La primera mujer en encarnar el papel de paladín afronta su segundo año con la intención de dejar un legado aún más sólido en las fiestas de Moros y Cristianos
DAVID P.N. | 29/5/2025
En 2024, Judit Valero rompió un techo de cristal festero al convertirse en la primera mujer en interpretar el papel de paladín en las Fiestas de Moros y Cristianos de Santa Pola. Este 2025 repite en el cargo, con mayor seguridad y la determinación de dejar una huella aún más profunda.
Para Judit, aquella primera experiencia fue inolvidable. Asumir un rol tradicionalmente reservado a los hombres, no sólo a nivel local, sino incluso a nivel nacional, fue un reto que aceptó con orgullo y responsabilidad. Su objetivo no era sólo estar a la altura, sino dejar el listón alto para quienes vinieran después. Afirmó que vivir aquel momento fue “único”, cargado de ilusión y de una profunda conciencia del paso que estaba dando dentro del mundo festero.
En este segundo año, asegura que afronta el papel con mayor tranquilidad, pero no por ello con menos exigencia. Al contrario: explicó que si en 2024 todo salió bien, ahora su intención es mejorar aún más, introducir nuevas acciones y dar una vuelta de tuerca a la representación. Aunque algunos detalles los guarda en secreto, adelantó que habrá sorpresas en la puesta en escena.
Valero considera que su papel ha sido un referente para muchas mujeres, y especialmente para niñas. Expresó con emoción que algunas le han confesado su deseo de ser como ella en el futuro, lo cual le hace sentir que el esfuerzo ha valido la pena. Reconoció también que hubo personas que inicialmente se mostraron reacias a que una mujer interpretara al paladín, pero que tras verla en acción cambiaron de opinión, incluso felicitándola por la calidad y la emoción del acto.
Esta experiencia, explicó, ha abierto puertas. Cree que Santa Pola ha dado un paso adelante al permitir que las mujeres asuman cargos festeros de alta visibilidad, como el suyo o el de embajadora mora. Expresó su esperanza de que lo vivido en el municipio sirva de ejemplo en otros lugares donde aún persisten reticencias. De hecho, recordó que tanto el papel de paladín como el de embajador en la Asociación de Moros y Cristianos de Santa Pola se ejercen por un periodo de dos años, por lo que esta continuidad refuerza la consolidación de la figura femenina en estos roles.
Cuando se le preguntó qué parte del papel le emociona más, Judit no dudó: el momento de la lucha en el castillo, la reconquista. Subir al escenario, ver al bando cristiano animándola y finalmente, cuando logra “derrotar al moro” y todo el público celebra la victoria, es, según ella, una experiencia que eriza la piel.
Su preparación, comentó, requiere tanto esfuerzo físico como emocional. En el plano físico, intenta mantenerse en forma y evitar lesiones, ya que cualquier problema muscular o articular podría afectar a su actuación. De hecho, compartió que por sus aficiones deportivas suele sufrir dolencias en las rodillas, lo que llevó a su entorno más cercano a “atarla en corto” en los meses previos a la fiesta para evitar imprevistos.
En el ámbito emocional, se prepara con la misma fuerza y valentía que en su primer año. Reconoce que la presión y la responsabilidad no desaparecen, pero la experiencia le permite afrontarlas con otra perspectiva.
Entre sus deseos personales, destacó el de animar a las nuevas generaciones, especialmente a las niñas, a que se atrevan a soñar con representar papeles protagonistas en las fiestas. Aseguró que ella misma fue una niña que soñó con ser paladín, y que tras años de insistencia lo consiguió. Por eso, aconseja que nunca abandonen sus aspiraciones, que insistan y persistan, porque con esfuerzo y fe los sueños se alcanzan.
Judit también quiso aprovechar para poner en valor el escenario único en el que se desarrollan las embajadas y la reconquista en Santa Pola. Recordó que no todos los municipios cuentan con un castillo real como marco para estas representaciones, lo que convierte a la localidad en un enclave privilegiado. Por eso, animó tanto a los vecinos como a los visitantes a disfrutar de todos los actos festeros, desde los desfiles hasta las embajadas, subrayando el valor cultural y visual que ofrecen.
Al preguntarle cómo le gustaría ser recordada dentro de unos años, respondió que espera que se hable de ella con orgullo, como la primera mujer que se atrevió a romper una tradición y que lo hizo con altura. Quiere ser ejemplo e inspiración, dejando un legado sólido para las futuras generaciones.
También admitió que, pese al reconocimiento, no todo fue fácil. Reconoció que en el camino encontró ciertas trabas, ya que no todo el mundo estaba convencido de que una mujer pudiera encarnar el papel de paladín. Sin embargo, la experiencia demostró que no sólo era posible, sino que podía hacerse con fuerza, carisma y entrega.
Definió su vivencia como “única”, señalando que aunque pueda repetir el cargo más veces, nunca será igual que aquella primera vez de 2024, cuando todo era nuevo y cada paso suponía abrir camino.
Como anécdota personal, contó entre risas cómo tuvo que restringir algunas de sus actividades deportivas en los meses previos a las fiestas. Por sus problemas de rodilla, su entorno la controló de cerca para que no sufriera ninguna lesión que pusiera en peligro su participación como paladín.
Judit Valero ha demostrado que los límites están para superarse. Con su valentía y compromiso, ha escrito un capítulo nuevo en la historia festera de Santa Pola. Y lo ha hecho dejando claro que los sueños, cuando se persiguen con firmeza, pueden cambiar tradiciones, inspirar a nuevas generaciones y dejar huella en todo un pueblo.







