COFRADÍA DEL CRISTO YACENTE
 

Un largo procesionar se esconde detrás de cada pequeño paso de un Trono

 
Jueves 28 de marzo de 2013 0 comentarios
 

Ese lento procesionar comenzó en 1984, cuando un grupo de personas decidieron realzar la Semana Santa en Santa Pola, fomentando los llamados “capuchinos”. Hasta ese momento solo procesionaban: La Cruz del Sudario, El Nazareno, La Piedad, la Dolorosa y el Yacente, cuyas imágenes se encontraban en la Parroquia desde tiempo inmemorial, algunas de ellas donadas después de la Guerra Civil.
De estas imágenes se responsabilizaron ese grupo de personas, que junto con sus familiares y amigos fundaron las llamadas Cofradías con sus capuchinos.”, indica María Pomares Jiménez, “Maru”, Presidenta de la Cofradía del Cristo Yacente.
Maru comenta que “la historia de los Tronos y de las Cofradías de esta Villa”, está llena de anécdotas. Una de ellas fue cuando, en 1990, “sin pensarlo dos veces” propuso llevar el Cristo Yacente a hombros, (en los últimos años que se recordara, los tronos iban a ruedas). Ante tal sugerencia de “loca” la cogieron y de “loca” la dejaron. Al final, su insistencia hizo mella en los futuros costaleros y no solo puso el entusiasmo en ello, sino también en la construcción de un trono adecuado para ello.

Doce hombres con piedad

Ya tenían trono en construcción y un grupo de hombres dispuestos a “arrimar el hombro”. Espacio en los varales para 12 costaleros. Ella pensando en su cansancio, siguió animando a amigos, conocidos y no conocidos a que participaran. Su sorpresa fue que, cuando comentó a los primeros 12 hombres y al capataz, que tenía pensado buscar más hombres para hacer un grupo de relevo, uno dijo: “Yo no quiero relevo”, frase que cundió en todo el grupo. Otros llegaron a asegurar: “si tengo que hacer relevo, conmigo no cuentes”. Ese Viernes Santo, el 18 de abril de 1990, no se pudo procesionar por la lluvia. La procesión se celebró la tarde del Sábado Santo.
“Todos formales, con gran devoción e ilusión, con sus vestas a estrenar, su capa larga granate, sus capirotes altos y sus sandalias de esparto, todos allí: los Doce y el Capataz, recordaban a Jesús y a sus doce Discípulos, todos ellos y los de reserva junto al trono majestuoso que portaba la imagen del Cristo Yacente”. Salida triunfal al son de los tambores, empezaron a procesionar por las calles de Santa Pola, y poco a poco empezó el Calvario…para los costaleros, para los penitentes, y qué decir para ella.
Recuerda que, por la calle Elche, desde su fila de penitente, se volvió a mirar al Trono, y hoy lo recuerda como una imagen dantesca: “El trono apenas avanzaba, las capas iban replegadas en el brazo libre, los capirotes menos rectos, de cualquier modo, la mano libre aguantaba la tela del capirote para que los ojos no perdieran la visión, algunos hombros caídos porque ya no soportaban el peso, las zapatillas de esparto destrozadas por la humedad de las calles de la lluvia torrencial del día anterior, los costaleros de reserva, tocaron palo, ¡vaya si tocaron palo!, pero todos y cada uno de ellos, demostraron en ese caminar su fervor hacia la imagen que portaban. Iban todos destrozados”. Maru llegó a pensar: “Al paso que vamos, el Señor se levanta y los ayuda a llegar a la Iglesia”. Desde ese día ella siempre dice: “Reconozco que con mi idea y la poca previsión casi me los cargo”.
Unida a esta imagen, los comentarios: “El Señor resucitará y éstos todavía estarán por la calle”. (El sábado por la noche es la Misa de Resurrección). El 10 de marzo de 1994 se hizo un homenaje a estos primeros costaleros.

El coste de restaurar

Las restauraciones también han tenido su coste, no sólo económico, sino de disgustos. Nos comenta: “En 1997 encargamos una imagen del Ecce Homo, puesto que la que teníamos estaba muy deteriorada. Según se supo había procesionado por varios pueblos de la provincia. Ante ese reto, un cofrade amplió la escena y se ofreció a comprar una imagen que representara a Pilatos.
“Nuestro ánimo fue a más, encargamos un trono. Y nos seguimos arriesgando, pues al mismo “artesano” le encargamos también 200 imágenes en miniatura del Yacente, para todas las familias cofrades.
Asegura que ya estaba en marcha todo cuando, al final, “un fracaso: la imagen del Ecce Homo parecía un boxeador. El artesano se limitó a cortar la cabeza de nuestro Ecce Homo y colocarla a un busto de una representación teatral. Pilatos no había por donde mirarlo y lo convertimos en un soldado romano, y las 200 miniaturas, nunca vieron la luz, no se podían definir… Y el trono, para qué hablar”.
Tras muchas vicisitudes, en 2004 se adquiere un nuevo Ecce Homo, sufragado por sus Costaleras en los Talleres Salmerón de Socuellamos. Se encuentra al culto en la Iglesia de San Antonio de Padua, en Playa Lisa, excepto en Semana Santa que procesiona por nuestras calles y la “carita” de nuestro primer Ecce Homo que fue aportado por dos cofrades en 1986, hoy en día está al culto encima de la Hornacina del Yacente en la Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción.

 

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