La nueva Reina Mayor reconoce que se quedó «completamente en shock» al escuchar su nombre, mientras Reyes Giménez, Estefanía Martínez, Eva María Pomares y Fabiola Sempere coinciden en algo que ha terminado imponiéndose al resultado de la elección: la amistad que ha nacido entre las cinco
DAVID POVEDA | 25/08/2026.-
Durante unos segundos, Helena Martínez Alba no supo cómo reaccionar. La alcaldesa tenía el sobre entre las manos y ella, lejos de imaginarse convertida en Reina Mayor de las Fiestas de Santa Pola, pensaba ya en cuál de sus compañeras sería la elegida para correr a abrazarla. Entonces escuchó su propio nombre.
No hubo un pensamiento inmediato ni una frase preparada. Hubo, sencillamente, desconcierto. «Me quedé completamente en shock. No me lo esperaba para nada», recuerda ahora.
El público que llenó el Auditorio El Palmeral había decidido mediante votación popular que Helena se convirtiera en la Reina Mayor de las Fiestas 2026 y que durante el próximo año representara a Santa Pola. Junto a ella estarán Reyes Giménez Cascales, Estefanía Martínez Navarro, Eva María Pomares Palao y Fabiola Sempere Martínez como Damas de Honor.
Cinco jóvenes que llegaron a aquella noche como candidatas y que salieron de ella formando una misma Corte de Honor.

Un nombre que Helena no esperaba escuchar
La propia Helena reconoce que le resulta difícil reconstruir los segundos exactos posteriores al anuncio.
No se había imaginado seriamente en aquella situación y, mientras se acercaba el momento decisivo, estaba más pendiente de averiguar cuál de sus compañeras sería elegida que de contemplar la posibilidad de que el nombre del sobre fuese el suyo.
Cuando finalmente le colocaron la banda y el pañuelo, el impacto comenzó a transformarse en felicidad.
Y entonces sí aparecieron los primeros pensamientos: las fiestas que tenía por delante, todo lo que iba a suceder durante el año y, principalmente, el agradecimiento hacia quienes la habían votado.
Entre la multitud buscó dos rostros. El primero fue el de su abuela, una de las pocas personas a las que conseguía distinguir claramente desde el escenario. Le hizo un corazón con las manos. Después localizó a Carmen Fulleda, ayudada por el globo con el número dos que llevaba, y repitió el gesto.
«Un orgullo muy grande como santapolera»
Pasado aquel primer bloqueo, Helena comienza a ser consciente de lo que supone el cargo.
La banda significa para ella un «orgullo muy grande» como santapolera, aunque desde el principio habla del año que comienza en plural. No se refiere solo a lo que ella vaya a vivir como Reina, sino a lo que las cinco afrontarán juntas. «Tanto yo como mis compañeras lo vamos a llevar con muchas ganas y con mucha ilusión», asegura.
Aquella noche había comenzado, para todas, con bastantes más nervios que tranquilidad.
Helena recuerda la primera salida al escenario como la frontera entre ambas sensaciones. Hasta ese momento dominaba la tensión, una vez frente al público, comenzaron a disfrutar. Y también hubo margen para equivocarse. En su primera aparición con el traje de gala debía salir por una determinada zona, pero terminó tomando el camino equivocado. En lugar de ir por detrás, salió por delante. Hoy lo recuerda como una de las anécdotas más divertidas de una noche que había acumulado demasiada tensión para no agradecer también algún pequeño despiste.
La sorpresa llegó un día antes
La gala, en realidad, había comenzado emocionalmente mucho antes de que se levantara el telón.
El día anterior, familiares y amigas de Helena aparecieron por sorpresa en su casa con un ramo, un regalo y una imagen gigante de ella. Querían desearle suerte.
Ese gesto se ha convertido en uno de los recuerdos que conserva con mayor cariño de los preparativos.
Lo curioso es que ni siquiera aquella demostración de apoyo consiguió hacerle imaginar seriamente lo que ocurriría al día siguiente.
Por eso, cuando se le pregunta si el momento se parece a aquello que había soñado, la respuesta vuelve al mismo punto, no había llegado a soñarlo. Y quizá precisamente por eso asegura que lo que está viviendo está superando sus expectativas.
Cinco candidatas que acabaron haciendo piña
Si hay una idea que aparece una y otra vez al escuchar por separado a Helena, Reyes, Estefanía, Eva María y Fabiola es la relación que se ha creado entre ellas.
Helena asegura que desde el primer momento comenzaron a estrechar vínculos y que, después de la elección, lejos de aparecer distancias entre Reina y Damas, la relación se hizo todavía mayor.
Uno de los momentos que más la emocionó llegó a la mañana siguiente. Al despertar encontró los mensajes de sus compañeras felicitándola, diciéndole cuánto la querían y lo contentas que estaban por ella. Ese detalle parece pequeño frente a la espectacularidad de una gala, pero explica buena parte de la actitud con la que las cinco afrontan ahora el año. No hablan de una Reina por un lado y cuatro Damas por otro. Hablan de ellas.
