Factores tanto biológicos como psicológicos y sociales influyen enormemente en la salud mental a lo largo de las diferentes etapas vitales
La psicóloga Loreto Esclápez, junto con la psiquiatra Sofía Belló, fueron las encargadas de conducir la charla ‘Mujer y Salud Mental’ que se llevó a cabo en el Baluarte del Duque. Una charla con gran sentido para ellas, dado que, en el caso de Esclápez, entre el 80 y 85 por ciento de personas que acuden a su consulta son mujeres. Un indicativo de que ellas están más concienciadas en la necesidad de preocuparse y cuidar la salud mental.
Además, la propuesta de la Concejalía resultó interesante para Esclápez, quien focalizó sobre este tema un trabajo de fin de máster: la diferencia entre hombres y mujeres en temas de salud mental. “En el pasado, cuando una mujer tenía un problema de salud mental, se argumentaba que es normal, está así, porque está en uno de sus días...”. Afortunadamente, la visión ha cambiado y no se centra la solución de los problemas en la medicalización, sino también con la terapia.
Por otro lado, la charla se enfocó en los factores tanto biológicos como psicosociales que marcan la diferencia. “A mí me ha pasado”, explicó la psicóloga, “que acuda a mi consulta una mujer con ansiedad y que ella insistiera en que era causa de la menopausia, pasando por alto los factores psicosociales como, entre ellos, una relación de violencia que pueda estar viviendo o una excesiva carga mental”.

También ha visto la situación contraria, una persona que acude aduciendo un problema motivado por el entorno psicosocial, “y tras realizarle un chequeo médico comprobamos que estamos ante una premenopausia precoz, lo que alteraba la salud mental”.
Datos y estadísticas indican que las mujeres solicitan más ayuda psicológica que los hombres, “lo que no quiere decir que ellos no lo necesiten, porque suelen estar inmersos en un estereotipo de tragar y no pedir ayuda. Si nosotras pedimos más ayuda, al final somos más susceptibles de ser diagnosticadas y tener tratamiento. Puede ser que los problemas de salud mental masculinos se infravaloren no porque no los tengan, sino porque los reprimen”.
Somos seres bio-psicosociales, indicando que la salud mental viene determinada por múltiples causas, no teniendo sentido que nos centremos en un único factor, “pues la salud mental será el conjunto de todas esas variables. Todas son importantes, no se puede menospreciar ninguna”.
En el ciclo vital de la mujer se pueden presentar varios problemas, con variedades biológicas, psicológicas y sociales que hacen a este colectivo más vulnerable a padecer determinados trastornos. Desde la Concejalía se propuso para la charla la importancia de saber detectar los factores sociales que procuran vulnerabilidad y cuáles son las estrategias para prevenirlos.
Efecto mariposa
Desde el punto de vista de la psiquiatría, Sofía Belló se focalizó en la parte física de cada una de las etapas. En la adolescencia, biológicamente hablando, es la transición de niña a adulta, con cambios drásticos, “el efecto mariposa, la teoría física del caos. Un pequeño aleteo puede llegar a causar cambios drásticos al otro lado del mundo. Esto es equiparable a lo que ocurre en esta etapa. Pongamos el ejemplo de algo tan microscópico, como el cambio de una hormona, conduce a cambios significativos físicos y mentales: pelo, pecho, caderas y, por supuesto, emocionales: impetuosos, irreverentes, irreflexivos...”:
El aumento de hormonas como los estrógenos o la testosterona provoca cambios físicos y cerebrales para adaptarse a la etapa adulta. Esto sirve para “separarse de los padres y recorrer su camino de forma individual. Es lo natural pues, lo raro, sería que un adolescente quisiera estar con sus padres todo el día y no irse con sus amigos. Allí buscan aventuras y riesgos... y el problema viene cuando se pasan”.
