JOVENS AMB VALORS | MENCIÓN DE HONOR
 

María Amparo Bayle Sempere, una vida dedicada a educar y abrir caminos

 
Domingo 27 de septiembre de 2026 0 comentarios
 

La fundadora de Peques, origen del actual Colegio Alonai, fue reconocida como persona referente para la juventud en la gala Jovens Amb Valors 2026

DAVID POVEDA | 28/08/2026.-
La gala Jovens Amb Valors 2026 culminó con uno de los momentos más emotivos de la noche: la entrega de la Mención de Honor a María Amparo Bayle Sempere, reconocida como persona referente para la juventud por una vida dedicada a la educación, la cultura, la participación social y las fiestas de Santa Pola.

El homenaje puso en valor la trayectoria de una mujer pionera, valiente, emprendedora y luchadora, que desde muy joven vinculó su destino al latido más puro de una sociedad: la infancia.

María Amparo fue fundadora de la escuela infantil Peques, origen del actual Colegio Alonai, un proyecto educativo que comenzó en una pequeña planta baja familiar y que hoy forma parte de la historia reciente de Santa Pola.

Una vocación temprana por enseñar

María Amparo sintió muy pronto la llamada de la enseñanza. Se graduó en Magisterio en la Universidad de Alicante y obtuvo plaza en el colegio Virgen de Loreto.

Sin embargo, su verdadera pasión iba más allá. La educación infantil la empujó a renunciar a la seguridad de aquella plaza para seguir formándose. Hizo las maletas y se trasladó a Barcelona, donde estudió en la Universidad de la ciudad condal.

Después volvió a Santa Pola con una mochila llena de conocimientos, pero también de sueños.

El primer paso: una planta baja en la calle Trinidad

Aquellos sueños empezaron a tomar forma a principios de los años setenta.

Entre 1973 y 1974, María Amparo abrió las puertas de su primera escuela en una planta baja familiar de la calle Trinidad, número 8.

Con la ayuda de sus amigas Merche y Rosa, aquel espacio humilde comenzó a llenarse de risas, juegos, aprendizaje y una demanda creciente que demostraba que Santa Pola necesitaba un proyecto educativo de esas características. Lo que nació en una planta baja pronto empezó a mirar más lejos.

Peques, una escuela levantada donde solo había rocas y pinos

En 1976, sus suegros, Luis y María, le ofrecieron un terreno a las afueras, junto al barranco de Catarra.

Entonces, en aquel lugar solo había rocas, pinos y silencio. Pero María Amparo vio futuro.

Eran tiempos difíciles para las mujeres con iniciativa, pero los imposibles no existían para ella. Movió cielo y tierra hasta conseguir el préstamo necesario para construir el colegio en apenas un año.

Antes incluso de que las obras estuvieran terminadas, las primeras matrículas ya estaban preparadas.

Así nació la escuela infantil Peques, con seis clases para niños de entre 1 y 6 años, comedor, siete profesoras, cocina y un universo de futuro por delante.

Una mujer adelantada a su época

María Amparo demostró ser una mujer adelantada a su tiempo. Tenía alma de profesora para abrazar a los más pequeños, pulso de directora para guiar el centro y visión empresarial para hacerlo crecer.

En ese camino no estuvo sola. A su lado estuvo siempre su marido, Luis Jover Antón, recordado durante la gala con especial cariño.

Juntos formaron un equipo esencial. Luis asumió la administración y la contabilidad, y no dudó en sacarse el carnet de autobús para conducir aquel mítico minibús de Peques que recogía a los niños en distintos rincones de Santa Pola.

Inclusión, escuela estival y mirada educativa

El proyecto de María Amparo también fue pionero en inclusión.
Su escuela creó un aula específica para alumnos con autismo, abriendo las puertas a colectivos con necesidades especiales cuando casi nadie lo hacía.

También incorporó una piscina exterior para la escuela estival, refrescando los días de calor y ampliando la vida del centro más allá del aula tradicional.

Peques no era solo una escuela. Era un espacio de cuidado, juego, convivencia y aprendizaje pensado para que cada niño y niña pudiera sentirse acompañado.

El salto al Colegio Alonai

En 1992, aquel proyecto maduró.

Peques dio el salto a la educación primaria y se transformó en lo que hoy es un emblema educativo de Santa Pola: el Colegio Alonai.

El nombre, hermoso y con identidad, fue elegido por votación popular entre los propios alumnos.

Desde entonces, el crecimiento ha sido imparable. Llegaron el pabellón deportivo, la piscina cubierta, la educación secundaria y nuevas etapas de desarrollo.

Aquella semilla que empezó con siete profesoras es hoy un árbol frondoso con más de cincuenta profesionales y una trayectoria que este año celebra su 50 aniversario.

Un legado que continúa en familia

El paso del tiempo, la salud y la merecida jubilación llevaron a María Amparo a delegar responsabilidades.

Pero uno de sus mayores orgullos no es únicamente ver cómo por sus aulas han pasado generaciones enteras, hasta llegar a enseñar hoy a los hijos de sus primeros alumnos.

