DOMINGO DE RAMOS, LUNES Y MARTES SANTO
 

La lluvia respeta y el pueblo se vuelca en su Semana Santa

 
Viernes 5 de abril de 2013 0 comentarios
 

Como era de esperar, no hubo incidentes dignos de reseñar (más allá de alguna trifulca de corte personal) durante toda la celebración tanto litúrgica como procesional de esta Semana Santa. Encuestados algunos de los principales responsables, aseguran que ha sido un éxito y que los cambios han sido bien acogidos por santapoleros y visitantes.
Pese a que los desfiles estaban debidamente señalizados y se permitió a los vecinos la retirada de los vehículos “con tiempo suficiente”, según fuentes de la Policía Local, han sido hasta 100 los coches retirados a lo largo de todas las fiestas. Sin duda alguna, todos los actos han contado con su dosis de belleza, pero fue la procesión de Viernes Santo la que más fieles y espectadores congregó. El Via Crucis de la Cruz del Mar, sin duda la procesión más marcada por un eminente carácter local, emocionaba a su paso. Esto demuestra que no hacen falta grandes fastos o exagerados ornamentos para demostrar el fervor y la fe. Un paso sencillo, la gente vestida de calle, un simple pañuelo... Para aquellos nos oriundos de la villa marinera, y que pudieron disfrutar de la Semana Santa santapolera, fue la más valorada. Otro hecho que ha destacado especialmente ha sido la participación infantil, aun a horas intempestivas y, muchos de ellos.
El Domingo de Resurrección tuvimos un paso casi “acelerado”, quizás por la inminencia de una lluvia que se quedó en poco menos que goteo, pero el Encuentro concluyó con éxito. Tamborrada no muy concurrida, eso sí, pero de participación aceptable.
Se abre pues un largo periodo de descanso y, sobre todo, de reflexión para todas y cada una de las cofradías que habrán de valorar si ,en estos escasos doce meses que quedan, hay que innovar nuevamente o consolidar lo creado.

Una tradición del todo desconocida pero que igualmente emociona

Numerosos han sido los extranjeros que se han acercado a nuestra localidad para disfrutar, en primer lugar, del tiempo tan privilegiado que tiene este enclave mediterráneo y, en segundo, para disfrutar un poco de nuestra cultura y costumbres. Los Van der Haare viven seis meses al año en el camping de Santa Pola. Sus hijas, de 23 y 25 años, vinieron de visita. Para ellas era la primera vez que podían contemplar la Semana Santa. Sus progenitores, la segunda. Los rostros de las más jóvenes era de auténtica sorpresa cuando miraban las expresiones de las tallas, cuando observaban a penitentes y manolas descalzos. Cuando veían a niños portando cruces o, simplemente, cuando la gente irrumpía en aplausos al paso de una imagen o cuando ésta era elevada al cielo por los porteadores. Su balance, tras disfrutar de la procesión del Viernes Santo, fue más que esclarecedor: “No tenemos palabras. Es indescriptible”.

 

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