Un año más, se repite la tradición santapolera, única en España, de regalar un “cartucho” (un enrollado envoltorio de papel) lleno de caramelos y dulces. ¿A quién? A todos los niños de la villa marinera, por lo que hablamos de alrededor de 4.000 cartuchos, que no son números baladíes. Los encargados de entregarlos, los concejales miembros de la Corporación municipal, acompañados de representantes de la Cofradía de Pescadores. Esta dulce tradición se remonta a medio siglo atrás, un poquito más adelante de los años de la carestía y la posguerra. Por aquellos entonces, Santa Pola levantaba cabeza pendiente siempre del mar. La Cofradía de Pescadores puso los medios necesarios para que los hijos de los marineros tuvieran unos caramelos que les endulzasen las navidades.
Sin embargo, el Ayuntamiento, considerando la medida poco igualitaria, quiso sumarse a la iniciativa, repartiendo así dulces a los niños de toda la localidad. A día de hoy, este gesto se hace extensivo a mayores, discapacitados y diversos colectivos sociales, especialmente aquellos que atraviesan un duro bache. Así, aparcando diferencias y con la tonadilla: “El día del cartucho, estamos muy contentos, con un cartucho grande, lleno de caramelos”, se pasó la mañana de la Lotería.









