El Castillo y el puerto se convierten en escenario vivo de una representación en verso, con teatro, marineros, procesión de antorchas y la Portadora llevando la Imagen hasta la capilla
DAVID P.N. | 19/12/2025.-
En el Patio de Armas del Castillo Fortaleza, la Venida de la Virgen de Loreto volvió a representarse este año con una apuesta clara: teatro en romance, verso tradicional y voces de rapsodas dando forma al texto de María Sempere. Desde allí, la historia saltó del escenario a la calle, al puerto y de vuelta al Castillo, en un recorrido que convirtió al público en parte viva del relato.

Del romance en el Castillo a la llamada del mar
La representación arrancó en el interior del Castillo, con el Patio de Armas convertido en escenario y símbolo. Las escenas se fueron enlazando con ritmo de romance antiguo: aparecieron el Profeta, los Herejes, María de Guadalupe, el pastor Alejandro y, como núcleo dramático, los tres temporales, que cargaron de tensión la trama y la atmósfera del recinto.
El público siguió cada cuadro en un silencio atento, arropado por la iluminación del Castillo, que reforzaba el aire de relato antiguo hecho presente.
Tras el paso de los temporales, la obra cambió de aire: subieron al escenario varios pescadores para anunciar la visión que encendió el gesto colectivo de la noche, una luz inmensa que llegaba al puerto. Volvió a hablar el Profeta y, desde ese momento, la representación dejó de ser sólo lo que ocurría sobre las tablas: actores y público se pusieron en marcha hacia el muelle, completando la segunda parte como una prolongación natural del romance.

La llegada de la Virgen al puerto
En el puerto, donde los asistentes permanecieron de pie, se recitó un nuevo romance mientras se aguardaba la llegada de la barca. La embarcación Lloca Mare, con su tripulación, apareció finalmente con la Imagen de la Virgen de Loreto a bordo y con el Patrón, que la entregó al Alcalde.
En el muelle se sucedieron los momentos centrales de este segundo acto: el parlamento del Patrón, la intervención del alcalde, la recepción solemne en la que la Portadora recibió formalmente la Imagen y un fragmento teatral preparado específicamente para este marco marítimo, con el agua y las luces del puerto como telón de fondo real.
Con la Virgen ya en brazos de la Portadora, la escena cambió de registro y se convirtió plenamente en rito.

Antorchas hacia el Castillo: el pueblo en movimiento
El regreso se hizo en clave procesional: una multitud de velas y antorchas avanzó desde el muelle hacia el Castillo, siguiendo el protocolo establecido. La imagen de la Patrona caminando entre luces cálidas y miradas alzadas volvió a ser uno de los momentos más esperados por los santapoleros.
A la llegada al Castillo, el público volvió a entrar en el Patio de Armas. Los actores formaron un pasillo y los últimos en acceder fueron la Portadora, el Alcalde y el Patrón, atravesando ese corredor humano mientras desde el escenario se recitaba el poema “Por los senderos del puerto”, uniendo simbólicamente el viaje marítimo con la entrada solemne de la Virgen en el Castillo.

Oda, baile, Plegaria y Motete: tramo final en el Patio de Armas
Ya con la Imagen colocada en el centro del escenario, la noche entró en su tramo más emotivo. Sonó la Oda, interpretada por Antonio Sempere Campello; después llegó una jota tradicional a cargo de Balladores de la Mar, que aportó el pulso popular del baile; y la Coral Levantina Antonio Espinosa puso voz a la Plegaria.

El bloque artístico se cerró con un último romance y el Motete, completando la parte musical y poética de la celebración.
El acto concluyó con la entronización de la Virgen de Loreto en su capilla del Castillo.








