HOMENAJE A LAS GENTES DE LA MAR
 

Adela y Francisco, dos personas marcadas en su vida por La Mar

 
Viernes 21 de julio de 2017 0 comentarios
 

Adela (Paquita) Verdú Luchoro y Francisco Ripoll Llorca fueron las dos personas a las que la Unió de Festers, en colaboración con la Cofradía de Pescadores y el Ayuntamiento, rindieron tributo en el Homenajes a las Gentes de la Mar (incluido dentro de los actos en Honor a la Virgen del Carmen). Finalmente no fue Paquita, sino maruja, su hermana, quien acompañó en el escenario, porque su marido estaba hospitalizado.

Adela Verdú Luchoro nació en Santa Pola, en la calle Alicante, el 7 de mayo de 1942. Tiene 75 años y todo el mundo la llama Paquita porque su padre, Francisco Verdú Rodríguez, el “Galindo”, quería ponerle el nombre de su propia madre, la abuela paterna. Pero su madre, Francisca Luchoro Manzanaro, era muy decidida y, cuando su marido se fue al mar a trabajar, la registró como Adela, que era el nombre de su propia madre, la abuela materna.

Paquita fue creciendo rodeada de mujeres. Es la segunda de cinco hermanas: Lolita, ella, Maruja, Nati y Susi. Su hermana Maruja cantaba muy bien y les alegraba la casa. Su hermana Nati era pacífica y muy buena, y su hermanita Susi es la que cuidaban con cariño por ser la más pequeña. Era muy traviesa.

Cuando ella cumplió once años, se mudaron a la calle Rafael Carteta, en las Casas Baratas.

En cuanto a la educación recibida, fue a los párvulos de la tía Cuela. Después, no tuvo la suerte de ir mucho tiempo a aprender, aunque le hubiera gustado. Fue una temporada al Colegio público, frente al Mercado de Abastos y al Virgen de Loreto, pero muy poco, y tuvo que ir enseñándose ella sola, con mucho esfuerzo.
No hizo la Primera Comunión, porque a la edad en que sus amigas la hacían ella estaba trabajando y se sentía más mujer que niña. Desgraciadamente, sus recuerdos de la infancia son “trabajar, trabajar y trabajar...”.

Desde muy pequeña cuidaba niños. La envolvían en un chal negro, que lo sujetaba bien, y Paquita les hacía carantoñas para que no llorara, y para que la madre estuviera contenta.

En su casa, hacían red las hermanas y la madre. Fueron a los almacenes de redes de Marcos, de Cayuelas y de Carmen. Ella desde muy pequeña sabía hacer de molde plano y de molde redondo.

Se sintió muy orgullosa de colaborar en la casa, y nunca supo cuánto ganaba porque eso no era cuestión de ella, sino de su madre. Su madre, la tía Paca Luchoro Manzanaro, de ascendencia tabarquina, matriarca luchadora, trabajaba mucho para sacarlas a todas adelante.

Paquita, cuando era adolescente, vendía pan en verano por las barracas del saladar, que plantaba la gente de Elche. Los inviernos, mientras hacía red con sus hermanas hasta las tantas de la noche, y los novios les enhebraban las agujas, se dedicaba a escuchar en la radio canciones de copla y novelas de llorar.

Conoció a su marido a muy temprana edad y bien pronto supo que era el amor de su vida. Él es José Ruiz Pérez, el “Panaero”. Fueron novios siete años, hasta que se casaron el año 1967, el 28 de junio. Este mes de julio han celebrado el Cincuenta Aniversario, y fueron los padrinos sus dos nietos mayores.

Al casarse fueron a vivir a la calle de la Cruz, donde residen ahora, y allí ha pasado los mejores años de su vida. Ha tenido tres hijos: María Luisa, Pepe y Paqui, y ocho nietos: Antonio, Irene, Sergio, María, Denise, Samantha, Eiden y Sandra. Hace muy poco ha experimentado la alegría de un biznieto que se llama Jesús.

En 1979 hicieron la botadura de su embarcación, cuyo nombre, en honor a los padres de su marido, fue “Luisa y José”. Hoy día aún sigue navegando.

El año 2000 fue un año muy bueno porque Pepe y ella hicieron muchos viajes. Se recorrieron media España: Galicia, Asturias, Tenerife ... Y también visitaron Roma. Otra de las cosas que le han hecho sentir feliz ha sido ir a bailar. Su marido y ella eran unos expertos, y nunca se cansaban, podían pasar las horas y allí estaban.


Francisco Félix Ripoll
Por otro lado, Francisco Félix Ripoll Llorca, Pepe, nació en Santa Pola, el día 21 de mayo de 1950, en la calle Rafael Carteta de las Casas Baratas. Tiene 67 años.

Sus padres eran María Magdalena Llorca Sempere y José Enrique Ripoll Leonís, más conocido por Pepe “Pitoll”. Tuvieron tres hijas y un hijo. Él fue el tercero de los cuatro. El año 1950, en que Paco nació, Santa Pola tenía 5.872 habitantes censados. Era un pueblo dedicado a la pesca, apacible, de gentes sencillas y amantes de la tranquilidad.