Reyes Giménez: regresar a un sueño de infancia
Para Reyes Giménez Cascales, el sábado fue una de esas noches que sabe que permanecerán durante muchos años en la memoria.
Los nervios estuvieron «a flor de piel», pero convivieron con la emoción y con una sensación colectiva de orgullo al comprobar cómo habían afrontado todas la gala.
Más allá del resultado, Reyes insiste en que terminaron satisfechas de sí mismas y también de sus compañeras. «Fue una noche que nunca olvidaremos», resume.
La gala tuvo además un enemigo compartido por todas, el calor.
Reyes lo recuerda especialmente durante la interpretación del himno. Era un momento solemne y emocionante, pero al mismo tiempo sentía cómo el sudor le recorría el cuerpo.
Los nervios también dejaron escenas mucho más divertidas en los camerinos. Cada candidata repasaba mentalmente su intervención y no era extraño encontrarse a alguna apartada del resto, aparentemente hablando sola frente a una pared mientras memorizaba su respuesta.
Para Reyes, sin embargo, formar parte de la Corte de Honor va mucho más allá de aquella noche.
Es la recuperación de un deseo que arrastra desde pequeña. Había desempeñado un cargo años atrás y, desde que terminó aquella etapa, siempre había deseado regresar.
Ahora puede hacerlo. «Para mí formar parte de la Corte de Honor es un sueño que estoy cumpliendo», explica.
Si tiene que quedarse con algo del proceso previo, no escoge los vestidos ni el escenario. Escoge el apoyo. Su familia, sus amigos, las pancartas y los globos con el número uno fueron la confirmación de que, independientemente de lo que ocurriera en la votación, aquella experiencia ya había merecido la pena.
Y cuando habla de Helena lo hace con una naturalidad que desactiva cualquier idea de rivalidad, la llama cariñosamente «mi chica guapa» y celebra que sea ella la Reina.
Estefanía Martínez: «Es una noche que se va a quedar para siempre»
También Estefanía Martínez Navarro habla de una mezcla difícil de separar entre nervios, emoción e ilusión. Su conclusión es sencilla, había que disfrutar. Porque, fuese cual fuese el resultado, sabía que aquella noche acabaría formando parte para siempre de la memoria personal de cada una de ellas y de la historia que ya estaban construyendo juntas.
Sus anécdotas reflejan bien la parte que el público normalmente no ve. Uno de los momentos más tensos fue el cambio de vestuario. Había que abandonar el traje de gala, ponerse rápidamente el regional, recomponer peinados y accesorios y regresar a escena.
En su caso, unos pendientes nuevos decidieron ponerle las cosas todavía más difíciles, no conseguía abrirlos con la rapidez necesaria. Pequeños problemas que en cualquier otro momento resultarían insignificantes, pero que, con un escenario esperando al otro lado, parecían enormes.
La expectación comenzó con las entradas
Estefanía recuerda además un momento anterior que les permitió entender hasta qué punto había expectación por la gala.
El día de reparto de entradas estaba previsto comenzar a las cinco de la tarde. Sin embargo, a la una del mediodía ya había personas haciendo cola.
Ella había salido a comer con sus amigos y al regresar se encontró una concentración de gente mucho mayor de la que esperaba.
Aquella imagen les hizo sentir con especial intensidad que había un pueblo pendiente de ellas.
También ella insiste en que la cohesión entre las cinco apareció desde el principio. Crearon un grupo, comenzaron a hablar de todo y no han tenido problemas entre ellas. Ahora las Damas se muestran orgullosas de acompañar a Helena durante su reinado.
Para Estefanía, representar a Santa Pola es precisamente una de las responsabilidades más bonitas del cargo. Ya comienzan a recibir fechas de actos y visitas y espera poder lucir el traje y explicar fuera del municipio cuánto quieren a su pueblo.
Un mensaje a quienes todavía dudan
Cuando Estefanía piensa en otras jóvenes de Santa Pola que contemplan desde fuera la Corte de Honor, su consejo es directo. Que se presenten. Que no le den demasiadas vueltas. Que no permitan que los nervios o las dudas les impidan intentar vivir algo que ella ya califica de inolvidable. «Que no lo piensen dos veces», anima.
Eva María Pomares, el vestido elegido a la primera
Eva María Pomares Palao esperaba ponerse mucho más nerviosa.
Cuando subió al escenario y localizó a su familia y a sus amigos animándola desde el público comenzó a relajarse. Verlos gesticular y apoyarla desde fuera le resultaba incluso divertido y terminó disfrutando mucho más de la gala de lo que inicialmente había imaginado.
Eso sí, el calor tampoco le dio tregua. Su descripción es menos diplomática que la de sus compañeras. Recuerda que estaban sudando muchísimo y que llegó un momento en el que apenas podían soportarlo.
Pero su principal contratiempo ocurrió antes de llegar al escenario.
