José Navarro, párroco de Santa Pola, es un hombre de base, que cree en la bonhomía del ser humano en que cada cual es capaz de sacar lo mejor de uno mismo, no sólo en estas fechas en las que el mensaje de Jesús se convierte en una inercia, sino durante cada día de cada mes. Un espíritu que José resume convencido en una clara frase: “Cuando nuestras acciones y pensamientos nos acercan a los demás, nos acercan a Dios”. En este sentido, recuerda que, “a nivel humano e individual, cuando se habla del paro, de la vivienda, de los deshaucios, tenemos que levantar la vista y decirle a Dios que nos eche una mano”.
En todas las épocas de dificultades, el ser humano ha vuelto los ojos hacia la Iglesia y los individuos “tienen más facilidad para acordarse de Dios”. José Navarro es testigo de que los santapoleros se apoyan en dos fuerzas: “la fuerza de la solidaridad y la fuerza que los demás te dan para seguir adelante, para no tirar la toalla”, una fortaleza que “muchas veces nos viene sólo del Señor”.
De la fanfarria a la ternura
Y, ¿qué encuentran los ciudadanos en la Iglesia cuando acuden a ella en busca de cobijo y de consuelo? Pues una Iglesia en proceso de cambio. La Iglesia está sufriendo una dinámica de acercamiento al individuo que se aproxima más a la humildad y la caridad que a la fanfarria, a la rigidez y al boato. José Navarro se muestra satisfecho con este giro: “Vamos en una misma dirección hacia la ayuda y la ternura y ése es el camino al que nos está llevando el Papa Francisco, a una vuelta al Evangelio”, a un Evangelio entendido como la “expresión de la plenitud de lo humano”.
Se trata de un cambio con el que el párroco se muestra personalmente de acuerdo, aunque reconoce que conseguirlo plenamente no va a ser fácil. Frente a ello, envía un mensaje de esperanza: “Espero que todas las instituciones de la Iglesia aprendan a bajar los humos y que tomen el ejemplo del Papa Francisco, que nos está diciendo constantemente que la Iglesia debe prescindir de lo superfluo”.
Refiriéndose a un nivel organizativo más cercano, José Navarro se muestra tajante cuando sostiene que “de nada sirve que una cofradía aparente grandiosidad si no se tiene la capacidad de ofrecer caridad. No se es más cofradía porque se tiene más trono o porque se llevan más flores sino porque está formada por gente que es capaz de ofrecer un mensaje y compatirlo en su realidad con los demás”. Hablamos, pues, de una vuelta a la sencillez y a la esencia del mensaje de Jesús de ayuda y soporte a los demás.
Conciencia y solidaridad
Un mensaje que está calando en la sociedad santapolera. Navarro pulsa diariamente la situación, la realidad de la población y de sus componentes humanos y realiza un positivo balance de 2013 en el sentido de que “ha habido una toma de conciencia muy importante por parte de la gente del pueblo hacia aquellos que tienen necesidades”.
De hecho, ya no se trata de un “tópico” decir que hay quienes pasan hambre o que lo están pasando muy mal. Como tampoco se trata, como antes, de algo que se percibía como lejano y que sólo pasaba en otros países. Ahora el problema está en las calles de la localidad y es precisamente esa toma de conciencia la que “ha despertado la solidaridad en las personas”. Una solidaridad que mana de la conciencia general de que “tenemos que salir de ésta apoyándonos unos a otros” y, para ello “la gente está haciendo grandes cosas, no sólo a nivel de familias, sino también a nivel general”.
Otro punto candente de la actualidad nacional respecto a la religión ha sido su inclusión en la Ley de Educación como asignatura evaluable. Navarro confía en que los valores religiosos son necesarios en las etapas tempranas de la vida y conforman “una realidad innegable porque negar el legado cultural que supone la espiritualidad es negar la evidencia”.