En la adolescencia no todo son hormonas, también podemos encontrar la “poda sináptica”. Es decir, cambian las conexiones neuronales y, al igual que se poda un árbol para seleccionar las mejores ramas, lo mismo ocurre con nuestras neuronas. “Las que no usan, porque son muy de la época infantil, desaparecen al quitar las conexiones. Las que tienen se afinan, mejoran, maduran”.
Cerebro inmaduro
Pedir a los adolescentes madurez es realmente complicado pero, por otro lado, no pueden ser maduros porque “una parte su cerebro, la corteza prefrontal, no madura hasta que no tenemos unos 25 años. La corteza prefrontal es la encargada de la toma de decisiones correctas, seguras, sin riesgo y con proyección a futuro. Ellos no lo tienen maduro, por lo que tiene sentido que asuman más riesgos y sean más impulsivos”.
También la asunción de riesgos tiene su razón de ser: si no hay riesgos, no nos vamos de casa. No se buscan nuevos amigos, no nuevos estilos de vida, no nuevos retos laborales.
Neuroplasticidad cerebral
Apuntó Belló un interesante concepto: la neuroplasticidad cerebral. El cerebro, en la etapa de la adolescencia, es altamente plástico, capaz de moldearse a las situaciones vitales que están por venir, adaptarse a la vida adulta. Esto tiene dos caras, la buena, que es la adaptación y, la mala, porque aumenta nuestra vulnerabilidad, “pues puede buscar el modelo inverso, el mal camino”.
Nuestros referentes hace no muchas décadas eran nuestros padres, profesores, amigos, vecinos, “pero ahora son también las redes sociales. La forma del moldeo cerebral que propulsan las redes no es la más sana. Buscar referentes en redes, no en mi familia, conduce a afirmar que es uno de los motivos por el que los adolescentes ahora tienen más problemas de salud mental”.
Imagen corporal y conducta alimentaria
Los casos de problemas derivados de la imagen corporal y la conducta alimentaria, en las adolescentes chicas, son comunes, “pero aunque se están comprobando más casos en chicos, las féminas prevalecen. De cada diez mujeres con un trastorno de conducta alimentaria hay un hombre. Una desproporción grande”.
Las variables psicológicas tales como personalidad, creencias y gestión de emociones, se enlazan con lo social: entorno, estilo de familia, estilo de crianza. Lo psicosocial siempre va ligado. “Para un adolescente, ya vulnerable por el proceso biológico que atraviesa, el trastorno de conducta alimentaria, por ejemplo, puede estar potenciado por rasgos obsesivos, una personalidad exigente y perfeccionista, baja autoestima y, si sumamos a un nivel social, donde se le expone como madre o mujer las quejas sobre el sobrepeso de la progenitora, el referente transmite la idea”.
A nivel familiar puede transmitirse la preocupación por la imagen corporal, más los cánones estéticos “con la transmisión de mensajes inadecuados a través de redes sociales. Todos los referentes que ellos tienen en Tik Tok, con vídeos que veo que deberían ser prohibidos, promoviendo conductas patológicas”.
Los padres son quienes deben de fomentar el pensamiento crítico en sus hijos, “porque hoy en día no se puede prohibir a un adolescente que no acuda a las tecnologías. El pensamiento crítico y un buen ambiente familiar les ayudará a enfrentarse a esos estereotipos y modas”.
Un factor que también influye de cara a los trastornos de conducta alimentarios son ciertas profesiones, como los deportistas de élite o el modelaje, “con cánones estéticos y conductas que pueden llegar a ser patológicas”.
Disforia premenstrual
El trastorno disfórico premenstrual, en la adolescencia, viene provocado por múltiples cambios a nivel hormonal y físico, “y aunque no tenga mucha incidencia, he querido añadirlo por su importancia. Las variables psicológicas que pueden hacer que aparezca son el vivir situaciones de estrés o, incluso, traumas en la infancia. Incluso también el cambio estacional puede llegar a influir”.
Matrescencia
En la etapa adulta de la mujer, una de las épocas más propensas a tener trastornos es la perinatal: “desde que nos quedamos embarazadas hasta la crianza”. Sofía Belló introduce el concepto ‘matrescencia’, que sería equivalente a la adolescencia, porque se realiza una cambio en el cerebro, “con un periodo en el que la mujer tiene cambios hormonales significativos, cambios físicos significativos y más inestabilidad emocional”.
