En el mundo de los insectos es conocida la tenaz y ardua labor de la abeja obrera, que se dedica a construir con ahínco y eficacia las colmenas. En el de los humanos, que una mujer trabaje como albañila no es tan común. En Santa Pola reside una mujer de origen ucraniano que, desde hace un tiempo trabaja en la construcción: Lucía Svetlana.
Y no es que Svetlana sintiese, de repente, la vocación de convertirse en albañila, sino que fue una decisión que adoptó, más que nada, para conciliar su vida profesional y familiar. “Yo en Ucrania trabajaba como peluquera y mi marido era camionero, pero como siempre estaba viajando no podíamos hacer vida familiar, así que vinimos a España y él empezó a trabajar en la construcción y yo también”, comenta la albañila santapolera.
Lucía Svetlana y su marido empezaron en este oficio en la época “boyante de la construcción. Ahora trabajano los dos en la misma empresa: Nueva Arquitectura Frajeiro, que ha acogido a ambos sin problemas.
Svetlana aún no es oficial, y trabaja como peón y realiza sin problemas trabajos como preparar las mezclas de cemento, descargar material o incluso picar y derruir muros. “Yo presto atención y aprendo rápidamente todo lo que me mandan y procuro hacerlo bien, igual que cualquier compañero”, comenta. De hecho, todos sus compañeros de trabajo señalan que no tienen ningún problema en trabajar junto a una mujer en un sector que, tradicionalmente, se ha considerado, “de hombres”.
Así pues, Lucía Svetlana está contenta de haber cambiado la peluquería por el andamio y anima a cualquier mujer a seguir sus pasos porque, si se lo propone, puede trabajar en la construcción, como lo hace ella.







