Muchos vecinos se acercaron para disfrutar de este ruidoso espectáculo en el que la pólvora, el humo y el color inundaron la Glorieta. Pero un pequeño susto llegó en forma de un petardo que cambió su rumbo y fue directo a donde estaban las reinas y la alcaldesa, cayendo a pocos centrímetros de sus pies y convirtiéndose en una anécdota más que contar de estas fiestas.
La Glorieta retumbaba y el estruendoso ruido, hacía disfrutar a los asistentes que pedían más. Una mascletá que dejo con un buen sabor de boca.