Se equipara al efecto mariposa a nivel hormonal: estrógenos y progesterona, “más luego otras como la prolactina, la oxitocina... el cuerpo genera cambios para que una mujer pueda parir, nutrir al bebé, cuidarlo y actuar en consecuencia”. El cerebro se moldea para conseguir una conducta adecuada para la criatura, “y lo que siempre se ha dicho como instinto maternal es cierto. Nadie sabe lo que es mejor para el bebé que la madre, pues su cuerpo cambia para ajustarse al objetivo”.
A diferencia con la adolescencia es que el cambio no se realiza hacia la individualización, sino hacia la fusión con el bebé, “porque es un ser dependiente. Si no te fusionas y buscas todos sus cuidados, no sobrevivirá solo. Tiene una función adaptativa”.
Lo ideal, apuntó, es fomentar la corresponsabilidad durante todo el proceso de crianza, “pero también es cierto que nosotras llevamos nueve meses de ventaja, porque nuestro cuerpo se ha preparado para cuidar de ese bebé. No quiere decir esto que, una vez que se ponga en los brazos del papá, su cerebro no comience a moldearse. Si se implica en la crianza, además, puede llegar a tener el mismo instinto que la madre. La madre ya está preparada desde que lo concibe, porque su cuerpo ya se ha preparado”.
El postparto
El postparto también aparece con frecuencia como un detonante biológico, como un riesgo de salud mental, “porque todas las hormonas que nos han acompañado ahora están en caída libre. A nivel emocional, se nota. Las primeras semanas o meses, una no se siente como le gustaría, porque hay un cambio social, un duelo por la vida que tenías y ahora no. También te tienes que adaptar a la situación de los demás con respecto a ti. Sobre todo, a nivel emocional no se está estable, porque tus hormonas han caído”.
El cerebro, a la vez, sigue cambiando, “porque seguimos liberando oxitocina cuando damos de mamar o abrazamos a nuestro bebé. Así nos vinculamos mejor”. Un hecho llamativo es que la corteza prefrontal, inmadura en los adolescentes, se activa más que nunca y madura más que nunca porque se ha de hacer frente a muchas responsabilidades.
Ansiedad y depresión
La ansiedad y la depresión son los trastornos que más se pueden dar en la etapa adulta femenina. Igualmente, la maternidad puede ser un desencadenante de este tipo de trastornos, “pero no podemos olvidarnos de los casos en mujeres que no pueden ser madres o que no quieren ser madres. Estamos hablando de la etapa del postparto y maternidad como factor de riesgo, pero en consulta han entrado mujeres que deciden que no quieren ser madres y pueden desarrollar ansiedad o depresión por un factor social, que no es otro que el juicio de las personas de alrededor”.
Desde la pandemia, se han disparado un 25% los casos de ansiedad y depresión, siendo los grupos de jóvenes y mujeres los más vulnerables. Son los trastornos más predominantes en féminas, “un 34% de mujeres, frente a un 17% de hombres, han retirado en farmacia ansiolíticos o antidepresivos”.
La literatura científica, desde hace años, comenta que los estereotipos relacionados con el hecho de ser mujer son factores de riesgo de cara a padecer un trastorno mental de este tipo. “Las mujeres pueden llegar a padecerlo hasta tres veces más que los hombres. Las demandas de la sociedad actual, requieren a las mujeres una doble implicación: dentro y fuera de casa”.
Sobrecarga externa e interna
A nivel social, se exige a la mujer un mayor cuidado hacia los otros y las relaciones afectivas que tenemos en pareja “son también un factor de riesgo”. Para Loreto, “hay que diferenciar en cada caso, indagar los factores bio-psicosociales”. Desde su experiencia, en casos de mujeres adultas con ansiedad y depresión, “hay una sobrecarga laboral, algo externo, más sobrecarga en casa, algo interno. En muchos hogares, la mujer ha salido al entorno laboral, pero el hombre no ha entrado en los cuidados de la casa”.