Cuando él tan sólo tenía un añito se trasladaron a vivir a Casablanca, al oeste de Marruecos. Se marcharon su madre, sus hermanas Nicol y Rita, y él; en el tren, a encontrarse con su padre que trabajaba allí y que tenía la casa preparada para instalarse cuando llegaran. Se adaptaron a la nueva situación. Después nació su hermana Magdalena.

Vivían en la Avenida Europa de Casablanca, y disfrutó seis años de una bonita infancia, junto a la colonia española, entre morería y franceses (Casablanca fue un protectorado hasta 1956).

Fue a un colegio francés de monjas, y tuvo que relacionarse con sus compañeros en esa lengua vecina y aprenderla obligatoriamente. Aunque no le costó mucho. En su casa, sus hermanas y él hablaban francés, pero su madre no lo aprendió. Estuvo muy feliz en Casablanca y recuerda con agrado muchas cosas de la niñez.

Cuando Paco tenía siete años decidieron regresar al pueblo, pero antes de volver se casó su hermana Nicol con Pepe el “Petenero”, un joven de familia de aquí que también vivía en Casablanca.

Al llegar a Santa Pola, se fueron a vivir a la casa de su abuela Rita, en la calle Calvario. Se juntaron tres familias, porque allí también vivían sus tíos Batiste y Adela con sus siete hijos. Todos aceptaron convivir hasta que les terminaran de hacer la casa de la calle Calamar, casi dos años después.

Paco recuerda con alegría aquella época, cuando se iba a jugar con su primo Carrasco, que hacía de intérprete. Porque, recién llegado, no sabía hablar ni castellano ni valenciano. Le sacaron el mote de “el Franchutis” y tuvo que aguantar todas las travesuras de su primo, hasta que aprendió el valenciano en casa y en la calle. El castellano, en la escuela, costándole un poquito.

Una vez estuvieron en Santa Pola, su madre lo llevó al colegio de José Garnero. Cuando Paco tenía once años salió del colegio para irse a trabajar de albañil con Moraleda. Estaba muy contento. Ganaba cien pesetas a la semana y se encontraba feliz en aquella época. Al cumplir los quince se fue al mar con su padre, que era motorista, y lo llevó a Canarias de engrasador en el “Salgar”. A lo largo de los años también fue en otros muchos barcos.

A los dieciocho años conoció a su mujer, Paqui la Sentanera, pero no se hicieron novios hasta dos años después. Se casó en noviembre del 72, a los 22 años y tuvieron cuatro hijos: José Enrique, Malen, Fran y Lorena.
Estando en Canarias, embarcado en la “Cayuelas y Fuentes”, nació su hijo mayor y murió su padre; pero él no vino a Santa Pola hasta agosto.
Así era el día a día de los marineros: ausentes en los acontecimientos más importantes de sus vidas porque estaban faenando en alta mar y no era posible trasladarse.

Estudiando por la noche, después de trabajar, se sacó el título de Mecánico Naval en Alicante, gracias a Ignacio Soler que se lo aconsejó. Siempre le estará agradecido por este consejo.

¡Y otra vez a Canarias! Se embarcó en el “Playa Lisa” y cierta mañana, a la altura de Peña Grande, un gran temporal de Norte hizo que el barco se fuera a pique muy poco a poco. Toda la tripulación, en un momento dado, esperaba a ser rescatada en las balsas, pero el mandante y los motoristas (uno de los cuales era él) permanecieron a bordo hasta el final. Vino a salvarles un barco gallego que llevó a los marineros a Las Palmas, donde consiguió enrolarse en el “Vicentet el Primo”. Después ya se despidió de Canarias cuando iba embarcado en la “Paqui Asun”, porque en 1992, con cuarenta y dos años, se quedó, de motorista, en la badía, en el barco “José y Josefina”.

Ha trabajado en la pesca de arrastre y en la de las nasas. Conoce decenas de puertos, desde Gandía hasta Huelva; desde Mallorca hasta Tenerife, sin olvidar Tánger o Villa Cisneros.

En las fiestas de la Virgen del Carmen ha llevado la imagen en procesión, como costalero, y le encantan todas las actividades que se realizan alrededor del día 16 de julio. En las fiestas de Semana Santa ha sido, asimismo, costalero de la Dolorosa, como sus hijos que también lo eran: toda la familia ha participado en la Dolorosa.

En cuanto a las fiestas Patronales, lo que más le gusta son los desfiles del Día 3 y del Día 6, la Ofrenda, la “mascletà” y los fuegos artificiales. Pero sobre todo, el ocho de septiembre, el día de la Virgen, de la cual también ha sido costalero. Su mujer y él han participado en la Comparsa de los Pescadores y fueron Pescadores de Honor en el año 2008.

Paco es un hombre tranquilo y afable, que recuerda su vida en el mar con nostalgia. Personas como él, que luchan día a día por superar los avatares de la vida, merecen ser reconocidas por su pueblo.

 

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