EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA
 

La búsqueda de una chispa tras la centella de un puño

 
Viernes 15 de mayo de 2015 0 comentarios
 

Ocho son los años que Juan Manuel Molina, más conocido en el terreno artístico por su firma: Miniscal, lleva inmerso en el mundo de la fotografía. Un mundo que habla, especialmente, de sugerencia e intimidad en muchos de sus trabajos pero que, sin embargo, se ha abierto en la muestra “Karate, Cielo y Fortaleza”, que estará abierta al público hasta el 31 de mayo inclusive (gratuito), en el Castillo-Fortaleza (Sala de Exposiciones).
En total, son 46 instantáneas, repartidas en siete salas, las que reflejan la historia y origen del Karate y la evolución del Torneo Internacional Karate Santa Pola. La muestra se distribuye por salas tematizadas (Bienvenida, Historia, Tatami, Kata y Kumite, Santapoleros, Internacional, Momentos y cierra un vídeo que resume los diez años que este torneo lleva implantado en la villa), con lo que el visitante, aunque no conozca nada, “se introducirá en una disciplina deportiva que, esperamos, en 2020 forme parte de los Juegos Olímpicos”, declara Miniscal.
“En la primera de las salas hemos querido fusionar el origen del torneo con la práctica de un deporte milenario, todo ello presidido por imágenes de karatekas santapoleros localizados en los bellos entornos de la localidad”. Y si hablamos de Miniscal, todo el mundo conoce lo que le gusta fotografiar bellos entornos, a las pruebas de Facebook ha de remitirse. Es decir, éxito garantizado desde la primera de las salas.

Ejercicio de destreza
Desde su punto de vista, el Torneo requiere “mucha destreza del fotógrafo y la fuerza de la imaginación hace posible arañar detalles creativos”. Todo pasa rápido, en un solo segundo, “aún así, en la sala Momentos, la número siete, hay instantáneas que son fiel reflejo de esos instantes de sensibilidad, compañerismo, diversión que existen en el mundo del Karate”.
Miniscal llegó a éste de la mano de sus dos hijos, “que son cinturón negro. En mi caso, no soy practicante, pero sí que les he disparado miles de fotos a lo largo de los años”. El botón, por tanto, hace al fotógrafo y éste se funde con el Club. Destaca la figura de Paqui Soler, “que es el alma del Torneo. La persona que ha tenido la fe y la ilusión para que este proyecto pudiera salir adelante. Quiero agradecerle el haber confiado en mí, un fotógrafo aficionado, a la hora de plasmar el trabajo de todos los miembros del Club a lo largo de estos años”.
En un aspecto particular, de toda la exposición destaca que “lo más impactante, lo que más me ha enganchado y buscado como fotógrafo es cómo los karatekas son capaces de gestionar las emociones”. Nervios, tensión, concentración… “ese control, ese gesto contenido es atrayente para cualquier fotógrafo. Irradian fuerza y, sobre todo, me transmiten una enorme sensación de respeto a través del objetivo”.
Si a nivel de participantes se ha ido escalando posiciones durante la vida del Torneo, con presencia de campeones de Europa o del mundo, “en cuanto a fotógrafos, venimos a ser los mismos cada año”. El porqué puede residir “en la gran dificultad que se tiene a la hora de conseguir buenos primeros planos. Las fotos generales son preciosas… el tatami, el castillo, todos los competidores y el público. Quedan perfectas. Pero, lo complicado, es coger esa chispa, ese instante en figuras que se mueven a una velocidad pasmosa, con cambios de luz constantes”.

 

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