RECONOCIMIENTO
 

Un trabajo que no tiene precio

 
Jueves 11 de octubre de 2012 0 comentarios
 

Esta es la única actividad en la que no hay crisis”, sentencia con una sonrisa Cristina Abal. Aunque de origen uruguayo, hace años que vive en Santa Pola, donde se siente muy bien acogida. Sus dos hijas ya trabajaban como voluntarias y un buen día decidió apuntarse ella también en la Oficina Municipal del Voluntariado. Y se toma su “trabajo” muy en serio. De hecho, todas las tardes, de 16:30 a 20:00 h acude a la ludoteca de Pablo Iglesias.
“Ser voluntario es una experiencia que todo el mundo debería pasar, los chavales han madurado mucho, han mejorado su vocabulario y su forma de relacionarse, hemos conseguido un lugar de convivencia y te hace mucho bien ir”, comenta. Aunque no saca dinero de todo esto, asegura que, “estoy tan vinculada que no te pesa ir cada tarde”.
El Periódico Santa Pola ha querido personificar en tres personas, seleccionadas por cada institución, el homenaje realizado al voluntariado de nuestra localidad.
Mari Carmen Ruiz colabora, durante todo el año, dos tardes por semana, en el taller de personas mayores en Cruz Roja. Empezó en esta labor hace 6 años, primero durante los fines de semana y, en cuanto se jubiló, también entre semana. Es de Castilla- La Mancha y siempre veraneaba aquí y ahora ya se ha instalado en Santa Pola. Imparte a sus “abuelitos” clases de pilates y gimnasia de mantenimiento. “Con esto gano mucho, solo doy lo poco que sé y cariño, pero ellos me lo devuelven multiplicado, se establece una muy buena relación afectiva y no hay dinero que pague lo que tu recibes”, comenta. Hay lista de espera para apuntarse a su taller y le gustaría tener unas instalaciones más amplias para poder acoger a más personas. En esto s momentos imparte clases a un total de 40 mayores, en dos grupos de 20. Considera su gimnasia como una “medicina preventiva” que ayuda a estas personas a no perder tensión muscular y, por ejemplo, a mantener su aparato respiratorio.
José Vicente Carretero lleva prácticamente toda su vida dedicado al voluntariado. En su Madrid natal, a la temprana edad de 15 años ya empezó a colaborar con Cruz Roja y, casi por casualidad “porque me tenía que desplazar más lejos para ir a Cruz Roja” –indica– se pasó a Protección Civil. Hizo los cursos de formación y a los 6 meses ya era jefe de equipo. Ya en Santa Pola, fundó la agrupación local de Protección Civil en el año 1999. “Lo llevo en la sangre y me gusta mucho ayudar a los demás, todos los voluntarios estamos al servicio del pueblo”, comenta. En Santa Pola hay 22 voluntarios, pero “harían falta más, hacemos campañas de captación y solo hay que comprometerse a realizar un mínimo de 72 horas al año”indica. Tienen una formación similar a la que reciben los bomberos o la policía en el IVASPE y colaboran en la extinción de incendios, en rescate, salvamento y en muchos servicios preventivos en los diversos actos que se realizan aquí y en otras localidades.

 

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