La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) es una de las organizaciones más combativas que se destilaron del movimiento 15M, un proyecto ciudadano que reivindica una vivienda digna para todo aquel que la necesite, lo cual consideran “un derecho y una necesidad básica”.
En Santa Pola, el ‘colectivo del desahucio’ es un grupo con una actividad frenética, como demuestran las acciones que recientemente han realizado en entidades financieras de la localidad, en las que han defendido los derechos de personas que, debido a sus situaciones económicas, han perdido o pueden perder la casa donde habitan.
Y es que, según la plataforma, “los casos particulares de la PAH son el paradigma del sufrimiento de la crisis económica”.
En este reportaje, el Periódico Santa Pola recoge los testimonios personales de varios afectados por la problemática hipotecaria en la villa marinera. Éstas son sus historias, sus odiseas.
La desaparición de los pagos
El problema de MB con la hipoteca comenzó en el 2010. En aquel momento, pidió una refinanciación de su deuda a la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), dado que no podía hacer frente al pago de la misma por pérdida de empleo. El préstamo fue presentado por la entidad como una gran oportunidad para sufragar la hipoteca: dos años con una cuota de 90 euros más hipoteca y, a partir del tercer año, recibos de unos 200 euros más mensualidades hipotecarias. Entonces, dadas las circunstancias de perentoria necesidad, MB aceptó el trato poniendo como aval la casa de su madre, tasada en 90.000 euros.
Los dos primeros años se sucedieron con normalidad, con el pago de las cuotas y el esfuerzo de toda la familia. La carencia se solicitó para pagar las cuotas pendientes de la hipoteca, con los consecuentes gastos de tracmitación. Llegado el tercer año, los recibos marcaban más de 500 euros y, además, la afectada continuaba desempleada. Es más, al ser autónoma no tenía derecho a cobrar el paro.
El truco reside, según la damnificada, en obviar las aportaciones realizadas durante esos dos años, por lo que, todo lo abonado por la afectada hasta dicha fecha se esfumó y se calificó de impago. La entidad, en este sentido, afirmó que dichas cuotas quedaban registradas al final del plazo del crédito, pero en este caso, ¿por qué habría la afectada de pagar dos veces las mismas cuotas? De esta manera, el tercer año hacía las funciones de año inicial de pago de la carencia con el régimen de 200 euros más hipoteca, por lo que las ventajas promocionadas por la caja de ahorros se difuminaron, lo que supone un perjuicio para la endeudada.
Por ello, la afectada acudió a la entidad a reclamar por estas irregularidades, de la cual obtuvo la negación de cualquier alternativa al pago íntegro de la deuda de “dudosa procedencia”. La lucha de MB se inicia para reestructurar su deuda y poder asumirla, hasta que entra en contacto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con quienes inició una campaña de presión a la entidad que, en aquellos momentos, amenazaba con el embargo de los bienes sufragados y avalistas.
Ya en 2012, Sabadell compró la CAM, y si bien no cedieron mucho terreno, las negociaciones fueron menos encarnizadas que en el caso de la caja de ahorros. La PAH se limitó a poner pegatinas en las paredes del Sabadell puesto que, rápidamente, la entidad cedió a las presiones y se puso a negociar. Por ello, no hizo falta una acción más intensa. En dichas conversaciones, la afectada instó a la entidad a facilitar una quita de la deuda o la dación en pago, con la consecuente eliminación de la relación deudora.
Durante año y medio de negociación, ambas partes se disputaron una salida favorable a la situación, que se vio agravada por los interesesde demora. Finalmente, el banco accedió a la dación en pago, reclamando la vivienda hipotecada de la afectada y el inmueble avalista de la madre de la misma. De esta manera, pese a los pagos asumidos por la afectada, unos 50.000 euros, el banco acabó por fagocitar los dos inmuebles que llegaron a estar, en 2010, tasados en 150.000 euros, cuando la deuda de la afectada no pasaba de los 85.000 euros.
Y es que la situación se dio de la siguiente manera: en un principio, la casa hipotecada fue tasada en 100.000 euros en 2001, de la cual se pagaron 50.000 euros. Para asumir el pago del resto de la deuda, se solicitó una carencia de 25.000 euros, lo que asciende el pasivo a 75.000. El aval, la casa de la madre de la afectada, se tasó en 90.000 euros. Entonces, 150.000 euros de garantía frente a 75.000 euros de hipoteca total. En 2012, la deuda se cuantificó en 80.000 euros puesto que no se ha contabilizado el pago de la carencia más los intereses. Finalmente, la casa se tasó en 30.000 y la de la madre en 60.000, lo que suma 90.000 euros que deviene en la dación en pago. “La deuda se incrementa con los intereses de demora y los avales y activos pierden valor, lo que favorece la enajenación de valor a favor del banco”, concluye la entrevistada.
