, que no vivieron aquella Santa Pola, pudieron asomarse a través de la mirada de sus padres y abuelos, descubriendo cómo se forjó la identidad cultural de la localidad.
Humor, nostalgia y participación popular
Uno de los momentos más celebrados fue la recreación de las canciones espontáneas que se entonaban en bautizos o en el cine Chapí cuando fallaba la película. Al unísono, los personajes entonaron la divertida estrofa “Que mos tornen els diners, este cine no val res”, arrancando risas y aplausos del público, que reconocía en esas escenas un pasado cercano y entrañable.
La fuerza del espectáculo radicó en la transmisión oral de la música popular, un legado que ha llegado hasta nuestros días gracias al “boca a boca” y que ahora, con esta obra, se recoge en un formato artístico capaz de emocionar y enseñar al mismo tiempo.
Ovación final y agradecimientos
Tras más de hora y media de representación, los actores, músicos y bailarines fueron despedidos con una ovación en pie. El público reconoció así el esfuerzo de un montaje en el que participaron decenas de personas, desde intérpretes hasta técnicos de sonido, iluminación y montaje.
Al finalizar, la alcaldesa Loreto Serrano y la concejala de Fiestas, Nely Baile, subieron al escenario para agradecer a todos los implicados “su dedicación, talento y pasión por mantener vivas nuestras tradiciones”. Serrano afirmó: “Gracias por hacer perdurar y recordar elementos tan característicos de nuestro pueblo, que forman parte de lo que somos como santapoleros”.
La emoción del momento hizo que muchos asistentes, especialmente los mayores, no ocultaran sus lágrimas, conscientes de que acababan de asistir a algo más que un espectáculo: a una lección de identidad y memoria colectiva.
Santa Pola, un pueblo que canta
Con esta reposición, Santa Pola recupera una de sus obras más queridas y demuestra, una vez más, que sigue siendo —como reza el título— un poble de cançons. Un pueblo que, pese a los cambios de los tiempos, conserva intacto el poder de su música popular como símbolo de unión, identidad y orgullo compartido.
Si quieren volver a ver la obra, puede hacerlo en nuestro canal de YouTube: @periodicosantapolaTV o en nuestra página de facebook.







