Cuando salgo me gusta escuchar la música y soy el número uno en salir a bailar, para nada me siento excluido por no beber o consumir alcohol”. Así se expresa Ambrosio Mollá. A sus 24 años estudia Trabajo Social, le gusta practicar deporte y colabora en asociaciones locales como la del Cáncer o el Alzheimer. Él, junto a otros siete jóvenes santapoleros protagoniza la campaña “Coneiximent” que ahora lanza el Ayuntamiento a través de la Unidad de Prevención Comunitaria de Conductas Adictivas (UPCCA), dependiente de Servicios Sociales.
“Una campaña similar ya ha tenido éxito en otras poblaciones ya que cuando alguien te pide que tengas ‘Coneiximent’ lo hace porque quiere cuidarte y te quiere”, indica Raquel Hernández.
Así, se ha elegido a jóvenes de distinto perfil –músicos, deportistas, profesores de las escuelas deportivas, estudiantes– conocidos socialmente en nuestra localidad y que son responsables ante el consumo de alcohol y otras drogas. “Agradecemos la colaboración desinteresada de todos, que aceptaron la propuesta en cuanto se lo dijimos”, indica Hernández.
Se han editado carteles con el lema de la campaña y también se difundirán folletos. Se pretende implicar a voluntarios para que los distribuyan durante las fiestas, que es cuando parece que, socialmente, se está casi “obligado” a consumir alcohol. La campaña se lanza ahora, justo antes de la noche de San Juan, pero se hará un especial hincapié durante las próximas Fiestas Patronales.
“El consumo de alcohol está muy ligado al ocio y hemos adoptado conductas similares a las de los países nórdicos, con atracones de alcohol, sin comer, durante los fines de semana”, comenta la técnica de la UPCCA.
Según las encuestas del Plan Nacional de Drogas, uno de cada tres jóvenes de entre 14 y 18 años se ha emborrachado en los últimos 30 días y más de la mitad de ellos lo ha hecho en los últimos doce meses. Un 23% de los estudiantes declara beber todos los fines de semana. Y un elevado porcentaje cree que hacerlo todos los fines de semana pero solo viernes, sábado o domingo, no provoca daños. “Lo llamativo de los datos no es sólo la realidad que describen sino que ese consumo tan intensivo sea tan percibido como de poco riesgo”, señala Hernández.









