Redaños, tiene, y muchos. Icónica, única, característica y, desde luego, no deja frío a nadie que la rodea o que ha tenido el placer de codearse con uno de los grandes personajes públicos de Santa Pola. Funcionaria, cofrade, ex pregonera, madre y un sinfín de apelativos se pueden verter sobre esta persona que es todo un símbolo del acontecer diario de la villa marinera.
Sentada ante café y tostada, arropada por el sol y la tranquilidad que da el deber cumplido (“aunque aún me queda mucha guerra que dar”), Maru Pomares echa la vista atrás y hace un repaso a sus inicios en el Ayuntamiento de Santa Pola. “Hace 47 años que entré de funcionaria y, por aquel entonces, éramos poco menos que 16 funcionarios, doce policías y las personas encargadas de Servicios Generales. Ahora, tendría que ir a preguntar a Personal, pero brincamos los 300”.
En cuanto a instalaciones, qué decir, “se ha dado un paso de gigante. Pasamos del Castillo, sin prácticamente espacio o divisiones entre los departamentos al edificio que tenemos hoy en día... y que también se quedará pequeño”. También ha sido testigo de la evolución del funcionario como tal, “se ha subido enormemente el nivel de preparación de la gente que trabaja, grandes profesionales con un gran bagaje”.
Democracia y evolución
Testigo fue también Maru de la llegada de la Democracia, “un tiempo en el que parecía que nos iban a comer. Poco a poco, las cosas se fueron haciendo más normales y, lógicamente, con el transcurso de los años se ha ido mejorando”. En cuanto al trato con el público, asegura que, como en todas las familias, “hay altibajos, pero he de decir que yo sólo he chillado con tres personas en toda mi vida funcionarial y una de ellas es un gran amigo mío hoy en día”.
También ha evolucionado el político, “mucho más correcto y más formado en cuanto al área de la que es responsable. Ha ido a la par de la evolución de Santa Pola, pues hemos pasado de ser un pueblo de pescadores a uno de los puntos de referencia turísticos a nivel de la Comunidad Autónoma”. Y, cómo no, la tecnología que ha sido la llave para la creación de una Administración del siglo XXI, “antes controlaba casi todo pues hasta hemos tenido que rellenar recibos de Basuras a mano. Hoy en día todo está compartimentado, especializado y controlado por personal más que competente”.
Proyectos
En cuanto a su jubilación, confiesa que “yo no pensaba jubilarme ahora. Decía que a los setenta me retiraba, pero creo que ha llegado el momento de hacer nuevas cosas”. Del mismo modo, reconoce que su cabeza no para y está pensando proyectos más que interesantes que tienen que ver con otra de sus grandes cualidades, la escritura... “y hasta aquí puedo leer”, declara.
Segundo hogar
Cinco han sido los alcaldes con los que ha tenido el placer de trabajar, “y muchos y muy buenos compañeros. De hecho, me precio de poder decir que siempre me he rodeado de gente buenísima”. Tanto es así que considera al Ayuntamiento como su segunda casa, “algo que echaré profundamente de menos”.
Una de las espinitas que tiene clavadas es la de no haber acabado la legislatura, “fíjate”, asegura, “que siento como si hubiera fallado al alcalde, pero éste sabe que, si en algún momento me necesita para lo que sea, me tiene”.
Reconoce que ha echado toda la carne en el asador dentro de su trabajo como funcionaria, “tanto que, creo, no tengo ni hobbys. Sin embargo, sí he de confesar que siempre he hecho lo que me ha apetecido, hasta el Camino de Santiago yo sola. Ahora tengo una ilusión, y ésta es la de aprender a jugar al ajedrez... pobre del maestro” (ríe).









