EDUCACIÓN
 

Los estudiantes santapoleros vuelven a las aulas entre la preocupación y la incertidumbre

 
Viernes 11 de septiembre de 2020 0 comentarios
 

Los colegios e institutos de Santa Pola inician el mes de septiembre más atípico que probablemente hayan tenido en sus años de existencia. De forma escalonada, se produce estos días el regreso a las aulas en los centros educativos, siguiendo los protocolos y las medidas implantadas por el Ministerio de Educación en coordinación con las comunidades autónomas. Los alumnos del municipio se suman a los 288.823 que volverán a sentarse ante el pupitre, 1.843 más que el año pasado en la Comunidad Valenciana.

La Generalitat y la Conselleria de Educación han invertido mucho tiempo en los últimos días para asegurarse de que los centros serán lugares seguros, instaurando diferentes medidas para que sea así. Algunas muy recientes y que no han estado exentas de controversia, como la decisión de formar a un profesor por centro para que identifique los síntomas de coronavirus. En contra de esta decisión, los sindicatos han insistido en que sean los enfermeros y enfermeras los que realicen dichas tareas sanitarias. También se ha elaborado con respecto a este tema una guía que establece cómo hay que actuar si se produce un positivo: las familias recibirán una carta de su centro de salud cada vez que se confirmen casos y los ya mencionados “delegados covid” harán un rastreo de todos los contactos de los alumnos infectados. Se tendrá en cuenta la evolución de la pandemia para ir modificando esa guía, y Marzà asegura que todos los procedimientos se aplicarán de forma “inmediata”.

Los equipos directivos y docentes han puesto todo a punto para el nuevo curso en un ambiente totalmente distinto, como ya dejan ver las pegatinas que indican la distancia de seguridad que hay que guardar entre los individuos y que conducen a los escolares a la puerta que les corresponde para comenzar el día. Las mascarillas y los geles se han convertido en un nuevo componente del material escolar y complemento de los alumnos, que curiosos, se preguntan entre ellos dónde se la han comprado o comentan lo bien que les queda. A pesar de ser conscientes de que han de mantener una cierta separación social, se les hace inevitable correr hacia sus amigos, a los que no habían visto en mucho tiempo. Están ilusionados, algunos nerviosos, pero no se percibe temor en sus miradas. Desde que el Gobierno central decretó en marzo el Estado de Alarma por la propagación del coronavirus en el país, los colegios e institutos se vieron obligados a cerrar sus puertas, teniendo que echar mano de la docencia online y la paciencia ante una situación totalmente nueva para los más pequeños.

Ahora, todos vuelven a las aulas, a reencontrarse con sus compañeros, pero esta “vuelta al cole” es muy diferente a la que están acostumbrados. También está siendo muy diferente para los docentes, que han tenido que cambiar totalmente su sistema y sus modos de hacer para adaptar la enseñanza a esta “nueva normalidad”. Así lo afirma Mª Rosa Martínez, directora del CP Garnero de Santa Pola: “El protocolo que estamos siguiendo se basa en todo lo que nos ha ido indicando Conselleria. Hemos provisto al centro de todo el material necesario: mascarillas, gel, termómetros (de los cuales se han distribuido 50.000 en toda la Comunitat) y adhesivos que indican los accesos y la circulación, entre otros”. En su opinión, estos primeros días están siendo “positivos”. Y añade: “Los niños tenían muchas ganas de venir, de ver a sus compañeros y profesores y estar de nuevo en el colegio. Además, estaban expectantes por cómo iba a ser esta nueva situación, para ellos está siendo muy diferente”. También han incluido los llamados “grupos burbuja” o de convivencia, en los que siempre coinciden los mismos alumnos y que han obligado a muchos menores a separarse de compañeros con los que llevaban años estudiando. El objetivo es reducir al máximo el círculo de contactos, para así evitar la propagación del virus si se produjesen contagios.

Los padres y madres también juegan un papel fundamental en esta “vuelta al cole” de la nueva normalidad, ya que tras haber tenido que superar un confinamiento complicado por la ausencia de la rutina y la angustia que provoca el hecho de vivir una pandemia, llevan a sus hijos al colegio de nuevo en medio de los rebrotes y de una organización, en su opinión, “escasa”. Algunos padres comentan que sienten un cierto “enfado” por “cómo se ha llevado la situación a nivel nacional. Los organismos pertinentes han tenido tiempo para poder estructurar una vuelta a las clases completamente segura, y lo han hecho prácticamente en una semana”. Aclaran que no consideran que sea culpa de los maestros, y que tampoco consideran que vaya a ser “una catástrofe, ni mucho menos. Es simplemente tener en cuenta lo que podría conllevar que nuestros hijos se contagien o contagien a sus compañeros, todo el núcleo familiar se podría ver afectado”.

Aun así, coinciden con la directora del Garnero en que “los niños, después de tantísimo parón y sin estar con sus amigos, tienen muchas ganas de reencontrarse y de comenzar otra vez con la rutina, incluso todo lo que conlleva la “vuelta al cole” (compra de material, libros, etc.)”. La mayoría opina que es muy bueno que se relacionen con sus compañeros, vuelvan a estar todos juntos y sigan compartiendo los momentos que te brinda la etapa escolar, volver a instaurar la rutina y, siguiendo todas las medidas estipuladas, volver a la cotidianeidad dentro de lo que cabe. Confían en el protocolo y la seguridad que mantenga el centro, y quieren creer que es “el mejor”. Aseguran que no tienen miedo, sino mera “preocupación”. Mª Rosa Martínez coincide con los padres y docentes en que “toda esta situación es nueva para todos, y por eso tenemos que poner de nuestra parte para poder hacerle frente. Tiene que haber participación, y apoyo de todos”.

 
 

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