Este año ha aumentado sensiblemente la participación en los actos organizados tanto por la Junta de Cofradías como por la Parroquia, especialmente, en la Misa de Hermandad y el Pregón, un acto que “abre la Semana Santa y hemos empezado con buen pie”. De la misma forma, Navarro espera que ese buen pie continúe acompañando a los Pasos y actos litúrgico, “pero será, como siempre, si el tiempo lo permite, máxime en esta zona”.
Todos los años, la Parroquia reflexiona sobre los aspectos de la vida y muerte de Jesús, sobre el mensaje cristiano. Lo que busca especialmente el párroco es que la feligresía pase del conformismo a la novedad de la persona de Jesús, “tenemos que encontrarnos, de forma personal, con su mensaje, con su persona”.
No al conformismo
Asegura que, “tanto nuestras celebraciones, como nuestras vidas, son bastante rutinarias. En nuestro comportamiento está instalado un conformismo que hace que todo lo veamos bien, incluso lo más lamentable. Da la impresión de que nos hemos acomodado”. Para Navarro, esta situación nos “mutila” como personas y es a través del mensaje del Evangelio “donde se destaca la novedad, la fuerza, los gestos que han de partir del corazón para poner fin tanto al conformismo como al pesimismo, algo que veo tanto en el pueblo como en la Parroquia”.Éste el primer paso, el comienzo del camino que nos llevará “a dejar atrás la indiferencia, que es el gran pecado de la sociedad, como bien dice el Papa”. “Hay que conseguir”, destaca, “la revolución de la ternura, que consiste en tener un trato más cercano, humano, amable y cordial con el otro. Una idea muy bonita, que permitirá abrir las puertas a todos”.
Visión revolucionaria
El tercer aspecto es, quizás, el que culmina esa visión “revolucionaria” del Cristo y no es otro que pasar, trascender del mercantilismo en el que vive inmersa la sociedad y “poner a la persona en el centro de todo”. Las tres ideas, por tanto, se completan, porque son el poso del Evangelio de Jesús.
Navarro indicaba que “es cierto, sufrimos y nos duele el paro, las necesidades de la gente, pero no podemos cerrarnos sólo en esto porque, a la hora de reivindicar, a la hora de exigir, la persona tiene que ser el centro de todo. No sólo el dinero”.
Este mensaje, lo reconoce el párroco, es “rompedor” con respecto a lo que se supone es la tradición y hasta un cierto inmovilismo que empapa tanto a la Cuaresma como a la Semana Santa, “pero no hay ninguna contradicción entre lo que se está proponiendo y lo que dice el Evangelio. De eso se trata”.
Abundaba más José Navarro en esta idea, explicando que “la muerte y resurrección de Jesús no es otra cosa que una apuesta por la persona. Dios entra en la historia del hombre porque opta por el hombre, aunque éste se equivoque”. El objetivo, indicaba, es “crecer y madurar en la fe. Podemos pedir y exigir pero, como nos olvidemos de este simple principio, volveremos a caer en lo que hemos caído: el dinero y el poder se lo llevan todo… ¿y quién lo paga? La persona”.
No confundir lo importante
No es excluyente, ni mucho menos, este mensaje rompedor con la tradición y el fervor que despiertan nuestras procesiones, “éstas tienen un significado y hay que cuidarlas, potenciarlas, que sean dignas, pero no podemos confundir las cosas”. Lo importante, para Navarro, es eliminar de nuestra vida “el conformismo, el mercantilismo, la indiferencia que corta el vuelo de la libertad”.
Finalmente, indicaba que “lo que da sentido a la Iglesia, es el ejercicio de la caridad. Jesús no habla de otra cosa”. A día de hoy, afirmaba con orgullo, “no hay parroquia, por pequeña que sea, que su objetivo no sea el atender a la gente en sus necesidades. No sólo por parte del cura, sino por toda la comunidad”.









