ELECCIONES GENERALES 2015 (CRÓNICA)
 

Ya nadie sale a los balcones de la villa marinera

 
Jueves 24 de diciembre de 2015 0 comentarios
 

¿Alguien se acuerda de cuando las elecciones las ganaban todos? Esta frase algo críptica puede llegar a ser profética en un futuro no muy lejano. O en un presente muy real. Pasadas las 22.30 horas del domingo, toda vez conocidos los resultados al 50% del escrutinio, era obligado el inicio de la tournée entre las sedes de los distintos partidos que concurrían a las urnas.

Estábamos ante las que eran vaticinadas por muchos las elecciones más decisivas de nuestra historia, al menos desde diciembre de 1978 (de eso hace ya 37 largos años), por lo que era de prever un ambiente de lo más efervescente. Sin embargo, y todo da pistas, en la televisión enseñaban los exteriores de Génova, Ferraz y la sede de la fiesta Ciudadanos en la capital del Reino como un yermo erial de afiliados y simpatizantes (en el caso de C’s puede ser por el precio de las copas, 12 euros, lo cual tira para atrás al centrista más recalcitrante). Sólo la Plaza del Reina Sofía (por cierto, también con un bar a precios estratosféricos... el del museo, no el de la plaza) se mantenía incólume al desánimo, con la marea morada dejándose caer sin prisa, pero sin calma.

La sede socialista santapolera acogía a Yolanda Seva, la alcaldesa, acompañada de algunos familiares, varios simpatizantes y una ferviente militante que lucía con orgullo la camiseta de la agrupación almanseña del puño y la rosa (junto a la que se podía evocar con gusto a históricos dirigentes del PSOE de la provincia de Albacete).

Mientras se ponía en el pedestal de la memoria momentos y lugares, Seva y el resto de las escasas nueve personas que estaban en la sede, miraban compungidos la televisión. Daban ochenta diputados. Segunda fuerza, pero ochenta diputados, a escasos diez de Podemos. Poco a poco ascienden los números: 92, 91, quedándose fijos en 90. Segunda fuerza, sí, pero no había una sede de bote en bote celebrando la caída de un PP o de un Ciudadanos al que le ha faltado decir aquello de "¡Por Dios! ¡Trata de arrancarlo, Carlos!" a escasos metros de la meta. Silencio, prudencia y agua mineral. "Aún están contando los votos del Senado, que eso lleva tiempo", decía la presidenta de la Corporación, "según vayan terminando ya llegarán a la sede".

Aprovechando que el Pisuerga (que es un río largo) pasa por Valladolid (donde hace un frío laaargo), nos acercamos a hacer unas fotos al recuento senatorial en La Senia (más laaaargo todavía). En el interludio, la sede de Unidad Popular- Esquerra Unida- se veía desierta a través de las empañadas ventanillas del coche. Tras las instantáneas, caminito de la calle Santa Isabel, donde en escasos cien metros confluían tres sedes: Compromís, PP y Ciudadanos. Los cristales de Compromís aparecen iluminados, pero nadie celebra a sus puertas con cava y dolçainer que son segunda fuerza en la Comunidad Valenciana. Pasamos de largo. De momento.

Con proa firme nos dirigimos a la sede del PP. Han ganado las elecciones. Vale que no han barrido, pero han ganado, por lo que el festival está asegurado. A escasos metros, la sede de C’s está apagada. ¿Estarán todos recontando? Ya se les verá (adelanto, no se les vio). La subida a las escaleras populares no está jalonada por vítores, vivas o albricias. La presidenta, Encarnación Mendiola, acompañada de Miguel Zaragoza, el secretario y algunos simpatizantes miran consternados la pantalla. El ambiente, si no ciclotímico, era de rumbo cambiante. Son conscientes de la victoria, saben de ella, pero, nuevamente, expresan prudencia. De momento, no hay foto. Vuelta a Compromís, en busca del jaleo.

