Con la sugerente imagen de catorce niñas “disfrazadas” de mujeres que recitan cada una de ellas una frase alusiva –”Voy a decir lo que pienso es la primera”– y luego bailan el charlestón comenzó ayer jueves 8 de marzo el acto que cada año prepara el Ayuntamiento de Santa Pola para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Una de las homenajeadas este año, María del Mar Clement, se ha encargado de organizar un acto diferente. Ella ha preparado los textos y también los bailes que transmitieron mucha emoción a los asistentes a este merecido homenaje que tuvo lugar en la Casa de Cultura. En total participaron en el espectáculo 38 personas, muchas de ellas alumnas de hace quince años del gimnasio Marsport de María del Mar que no han olvidado su técnica. Entre otras cosas, se destacó la fuerza invisible de la mujer, su voluntad y su tesón.
Se hizo un recorrido por la trayectoria de las cinco homenajeadas y se les entregó una placa conmemorativa ante la emocionante mirada de familiares y amigos.

Teresita Juan ha sido distinguida en la categoría Mujer y Cultura. Continúa ligada a diversas agrupaciones santapoleras. Así, es presidenta del grupo Los Romeros y canta en la Rondalla y Coro El Castell. Además, es camarera de honor de la Cofradía la Dolorosa. Es autora de varias canciones y también ha recuperado jotas antiguas para el Grupo de Danzas Sal Marinera. Trabajó durante muchos años en el Museo del Mar del Castillo y también como limpiadora en diversos lugares como el colegio Joanot Martorell. “Siempre me ha gustado mucho escribir, la historia y la restauración”. Así, ha contribuido a recuperar buena parte del patrimonio etnográfico de nuestra localidad que ahora se expone en el Museo del Mar. Ella es quien cuenta, en la sala dedicada a las veleras, cómo trabajaban estas mujeres en nuestra localidad. “A mí siempre me ha gustado escuchar a la gente mayor y aprender, siempre he dicho que son como libros abiertos, que son más que los catedráticos”, señala. También hay una escena en el Museo del Mar, la casita del pescador que es conocida por muchos como “la de Teresita”. También ha colaborado contando cuentos e historias relacionadas con Santa Pola a los niños en diversos colegios. “He hecho para mi pueblo lo que he podido”, concluye.

Isabel Marín es, ante todo, una mujer con coraje. Es la única mujer pescadora de Santa Pola. Un buen día, viendo las dificultades por la que atravesaba su marido, decidió embarcarse con él en la “busa”, un pequeño barco de arte menor. Y hasta ahora. Se acaba de sacar la “libreta” para seguir faenando de forma totalmente legal. “Reconozco que las mujeres tenemos menos fuerza que los hombres, pero tenemos una mente muy despierta, somos muy constantes y no nos asusta el trabajo, un día que teníamos que levantar una red con mucho pescado parecía que no podíamos, pero yo me busqué mis mañas, me senté y me apoyé hasta que la levantamos”, comenta. “Me encanta salir a pescar, es muy bonito, pero también muy duro, el que no ha salido al mar no sabe lo qué es”, añade. Así, ha pasado más de un temporal y en uno de ellos incluso le dio una crisis de ansiedad al ver lo mal que lo estaba pasando su marido. Pero se sobrepuso, recogieron las redes y volvieron a tierra. Con todo, se considera “muy femenina” y ha logrado que sus compañeros pescadores la respeten y valoren. “Eres més valenta que un home”, le dicen muchos de ellos. Así, en fuertes temporales otros barcos con hombres como tripulantes no han salido a faenar y ella y su marido sí lo han hecho. Y es que en plena crisis, cuando despidieron a su marido, compraron la “busa” para intentar salir adelante y ahora salir a pescar es la forma de “seguir rodando”, como ella misma indica. Como para el resto de marineros, la situación es muy difícil para ellos. La última semana, por ejemplo, han ganado solo 140 euros entre los dos. Tiene dos hijos y una nieta de cuatro años. “Mi nieta es luchadora, como yo, nació con medio kilo y ahí está, afirma.

También es una mujer muy luchadora Pepita Sempere. De joven trabajó en la Venta la Sentanera y ya cuando se casó con su marido Jaime se trasladó a su casa de la calle Elche, donde en el bajo estaba su carnicería. Se quedó viuda en el año 1975 con cinco hijas a su cargo, de entre 16 y 6 años. Y consiguió con mucho esfuerzo y tesón salir adelante y lograr que su familia, hoy día, siga muy unida. La hija mayor dejó de estudiar y le ayudaba en la carnicería, al igual que su cuñado a la hora de descargar la carne. Fue una época muy difícil pero Pepita siempre tenía una sonrisa en la boca a la hora de atender al público y aunque a ella misma le costaba mucho sudor sacar adelante a su familia, prestó más de una ayuda a quien se lo pidió.

María del Mar Clement, responsable del gimnasio Marsport, considera el homenaje de ayer como “una recompensa por el trabajo realizado, son muchas horas de esfuerzo a lo largo de los años y hay alguien que valora el trabajo que tú haces”. Así, Clement ha contabilizado que en 20 años, sin contar cabalgatas, ha colaborado en más de 120 actos de todo tipo, como apoyo a entidades benéficas, hermanamientos, boatos, jornadas de aeróbic, etc. Ha enseñado a bailar a varias generaciones de santapoleras. “Hay espectáculos en los que tengo a las tres generaciones, a abuelas, nietas y madres”, comenta. Asegura que tiene el arte del baile dentro y que siempre ha colaborado desinteresadamente porque ésta era su pasión, pero cuando tuvo a su hija se replanteó su situación y se centró más en sus clases en el gimnasio que son, al fin y al cabo, las que le dan de comer. “Todo lo hago por mí, me encanta y disfruto transmitiendo a otras personas lo que llevo dentro, pero llegó un momento en que iba a tirar la toalla”, confiesa.

“Para mí era una cosa impensable y muy bonita poder recibir este homenaje”, comenta Loreto Palomares. Desde los 12 años está “trabajando para la calle”, según indica, como bordadora. Ates se hacían muchos juegos de cama o incluso toallas, pero ahora las costumbres han cambiado y tiene más trabajo a la hora de realizar estandartes, banderas y las bandas de las reinas de las fiestas. Ella borda tanto las de la reina mayor como las de la infantil y la de la tercera edad. Por su casa de la calle Azorín ha pasado literalmente “medio pueblo” a hacerle encargos. También hace su aportación en grupos musicales como Los Romeros y la Rondalla y Coro el Castell. Sigue en activo y según confiesa “parece que soy la única bordadora que queda en Santa Pola por el trabajo que tengo”.