También es comprobar que su legado queda en manos de su propia familia.

Su hijo Isaac continúa como director titular, su hija María como educadora y su hijo Raúl como profesor de Primaria.

El corazón de Alonai sigue siendo, de algún modo, el corazón de la familia Jover Bayle.

Cultura, teatro y fiestas

Relacionar a María Amparo únicamente con la educación sería contar su historia a medias.

Su vida también ha estado profundamente vinculada a la cultura y a la participación social de Santa Pola.

En su juventud fue actriz bajo la dirección de Pascual Antonio Ruiz Alba, interpretando obras en el Teatro Chapí y en el cine El Nano a finales de los años sesenta, rodeada de amigos como Andrés “el Monsa”, Tere, Emilia, Paco Hernández, Tomás Lloret o “el Chacho”.

De las tablas del teatro pasó al color de la fiesta. Fue testigo y partícipe del nacimiento de los Moros y Cristianos, formó parte de la Comisión de Fiestas y se entregó desde sus inicios a la Comparsa Beduinos, con la que ha estado vinculada durante medio siglo.

Compromiso social y vida pública

Su compromiso con Santa Pola también tuvo una dimensión institucional.

María Amparo fue concejala de Servicios Sociales representando a la UCD en la primera corporación democrática del Ayuntamiento de Santa Pola, presidida por el alcalde Francisco Conejero.

Años después, el pueblo volvió a reconocer su entrega cuando fue Pregonera de las Fiestas Patronales de 2003, bajo el mandato de Miguel Zaragoza.

Educación, empresa, cultura, fiesta y servicio público forman así parte de una misma trayectoria marcada por la iniciativa y la implicación constante en la vida local.

“Yo tuve un sueño”

Visiblemente emocionada, María Amparo Bayle Sempere agradeció la Mención de Honor y recordó a aquella maestra joven, llena de ilusión y también de miedo, que soñaba con abrir una escuela infantil en Santa Pola. “Yo tuve un sueño. Quería una escuela donde cada niño y niña se sintiera mirado, querido y respetado. Donde aprender fuera jugar, descubrir y equivocarse, pero sin miedo”, expresó.

También quiso ser sincera con los jóvenes presentes y recordar que el camino nunca fue fácil.

Habló de la primera negativa del banco, de las noches sin dormir, de las decisiones difíciles y de los errores que acabaron convirtiéndose en aprendizaje.

Mirar al cielo, con los pies en el suelo

María Amparo compartió una idea que marcó el tono de su intervención: mirar al cielo para soñar, pero mantener los pies en el suelo para avanzar. “Los sueños te marcan el norte, pero lo que te lleva allí es la constancia, la ilusión”, afirmó.

Para ella, construir un proyecto no es solo tener una idea. Es levantarse a las seis de la mañana cuando una está agotada porque hay niños y niñas esperando. Es aprender de los errores sin castigarse. Es convertirlos en escalones que dan fortaleza. Es hacer lo que toca incluso cuando no se tienen ganas.

Su discurso convirtió la experiencia personal en una lección directa para las nuevas generaciones.

Un homenaje también para Luis Jover

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando recordó a su marido, Luis Jover Antón.

María Amparo lo definió como su gran compañero de vida y aseguró que, aunque ya no esté físicamente, está presente en cada rincón del Colegio Alonai. “Gracias, Luis, por ser mis pies en el suelo cuando yo solo miraba al cielo, por sujetarme cuando yo dudaba, por tu fe inquebrantable en mí, por tu amor silencioso. Este homenaje también es tuyo”, dijo.

Sus palabras hicieron que la Mención de Honor fuera también un reconocimiento compartido a una vida construida en pareja, desde el esfuerzo, la confianza y el amor silencioso.

El futuro en las mejores manos

María Amparo también miró hacia su familia y hacia el equipo humano que mantiene vivo el proyecto.

Aseguró que no hay mayor orgullo para una madre y fundadora que ver cómo sus hijos y el equipo de profesores cuidan de Alonai, lo hacen crecer con sus propios valores y su propia visión, pero sin perder la esencia. “El futuro está en las mejores manos”, expresó.

También agradeció a la Concejalía de Juventud, al Racó Jove y al Ayuntamiento de Santa Pola la oportunidad de vivir este homenaje rodeada de jóvenes excepcionales.

Un mensaje para los jóvenes

El cierre de su intervención estuvo dirigido directamente a los jóvenes.

María Amparo les animó a seguir sus sueños, a atreverse, a no dejar de aprender y a rodearse de buena gente.

“Si yo pude, con todos mis miedos, con mis errores de principiante, vosotros también vais a conseguirlo”, les dijo.

Y dejó una frase que resume el espíritu del homenaje:
“Atreveos a soñar en grande. Los sueños son el mapa cuando el camino se nubla”.

La Mención de Honor a María Amparo Bayle Sempere no fue únicamente un reconocimiento a una trayectoria. Fue también una manera de recordar que la educación transforma pueblos, que los sueños necesitan trabajo y que una sola persona, cuando cree de verdad en lo que hace, puede abrir camino para muchas generaciones.

 

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