Esperanzados, rebobinamos acera (¿y Ciudadanos? Pues no hay nadie). Compromís y Podemos compartían centro logístico el domingo. Segmento joven de votante, dos partidos emergentes, primera fuerza de la izquierda a nivel local y autonómico... el fiestón. Abrimos la puerta escoltados por el ambiente festivo que reinaba en el castillo del Jovencito Frankenstein, dando ganas de decir bajito "frau Fluger" para que un relincho equino pusiera una nota tónica.

Subimos las escaleras con la esperanza de que estén todos apiñados, escondidos, parapetados tras la gran mesa que preside el piso de arriba (nota, en casi todas las sedes de los partidos de Santa Pola hay que subir escaleras) y digan, cual cuadragésimo cumpleaños sorpresa: "¡hemos reventado las urnas!", al tiempo que cae el confeti, los corchos perforan el techo y los cuerpos se funden en abrazos de gozo. Pues eso, que el gozo se queda en suspiro al toparse, cual aldea gala, con tres aguerridos (y majísimos) intergeneracionales afiliados que flanquean un ordenador donde apuntan los datos que les llegan de interventores y apoderados. ¿Y la fiesta? "Bueno, la gente está muy cansada. Ha sido un día muy largo".

Vistas las cosas, lo mejor es comenzar a recopilar información y hacer cábalas numéricas de quién gobernará con quién (gracias Ramón Gandolfo por los datos de los colegios). Pasa el tiempo. Mientras tanto, apoderados y afiliados de uno y otro punto de la candidatura de confluencia se han congregado. Alguien, misteriosa y agradecidamente, pone una litrona en la mesa y se reparte lúpulo fermentado.

Con el ambiente más relajado y el escrutinio al 99% comienzan a dar declaraciones en las que prima la incomprensión. Incomprensión porque no se explican cómo más de un cuarenta por ciento del electorado ha votado a formaciones de corte tradicional con miembros, o ex miembros, que presuntamente han metido la mano donde no debían. Otros, derrotados por el cansancio, pero con espíritu de victoria, auguran que se ha puesto fin a una etapa, que llega el tiempo del diálogo y, aquí la frase más bonita de la noche: "se ha pasado de un Congreso gris a un paleta multicolor donde habrá que ponerse de acuerdo".

Cierre de libreta y regreso a la sede del PP, donde sigue Encarnación Mendiola, su presidenta, al pie del cañón. Ha sido muy concurrida la intervención de Soraya y se ha escuchado a Rajoy. Previamente, han mirado de hito en hito una indescifrable plática de Pablo Iglesias (mal audio, que no el contenido) y se han preguntado a dónde conducirá una Cámara Baja tan sumamente fragmentada. Mendiola dice alto y claro que sí, que las elecciones las han ganado ellos y que es momento de la política con mayúsculas, del talante.

De vuelta al coche, última mirada a los ausentes chicos de Ciudadanos (nota, estaban en otro lado celebrando) con la literaria intención de cerrar el círculo en la sede del PSOE. Más escaleras, tras dribling de retrovisores en esas anchas avenidas de la parte alta y un freno de mano que no engancha, para encontrar a Yolanda Seva, a punto de cerrar, junto a los últimos apoderados que han venido a dejar datos. Se muestran contentos, molidos, pero contentos, y esperanzados ante la posibilidad de un pacto, de una coalición de izquierdas que devuelva el color, la alegría, a una sociedad necesitada de inyección económica y, sobre todo, moral.

Peleándose con la cerradura, se cierra la persiana en las postrimerías de la Calle de la Cruz, mientras cabe evocar tiempos más sencillos, cuando todos los colores celebraban su victoria pese a mayorías absolutas del contrario. Ahora, que las urnas han salido regular para todos, nadie siente a las juventudes de los distintos partidos chapando bares o abriendo relaciones interconfesionales escondidos en oscuros rincones, donde silenciosos carteles electorales (a esas horas, pasados de moda) son solemnes testigos de su unión.

 

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