El cuerpo es sabio y, al final, toda carga repercute, “porque si te tienes que encargar de redactar informes, más los cuidados de la casa, más llevar a los niños a la extraescolares, más, más... la ansiedad y la depresión avisan de la necesidad de un cambio, bien en la parte psicológica o en la social”.
En situaciones de desempleo, de peor nivel socioeconómico, que también tiene que ver con la maternidad, con la renuncia, “nos hace sentir más inseguras, porque tenemos menos oportunidades”. El rol de cuidadora influye enormemente, “y las mujeres se apegan a él. No cede y no delega los cuidados”.
Trabajo o familia
Ha visto casos de mujeres que han tenido que renunciar a su carrera profesional por dedicarse al cuidado de sus hijos, “o también las que tienen que decidir por no apearse de la carrera, que les ha costado enormemente llegar a la posición que ocupan. Ellas sienten una culpa tremenda, que conduce a una depresión. No te sientes bien porque no dejamos de tener el instinto biológico de querer estar con nuestros hijos”. A nivel de conciliación familiar y apoyo a la mujer queda mucho camino por recorrer.
Desgraciadamente, ha sido testigo de situaciones de violencia, “debiéndose disparar las alarmas, porque puede ser que no verbalice ese tipo de situaciones. Muchas veces, cuando ves a mujeres que no saben el porqué, se encienden las alarmas y tienes que ir indagando para detectar situaciones de maltrato”.
Abortos, embarazos, postparto, inseminación artificial... inducen puntos de estrés físicos, “pero también la presión social es inmensa. ¿No vas a intentar ser madre? Chica, pues adopta... Si das pecho, porque das pecho, si trabajas, porque lo haces. A nivel social azota mucho más que los cambios físicos en muchos casos”.
Ansiedad: 2 a 1
Los trastornos de ansiedad son más comunes en mujeres, en una relación de 2-1. Las mujeres tienen el doble de posibilidades de experimentar un trastorno de ansiedad generalizada. También hay factores internos de la mujer, “como el hecho de que tenga un rasgo como la inestabilidad emocional, la sensibilidad negativa (afrontar los problemas de forma no positiva) y la evitación, un rasgo de personalidad que huye de los conflictos, que no pone límites y no verbaliza”.
La última de las características puede ser tanto un rasgo personal como un hecho inculcado a nivel familiar: “no digas nada, no te cabrees, no llores, no te enfades. Todo eso puede repercutir en una personalidad más evitativa”.
Situaciones sociales que conducen a la ansiedad son las experiencias negativas en la infancia y la edad adulta, la sobreprotección en el estilo de crianza y la sobresaturación de tareas, “que lleva a exigir unos recursos elevados altos. Al final, el cuerpo habla”.
Depresión: 3-1
Hasta tres veces más probabilidades tienen de padecer depresión las mujeres que los hombres. Por características internas: inestabilidad emocional, evaluaciones negativas de una misma y del mundo, la evitación... “y, a nivel social, parecido a la anterior, como haber vivido un acontecimiento estresante en la infancia, también casos como la dependencia económica y falta de realización personal. Una característica de la depresión es la indefensión, muy ligada a la dependencia económica”.
Menopausia
Sofía Belló aseguró que un porcentaje elevado de sus pacientes en consulta están en etapa menopaúsica. No son los calores o sofocos, sino porque hay cambios a nivel físico, “en este caso, todo lo contrario a la adolescencia y la etapa perinatal. Aquí bajan las hormonas. Disminuyen los estrógenos de forma llamativa. Que bajen los estrógenos nos afecta a nivel físico (calores, sofocos, riesgo de osteoporosis o artrosis, cardiovascular...) y cognitivos.
