Espectacular ha sido la embajada Mora de este año, precedida de su tradicional parlamento que, este año, interpretaban Vicente Valero (embajador Cristiano) y Manuel Gabino (embajador moro). Gabino, debutante, se metió completamente en el papel, realizando una intervención llena de fuerza y pasión que llegó a poner los pelos de punta al respetable congregado en la Glorieta, que no dudó en prorrumpir en aplausos tras el “aquí este reto queda”.
Así las cosas, se celebró el combate de arcabucería que, como bien indican desde la organización, “tiene sus costes, y no pequeños”. Posiblemente, cada una de las personas que usan las armas de avancarga pueden llegar a desembolsar alrededor de los cien euros, entre alquiler de arcabuz y pólvora, “aunque se limita a un kilo por festero disparante, tal y como marca la ley”.
El combate de arcabucería, acompañado de los preceptivos cañones por ambos bandos, se prolongó durante una hora para dejar paso a la conquista Mora del recinto del Castillo. “Victoria, ya, victoria. El estandarte Moro invicto ondea. Huida está la tropa Cristiana, celebraremos por ello una gran fiesta”, recitó el conquistador de la plaza que, con estas palabras, dejó paso a la entrada de las filadas moras, donde brillaron especialmente los pequeños festeros que fueron sobre el desfile del Día 3 sobre las carrozas, al menos hasta que tienen la edad de desfilar, la cual depende de la Comparsa en cuestión.
Entrada y Reconquista
Tras la insomne noche del Día 1, donde festeros y no festeros se fusionaron bajo la estrellada tela del manto festivalero (es decir, que salieron hasta que las fuerzas y carteras fueron capaces de soportar el ritmo), tuvo lugar el pasacalles, único acto de la mañana en el calendario de las Fiestas de Moros y Cristianos, a la espera de las seis y media de la tarde, cuando todos los cargos festeros se congregaron acompañados de sus respectivas comparsas y bandas. Se lucieron vistosos trajes a la luz del día y, sobre todo, se pudo disfrutar de la música en el vespertino desfile que, concluyó, con la triunfal entrada del bando Cristiano, siempre con la firme intención de reconquistar el Castillo.
Destacaba especialmente el boato de Fem Dança (que también se lució enormemente el día anterior, con los ritmos de Juego de Tronos sobre la tarima de la Glorieta, en la espera al embajador Moro) al ritmo de la marcha cristiana Xamarkai. En esta ocasión, era Vicente Valero quien se apostaba al pie de las murallas para reclamar la entrega del Castillo “de forma pacífica”. Al no ser escuchadas sus demandas y no querer mudar por su propia voluntad a la población, “no queda otra que ir a la guerra”.
Combate singular
Nuevamente, casi una hora de arcabucería protagonizada por siete guerreros de las huestes del Profeta dejaron paso un combate singular (tras parar la batalla el embajador Moro). Alan García, paladín Cristiano, que ha sido capaz de superar exitosamente una lesión de consideración y Esteban Molina, por la parte mahometana, “sencillamente, lo bordaron”.
Los contendientes no sólo ampliaron la duración del combate, sino que sumaron a la nueva coreografía con ariete y lanzamiento de flechas que les precedió. Espectacular, propio de una película de Hollywood, se usaron hachas, espadas, pelea a puño limpio, llaves de proyección y hasta saltos desde la tarima (que casi aplastan a algún reportero o la concejala de Fiestas).
Con la derrota y rendición de la plaza, se fundieron en un abrazo ambos embajadores, quienes no dudaron en posar para una gran foto de familia con los participantes tomada desde arriba del escenario.