Había ido a la peluquería para prepararse el peinado. Poco después, las ondas comenzaron a desaparecer. La solución acabó siendo familiar. Tuvo que llamar a su tía Marí para que acudiera a casa y reconstruyera el peinado.
Un sueño que siempre había estado ahí
Eva María siente que pertenecer a la Corte significa muchísimo. «Para mí esto es un sueño, siempre lo ha sido», reconoce.
Entre todos los momentos previos hay uno aparentemente sencillo que recuerda con especial claridad, la elección de su vestido de gala. Se probó muchos. Y terminó escogiendo el primero. Después de todas las opciones, volvió exactamente al punto de partida porque era con aquel primer vestido con el que se veía especialmente guapa y feliz.
Sobre sus compañeras vuelve a aparecer la misma palabra que recorre toda la entrevista: piña. Algunas ya se conocían, otras no tanto, pero considera que se ha formado un grupo de cinco amigas con muchas similitudes y con la intención de exprimir al máximo un año que todos les advierten que pasará demasiado deprisa.
Fabiola Sempere: de no querer salir al escenario a no querer bajarse
Fabiola Sempere Martínez quizá sea quien mejor resume la transformación de los nervios durante la gala. Los primeros días estaba, según sus propias palabras, «atacadísima». La tensión continuó al llegar a El Palmeral. En el camerino las cinco seguían tremendamente nerviosas. Entonces llegó al escenario y sucedió lo inesperado. «Luego salimos y no nos queríamos bajar de él», recuerda. Todo pasó demasiado deprisa.
Meses pensando en maquillaje, peluquería y, especialmente, en los vestidos. Una preparación intensa para una noche que apenas duraría unas horas.
El vestido junto a su madre y su abuela
Fabiola llevaba mucho tiempo esperando poder vivir algo así. De pequeña siempre quiso formar parte de este mundo festero y hoy define su incorporación a la Corte de Honor como un «orgullo inmenso». Le emociona haber llegado finalmente hasta aquí y, especialmente, poder compartirlo con sus compañeras.
Cuando busca un instante concreto en todo el proceso, aparece nuevamente la familia. Recuerda el día en que fue a escoger el vestido acompañada por su madre y su abuela. Para otra persona podría haber sido únicamente una compra. Para ella era materializar algo que llevaba esperando desde hacía años.
Ahora quiere vivir cada acto al máximo y está convencida de que el grupo que han formado hará que la experiencia sea todavía más especial.
Y también deja un mensaje para aquellas jóvenes que alguna vez se presentaron y no fueron escogidas. Que vuelvan a intentarlo. Que no pierdan la ilusión. Su propia experiencia le sirve como argumento, nunca había desempeñado el cargo cuando era pequeña, se presentó ahora y fue elegida.
Una Reina, cuatro Damas y una amistad que no estaba en las bases
Las cinco hablan de vestidos, de nervios, de calor, de familias, de preparativos y del momento de pisar el escenario. Pero cuando las entrevistas avanzan aparece una coincidencia mucho más significativa. Todas hablan de las demás.
Helena recuerda el mensaje recibido de sus compañeras a la mañana siguiente de su elección. Reyes habla de una amistad que considera ya formada. Estefanía destaca que desde la primera entrevista comenzaron a estar unidas. Eva María dice que han hecho «muchísima piña». Fabiola define directamente al grupo como increíble.
Helena: «Está superando mis expectativas»
La nueva Reina comienza ahora a descubrir las consecuencias cotidianas de aquel nombre pronunciado en El Palmeral.
La felicitan por la calle. Le llegan mensajes por redes sociales. Personas conocidas y desconocidas se acercan para decirle que se lo merece. Todavía está aterrizando.
Pero algo tiene claro, quiere disfrutar el año con sus compañeras y afrontar con ilusión cada acto que venga.
Cuando se le pide que invite a vecinos y visitantes a participar en las próximas Fiestas Patronales, abandona cualquier solemnidad y habla como una joven que está deseando que llegue septiembre:
«Os invito a todos a que vengáis a vivir las fiestas de Santa Pola con nosotras, que son las mejores y lo vais a pasar súper bien».
Después añade algo mucho más personal. Da las gracias. A quienes la votaron, a quienes la han felicitado y a quienes la acompañan desde aquel sábado.
«Os quiero mucho a todos y estoy muy agradecida por elegirme a mí como reina».
Hace apenas unos días, mientras la alcaldesa sostenía el sobre, Helena pensaba en el nombre de otra persona. Hoy lleva la banda de Reina Mayor.
A su lado están Reyes, Estefanía, Eva María y Fabiola. Queda prácticamente todo por vivir: las primeras fiestas con sus nuevos cargos, los actos oficiales, los viajes, las fotografías, los nervios que volverán en determinados momentos y muchas escenas que todavía ninguna de ellas puede imaginar. La elección ya terminó,
ahora empieza la historia que realmente recordarán.








