EVOLUCIÓN SOCIAL
 

Nuestra cultura necesita poner fin al caos y al aislamiento de Gran Alacant

 
Viernes 17 de febrero de 2017 0 comentarios
 

Santa Pola acumula una historia bicentenaria, como poco, a sus espaldas, pues data de 1812 la constitución como Ayuntamiento. Coetáneo de La Pepa, carta magna que apoyamos. No es hasta 1944 cuando se define nuestro término municipal, marcando nuestros límites en el reciente 1946. Hasta entonces, todo dependía de nuestro vecino ilicitano.
Pero nuestra historia no son sólo los legajos y papeles que van dejando detrás años y años de administración. Es el discurrir de la vida de nuestras gentes, costumbres, anécdotas. Lo que nos hace únicos, distintos, diferentes, en una palabra, porque estamos repletos de peculiaridades que nos marcan y definen.
Marián Sempere, encargada de la Biblioteca Infantil y Juvenil y de la Internacional de Gran Alacant, fue la encargada, en 2015, de dar a conocer esta visión en la muestra “Santa Pola, 1812-2012, 200 años de autonomía”. A su profundización en el acerbo cultural, se sumaban el trabajo de Toni Mas y Andrés Medina en la evolución urbana; Juan Antonio Marco y Jerónimo Buades Blasco en el medio natural y Alfred García, en la evolución del puerto.
Sentados junto a Sempere en la Biblioteca Central, y arrullados con la señal del cierre de sesión, rescatamos datos de su memoria y ponemos nuevas preguntas sobre el tapete. Para empezar, como rasgo distintivo destaca el poder del asociacionismo en la villa marinera, “especialmente después de la postguerra, con un fuerte movimiento cultural”. Se apaga este ímpetu con el correr de los años “y resurge en la transición y arranque de la democracia, pues desde 1978 observamos el auge del asociacionismo y grupos culturales. Son etapas, movimientos de creación y desgaste”.

Problemas de ayer y hoy
Esto en cuanto al veinte pero, si echamos la vista atrás, la cultura no nos era extraña en el XIX, especialmente la musical, abanderada por los Quislant y una banda de música que, si bien no se ponen de acuerdo los expertos, barajaría su creación en los años 1860 o 1865. Como rasgo representativo y definitorio de una realidad, el maestro Manuel Quislant Botella creó la obra “Santa Pola, ahir, huí, demà” (que estrenó la Compañía de Teatro y Zarzuela formada por su hermano, Ángel Quislant. “Aquí Quislant”, explica Marián Sempere, “refleja los problemas que tenía Santa Pola en su momento y que, si se miran, se repiten a día de hoy”.
El problema de las pesca,; de las algas en las playas (“que hacía que la gente no se bañara”); el desarrollo de la Glorieta frente al nuevo Mercado; el deterioro del Castillo, más un sinfín de puntualizaciones cotidianas. “El desarrollo se centra en la intención de una persona adinerada que se afinca en el pueblo y quiere ayudar. Hace una convocatoria para que la gente le pida qué se ha de arreglar”. Los años han pasado, y los problemas continúan, casi, de la misma manera.

La religión
Dentro del ADN local viene marcado a fuego no ya la religión, un tema sobre lo que se puede estar de acuerdo o no, sino la devoción a la Virgen de Loreto. Aunque había otras vírgenes, como la del Carmen, muy importante para los marineros, “ésta se hallaba en el colegio de las Carmelitas. Posteriormente se cede a la Cofradía. La Virgen de Loreto, desde que se tiene conciencia documental, está en el Castillo y a ella se acude en rogativa o, simplemente, a visitarla”.
Es curioso que, con el correr de los años, no se ha secularizado el mensaje, no ha disminuido la devoción entre los vecinos, “más bien lo contrario. Y eso es porque es una tradición que ha pasado de padres a hijos”. Otras tradiciones, como las propias de Semana Santa, se han ido perdiendo, “pero es raro que un abuelo o un padre que pase por el Castillo no se pase a saludarla”. Quizás, recalcaba Sempere, “es una de las pocas cosas en las que estamos todos de acuerdo. Que el día grande es el Día de la Virgen”.

