ENTREVISTA ÍNTEGRA
 

Remedios Gea, madre de la joven desaparecida: “Esa noche se oyeron cosas muy fuertes en el barranco”

 
Viernes 30 de octubre de 2015 0 comentarios
 

Hasta prácticamente el último momento, Remedios Gea ha tenido la esperanza de que los restos mortales de su hija se hallasen en el barranco de Catarra, entre otras cosas, porque, tal y como apunta, “varios testigos han asegurado que oyeron gritos en esa zona la noche que desapareció”.

Hace, de hecho, muchos años que conoce a una de las testigos, la cual le dijo abiertamente que “si quería encontrar a mi hija, que la buscare ahí en el pozo”. De eso estamos hablando de hace diez años o más. Pero, ¿por qué se han lanzado a la búsqueda del cadáver de la joven precisamente ahora?

En el momento de la realización de la entrevista, Remedios Gea tenía la completa esperanza de que se encontraba allí. “La primera persona que me dijo que tenía que buscar en el barranco era un municipal, quien me aseguró que la gente de todas las casas de allí la habían oído gritar”.

A la fuerza

Pasado el tiempo, llegó a saber que dos vecinas de la zona vieron cómo acompañaba a Remedios Ludeña, la joven desaparecida, un varón, “quien la iba echando mano y ella decía: ‘¡Déjame, déjame!’. Una de las vecinas se asomó al balcón y le dijo a ese hombre que la dejara en paz. Poco después, la vecina pudo ver cómo llegó un coche, la metieron a la fuerza, y se la llevaron”.

Su hija se juntaba con algunas chicas de la zona, “por lo que fui a preguntar por el bario y cuando fui a buscarlas y preguntar por mi hija, dos niños, de ocho o diez años, me dijeron: ‘Aquí no está. No vengas. Pero ella no va a venir más, porque la han matado y sus llaves están en el tejado”.

De hecho, las llaves de Remedios Ludeña fueron encontradas en un tejado, “al hacer mi hijo una reforma de un piso que compró. De eso hace ya ocho años, aproximadamente”. Cuando éstas aparecieron, Remedios Gea se acercó al cuartel de la Guardia Civil y se puso en contacto con el jefe de puesto, “el teniente me dijo que, si podía tirar de la manta, iban a tirar. Pero, a día de hoy, no me consta que haya pasado nada”.

Nuevos indicios

La pista que ha conducido a la investigación dentro del pozo del barranco de Catarra era sólida para Remedios Gea. La testigo, a quien quiere proteger, “porque creo que la tienen amenazada, ya me dijo hace años que la buscara en el pozo”. Pero ha sido la conciencia la que removió almas y forzó a esta testigo a ponerse en contacto con la madre. “Le removía la conciencia y me contó que no podía vivir desde que le había pasado eso a mi hija, que lo llevaba dentro y no podía estar así”.

Remedios asegura que ésta testigo “oyó cosas muy fuertes esa noche en el barranco. Yo le pregunté si estaba dispuesta ir donde hiciera falta y dijo que sí”. A partir de ahí, se puso en contacto con la Policía Local, con José Miguel Zaragoza, el intendente jefe. Fue en las dependencias del cuerpo local donde se llevó a cabo esa declaración que ha abierto un nuevo camino.

Apuntaba bien

Remedios estaba segura que la investigación iba a llevar a dar con el cuerpo de su hija, “porque a mí me ha dicho un vecino, mirándole a la cara, que lo que sabía nunca lo iban a decir. Me dijo que, lo que pasó esa noche en el barranco de Catarra, entre el pozo y la cueva, se iba con él a la tumba”.

Durante muchos años han regentado un bar y, asegura, “cuando algunos bebían más de la cuenta, rápido saltaban otros y decían: ‘llévatelo, que aún hablará’”. Por todos estos motivos, por las declaraciones, miradas, indicios y la prolongada ausencia, estaba segura y confiada de que la investigación acabaría dando con el cuerpo. Del mismo modo, no espera que Remedios Ludeña siga viva: “todo lo que me han dicho, lo que he escuchado, lo he ido cogiendo”.

Rapto y, ¿asesinato?

Ella no quiere decirlo a las claras, pero está casi segura de que ha habido un asesinato, “yo ni lo he visto, ni lo he oído”, pero su hija tenía, a su vez, un niño. “Lo quería con locura”, declara la abuela, y añade que “por capricho, no hubiera estado sin volver. Ella tenía la ilusión de hacerle un tarta al nene, porque se acercaba la fecha de su cumpleaños cuando desapareció”.

El joven, de 26 años, ha sido criado por los abuelos, quienes poseen la tutela legal, “que la conseguimos en el 2004”. “Él pregunta y se interesa, pero hemos sido mi marido y yo quienes la hemos buscado por todos los sitios: Madrid, Ibiza y, el último lugar, un club de Almansa, tras avisar la policía de Elche que, a lo mejor, podría estar allí”.

No ha sido esta la primera de las desapariciones de Remedios Ludeña, por lo que sus padres tenían muy claro que la han podido raptar. “Anteriormente”, afirma Gea, “se la llevaron y estaba amenazada. Si la volvían a coger, ya no se escaba más, la dijeron”. De hecho, pudo escapar de sus primeros captores y prestó declaración en un pueblo de Tarragona: “como tengo una hermana que vive en Miraseca, la Guardia Civil nos llamó para que fuéramos a recogerla. Según ella declaró allí, la tenían encerrada, que era una casa muy grande, en un campo, con una barra, una pista y la fachada verde”.

La Guardia Civil no pudo encontrar nada, “nunca hemos sabido ni se ha aclarado la desaparición”. A día de hoy, no hay ningún detenido, “ni de la primera desaparición, ni de esta última”.

¿Esperanza?

Tras el calvario que llevan encima, 24 años y medio de sufrimiento, de noches sin dormir, de búsquedas y de preguntas sin contestar, esperaban ambos padres que hubiera una salida, una respuesta. “Porque ella era una chicha fuerte. De hecho, tenía profundos cambios de conducta y, cuando quería algo o no deseaba hacer una cosa, se alteraba y no había quien pudiese con ella”.

Este es otro de los motivos por los que Ludeña se reafirma en la muerte de su hija. “Si la han matado, además, no ha sido uno solo”, declara, “porque ella era fuerte. Ahí tiene que haber varios para hacerla lo que la hayan hecho”.

¿Lo sabían?

A lo largo de todos estos años, está segura, “mucha gente del barrio sabía lo ocurrido. He llegado a preguntar qué ha pasado con mi hija y me han contestado: ‘tu eso tienes que olvidarlo, eso ya ha pasado’”. Pero… cómo se puede olvidar uno de su hija.

La investigación ha sido “contaminada” porque, especialmente con los medios de comunicación apostados junto al barranco y a la puerta de la casa de Remedios, “algunos han apuntado a mi marido. Decían que la pegaba. Yo me he dado cuenta de cómo hablaban con ellos sobre mi marido. Llegándome a decir: ‘a lo mejor te llevas una sorpresa’”.

Ella se da cuenta de que se pretende desviar la atención, que todo el mundo está muy pendiente de lo que está pasando, “además, yo he dado muchas pistas. He visto a algunos, a muchos, que han estado a punto de decirme qué ha pasado”, pero ha sido silenciado por una cierta ley del silencio. “Hay gente que está muy alerta, muy alerta, siempre mirado a ver qué hacen”.

 
 

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