Este año, aunque en junio hemos tenido cambio de Gobierno, la programación se mantiene a grandes rasgos porque, tal y como declaraba la concejala de Fiestas, Anna Antón, “ésta necesita de mucho trabajo y cuando entró la nueva Corporación estaba prácticamente hecha”.
Hay pequeñas novedades, tales como la nyora (o cohetà) de los días 3 y 6 de septiembre, el sopar de cabasset la noche del 4 de septiembre y la modificación de la sostracà y bomba de la Penya el Tró del día 7, “pasando a celebrarse en la explanada del Castillo”. Sobre este punto, Antón indicaba que la decisión, adoptada por la Penya el Tró, permitirá mejorar no sólo la espectacularidad, “sino también un ahorro de dinero porque, a nivel acústico, con menos pólvora se consigue el mismo efecto. Además, no habría ningún tipo de problema en la localización, porque es el mismo sitio donde se tira la mascletà del Ayuntamiento”.
Más pólvora, más fuegos
Siguiendo con la pólvora y los fuegos, cambios en el horario del lanzamiento de los castillos del día 6 y 8, “que pasarán a realizarse a la una de la mañana, porque hemos pensado en todos los festeros que desfilan, que no les daba tiempo a llegar”. Además, se está trabajando para que no haya ningún tipo de improvisto y evitar cortes o parones por culpa de alguna carroza defectuosa.
En otro orden de cosas, de cara al año que viene se tiene la firme intención de realizar una clara apuesta por lo cultural, así como programar actos para el público juvenil, más allá de las barracas y el ocio nocturno. “Potenciaremos las mañanas y las tardes, así como la fiesta en la calle. Siempre con la filosofía inicial de más con menos o, como mínimo, más con lo mismo”.
Barracas y ocio nocturno
Se mantiene el mismo número de barracas que en años anteriores, aumentado a tres los locales de ocio y esparcimiento nocturno que han solicitado el cierre de calles. En cuanto a las calles cortadas durante las fiestas, con el objetivo de potenciar la convivencia vecinal, éstas aumentan hasta sumar trece y dos plazas, las de Pablo Iglesias y la Ermita del Calvario. “Nuestro objetivo es que la fiesta se convierta en algo vecinal, que se vuelvan a sacar las sillas y las mesas y haya convivencia. La decoración de las calles fomenta que la fiesta siga, que el público tenga más ganas de participar y permite que haya más movimiento en el pueblo”.
Para Anna Antón, en referencia al Programa: “no hay que cambiarlo, sólo que aumentar la participación, atraer a nuevo público y hacer que el pueblo, durante la primera semana de septiembre, esté activo y vivo en sus tradiciones y costumbres”.