El aluvión
Hablamos de tradiciones casi arcanas que se reducen a un determinado núcleo. Pero la ciudad ha crecido (exponencialmente) y multiplicado su población. Especialmente a partir de 1956, cuando llega el boom de la construcción y el turismo. Haciendo fe de nuestro carácter de pueblo costero, “hemos sabido integrar, mezclar a toda la gente. Si tu haces un análisis de las asociaciones actuales y miras tanto integrantes como presidentes, muchos son gente de (entre comillas) fuera”.
Tal vez sean las asociaciones musicales donde más se note el carácter, “aunque sus integrantes son variados. Aquí sí que han perdurado más en su estructura como propia de Santa Pola”. O L’Antina, que se crea para proteger la cultura Valenciana”.

Pérdida y ganancia
Gracias a la sangre nueva que ha ido nutriendo las cosas locales, se han perdido y ganado tradiciones. Pero no sólo aquí, en todo el territorio, “prueba de ello, Halloween. Carnaval, que era una fiesta muy tradicional de Santa Pola, se ha quedado vinculada a las escuelas y a mera fiesta infantil. Ya no se nota el carnaval y se han olvidado los bailes en el casino, con disfraces y piñata”.

El corte
Pero, el punto de inflexión de la evolución no reside en el centro, sino en Gran Alacant, “que se ha demostrado como una zona de crecimiento incoherente, disgregado. No sólo de Santa Pola, porque nos corta una carretera, sino entre los propios residentes de este barrio, pues no son conscientes de qué son, a dónde pertenecen y ni a dónde quieren llegar”.
Gran Alacant es un núcleo poblacional constituido por células, “urbanizaciones independientes, que viven aisladas unas de otras. O, incluso, entre ellos mimos. Los muros, las paredes, las verjas hacen muy difícil el que tengan una repercusión en el núcleo cultural de Santa Pola”. No hay participación (en el sentido mayoritario de la palabra) y sí una conexión.
Sin duda alguna, la estructura pensada en su germen, pues se concibe como una zona de segundas residencias, “lo dificulta mucho el crear un vínculo no sólo con el centro, también entre ellos mismos”. Ahora, el objetivo es que se constituya plenamente como un barrio, “pero faltan colegios, infraestructuras que cohesionen, pero es dificilísimo de conseguir en un periodo corto de tiempo”.

No es otro pueblo
Si hablamos de población, el caso de este barrio santapolero es distinto a Santa Pola del Este o Gran Playa y Playa Lisa, donde vive poca gente en invierno y se llenan en verano. En estos casos, tenemos puntas de población, “pero Gran Alacant tiene una población fija importante, con sus problemas de padrón (que roza casi el tercio de la realidad)”. A la larga, será un problema, “porque cuando se habla de Gran Alacant, se habla de otro pueblo. Por ambas partes. Y no es así”.
Quizás, por este motivo, el impacto cultural no se deja sentir del todo en Santa Pola, todo esto sin hablar de los extranjeros que residen cerca de nueve meses al año. “Caos y dispersión desde su nacimiento. Puede que el error estuviese en el propio nombre, cuando debería haber sido Santa Pola Sierra o Santa Pola Norte. La nomenclatura, ya de por sí, ha llevado a que muchos se consideren ajenos a Santa Pola”.

Vincular y enriquecerse
Si se quiere crecer a nivel social, cultural, es necesario el enriquecimiento a la misma de toda la población, “con vías de ida y vuelta. Gran Alacant necesita el vínculo”, obviamente, a través de una infraestructura adecuada, “porque la misma reticencia de ellos a acudir al centro, se tiene a la inversa”. De no integrarnos, de no fusionarnos como pueblo, “ni se pueden enriquecer de siglos de historia, ni nos podemos nutrir de la juventud, de las nuevas generaciones que están creciendo allí”.
De hecho, Marián Sempere manifiesta abiertamente que Gran Alacant, “es un caldo de cultivo ideal para nuevas experiencias positivas. Una población muy joven, que vive en un entorno muy natural y que es muy permeable en educación en participación, amor a la naturaleza, sentimiento colectivo. Algo que existe en el centro, con sus pros y contras, pero allí sería como arrancar de cero sabiendo qué errores no cometer”.
Finalmente, apuesta por romper el círculo, la valla, el muro que cierra, “no encerrarse en la urbanización y vincularse. Quién tiene que crear los vínculos, a mí se me escapa”.

 

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