Juan Bautista Llorca lleva más de 16 años como encargado de “los nudos” que hacen posible descender al Cristo de la Agonía cada año. “Soy un hombre de mar”, declara humildemente, “por lo que para mí es una cosa sencilla”, sin embargo, ésta no está exenta de complicaciones y, sobre todo, responsabilidad.
Su historia vital está ampliamente ligada con la Cofradía, puesto que lleva 24 años dentro de sus filas. Confiesa que es difícil describir la amalgama de sentimientos que despierta en él todo el proceso, desde el primer nudo hasta el trascurso del besapiés, “y más con dos hermanos malos… es algo que crece dentro del pecho y… es difícil de explicar”.
Una de sus máximas ilusiones sería “comenzar a enseñar a mi relevo, que no es otro que los jóvenes, porque ya hay que ir pensando en colgar las botas. Del mismo modo que pasó conmigo, así tengo yo que transmitir el saber a los demás”.