Para la afectada, la PAH “ha supuesto todo para mi vida, he recuperado la ilusión y me vi apoyada por muestras de humanidad que dieron sentido a mi lucha”.
Acciones preventivas
En 2005, MABM firmó una hipoteca de 180.000 euros con el Banco Pastor (ahora Banco Popular) para hacerse con una vivienda familiar, un contrato que contenía la cláusula suelo, que establece un mínimo porcentual de intereses (independientemente de las fluctuaciones del Euribor), y una cláusula techo, que suele fijarse, según la PAH, “en porcentajes muy altos por lo que, en la práctica, no se aplican”.
Además, la plataforma sostiene que “la mayoría de las cláusulas suelo que se incluyen en los convenios son de carácter opaco”. Y es que, según los afectados, nadie les explicó “la verdadera naturaleza de los términos del crédito”.
De esta manera, los entrevistados acudieron a reclamar a la entidad por dicha cláusula, a lo cual, la dirección de la sucursal respondió con la negación de alternativas a las condiciones iniciales del préstamo. Tras unos meses, el banco cedió y suspendió los efectos de la cláusula suelo durante un año, plazo que está a punto de culminar.
Hasta ahora, MABM ha asumido el pago de las cuotas con adecuación a lo estipulado pero, en estos momentos, un miembro de la familia está en paro y el otro a las puertas del desempleo. En esta tesitura, la única opción es la denuncia judicial, pero los costes de tramitación superan las posibilidades económicas de los afectados.
Así, como se prevé una dura situación económica que, en el corto plazo, hará imposible el abono del resto de cuotas, MABM recurrió a la PAH para anticiparse a dichas circunstancias y recibir el asesoramiento adecuado en la negociación de su hipoteca.
Y es que, desde la PAH señalan que “es muy importante acudir de manera preventiva a la plataforma para disponer de plazos más holgados de negociación”.
Llegó la crisis
En 2007, dos meses antes de que estallara la crisis, JR compró una segunda vivienda a la que trasladarse con la intención de vender la casa que habitaba. Al poco tiempo, la burbuja inmobiliaria dio al traste con la economía y la posibilidad de vender el inmueble se desvaneció.
Pese a este revés, el afectado siguió pagando la hipoteca hasta hace catorce meses, cuando, al ser autónomo, sufrió especialmente las perfidias de la crisis, por lo que su liquidez se trastocó y no pudo asumir más pagos.
En esta tesitura, JR habló con Barclay’s, propietario de la hipoteca. El banco se comprometió a la reestructuración de la deuda tras la venta de la primera vivienda. Así, el afectado encontró un comprador cuando la entidad le comunicó que no aceptarían la venta dado que la compañía estaba en venta y no se encontraba en posición de negociar el contrato.
Pasaron ocho o nueve meses en los que nadie mantuvo al afectado al tanto del proceso de venta de la entidad, tal y como especifica. Hace tres meses, Barclay’s pasó a ser parte de La Caixa, quien también se negó a negociar puesto que afirman que “la adquisición no se hará efectiva hasta enero de 2015”. “Nadie asume su responsabilidad”, sostiene JR.
Por lo tanto, desde que Barclay’s pasó a estar en el mercado, el proceso de discusión de la deuda hipotecaria está congelado. Sin embargo, La Caixa ha amenazado con el embargo de los dos inmuebles pese a que cualquier tramitación se encuentra varada, y mientras mantiene su actitud “desdeñosa” hacia el afectado, tal y como éste manifiesta.
De esta forma, tras las acciones de la PAH en la sede de Santa Pola de La Caixa, la entidad hizo por evitar estas concentraciones que tan mala fama suscitan y se comprometió a negociar el caso de JR. Así es como la PAH ha dejado de hostigar a la caja a la espera de que la promesa se realice. Aún así, advierten que “volverán a presionar si a comienzos de 2015 no se han confirmado los esfuerzos por llegar a un acuerdo”.









