Todos los días le pregunta a su madre por qué no puede ir al colegio. Una niña santapolera está desde la semana pasada sin escolarizar ya que tiene unas necesidades especiales que no son cubiertas. “Tiene que beber agua, porque si no puede tener graves problemas y la tengo que llevar al hospital y, además, lleva un aparato en los dientes que hay que limpiárselo cada vez que ingiere algo”, comenta su madre, Nieves Herranz. La educadora que atendía a su hija y a los otro cuatro niños con necesidades educativas especiales que asisten al colegio Cervantes presentó su baja el pasado 20 de septiembre y la plaza aún no ha sido cubierta pese a los requerimientos que se han hecho desde la dirección del centro.
“Hablamos con los responsables de la Conselleria de Educación, el concejal de Educación y el alcalde tienen conocimiento del problema, y el problema con el que nos encontramos es que para contratar a un nuevo educador la Conselleria de Hacienda tiene que firmar la autorización a la Conselleria de Educación”, señala la directora del Cervantes, María del Mar Jiménez.
Los otros niños sí que están yendo a clase y los profesores los están atendiendo en la medida de sus posibilidades, pero Nieves no se atreve a llevarla por los problemas de salud que le pudiera ocasionar no disponer del educador que necesita.
En el colegio Virgen de Loreto también está sin cubrir la baja de una educadora de las dos que necesitan para atender a sus alumnos con necesidades educativas especiales desde principio de curso. Y el problema con los educadores es recurrente. “Desde hace seis cursos no pasa uno en el que no estemos al menos un mes sin educador y creo que nuestros hijos no se merecen esto”, indica Nieves Herranz.









