Eres la luz de nuestro recuerdo, la luz de la dignidad de las víctimas del terrorismo”. Así describió Carmen Álvarez, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo Verde Esperanza a Silvia Martínez, la niña de 6 años asesinada por ETA el 4 de agosto de 2002. Instantes después cientos de personas que, como cada año, arropan a su familia en esta triste efeméride, guardaron un contenido emotivo minuto de silencio. Durante este tiempo sólo se escuchó el rumor del agua de la recién inaugurada fuente de la plaza de la Diputación y algún ladrido de perro. En su intervención, Toñi Santiago –que ahora está embarazada y espera otra niña– reivindicó con fuerza justicia para su hija y agradeció a todos su presencia ya que “el pueblo español quiere que Silvia no sea una víctima del olvido”. Criticó que estas navidades al asesino de Silvia –que aún no ha sido juzgado y para el que tampoco hay fecha de juicio– pudiera mantener una videoconferencia con su padre, también preso de ETA, cuando eso no está permitido. Además, señaló que “el mayor desprecio como madre y como víctima del terrorismo” habían sido las declaraciones del ministro Rubalcaba señalando que en la prisión alavesa de Nanclares de Oca no hay terroristas sólo por el hecho de haber firmado un papel diciendo que no son terroristas. Y acabó con un contundente mensaje al presidente del Gobierno: “Señor Zapatero, con la sangre de mi hija, no”.
También tomó la palabra el alcalde, Miguel Zaragoza, para recordar a los terroristas que el pueblo español apostó por la vía democrática en 1977 y pidió que los etarras cumplan íntegramente sus condenas. El acto finalizó lanzando cientos de globos blancos al cielo de Santa Pola.