Mientras se tiene la cubierta de los estrógenos se tiene más cobertura a este nivel, con la menopausia se pueden empezar a presentar problemas como la pérdida de memoria o, cinco años después, tienen un infarto. “No siempre es así, pero es cierto que el riesgo aumenta”, explicó Belló.
También, a nivel químico, bajan los neurotransmisores, responsables del estado emocional. La serotonina y la dopamina son los más involucrados en la ansiedad y la depresión. Cuando bajan los estrógenos también bajan estos neurotransmisores, con lo que hay más riesgo de trastornos.
Si hablamos de plasticidad cerebral, el cerebro es menos moldeable y se hace más difícil adaptarse a nuevas situaciones.
Variables psicológicas
La menopausia es un proceso de duelo, para Loreto Esclápez, una adaptación a algo que se pierde, “en este caso la vida reproductiva. Adaptativamente requiere que en un periodo de duelo tengamos sintomatología depresiva. Al final, también influyen mis creencias negativas o poco activas para tener herramientas que me ayuden a enfocar esta etapa de forma positiva”.
A nivel social, aparecen cambios laborales importantes en edad donde aparece la menopausia, “despidos, y se quedan fuera del mercado laboral”. El nido vacío es también un cambio de consideración para aquellas que han estado altamente apegadas a la crianza, “¿ahora que hago? Pero, por otro lado, hay casos en los que las mujeres querían descansar, quedarse en la gloria, pero llegan los nietos, a los que también tienen que cuidar”.
¿Qué podemos hacer?
Pero... ¿qué hacemos frente a todos estos factores vulnerables? ¿Qué se puede hacer para prevenir o solucionar? Para Loreto, lo biológico se puede modificar con medicación, con terapia hormonal, pero hay otras sobre las que no se puede actuar.
La psicóloga aboga por reducir el estrés y buscar la corresponsabilidad en pareja, “y debemos comenzar a aprender a elegir a nuestras parejas para tener hijos. Que haya un buen ajuste marital y hablar de muchas cosas antes de concebir”.
No se ha de renunciar al desarrollo profesional, “pero también se ha de cubrir su necesidad de crianza. No se trata de tener que renunciar al instinto maternal, sino de combinar las partes”.
El empoderamiento y la autoestima es básico desde la etapa de niñas, “por lo que desde casa no se puede poner ejemplos de relaciones tóxicas, de dependencia emocional, de maltrato. Al final, eso nos hace vulnerables a desarrollar posibles patologías”.
Se ha encontrado casos en consulta de mujeres que viven una relación tóxica con sus maridos, “pero que afirman educar a sus hijas dicéndoles que ellas no lo tienen que aguantar. Al final, lo que más educa es el ejemplo. Yo le puedo decir misa a mi hija, pero si está viendo que me callo, que dejo de trabajar, que me controlan económicamente... lo que la va a educar es lo que observa”.
En el caso de los hombres, éstos tienen que encontrar referentes que den ejemplo de corresponsabilidad y que pidan ayuda, “aunque queda un largo camino por recorrer”.
Importante es para ella la autoestima positiva, enseñar a las niñas que luego serán mujeres a la autoconfianza, el autorespeto, aceptarse tal y como son, saber cuáles son sus limites y tener una responsabilidad siempre sobre su bienestar.
Autocuidado, un derecho
“Pero además, como factor protector básico, está el ejercicio físico, una buen alimentación y la ausencia de drogas. El autocuidado es imprescindible, no es un privilegio, es un derecho y siempre debe ir por delante”, afirmó. Algo que hay que trabajar a nivel psicológico es el complejo de culpa por ir al gimnasio, “porque parece que hacemos algo negativo por dejar a los niños con alguien. No podemos sentirnos culpables por un derecho que tenemos”.
Por fortuna, van apareciendo nuevos referentes de mujeres capaces de compaginar, “no sólo de aquellas que lo han dejado todo y se han volcado en la crianza”. Esclápez señaló que es fundamental que se tenga autonomía e independencia económica.
Muy importante es evitar el aislamiento social, “porque es un factor protector el tener contacto con familia y amigas.







