Después de años de un futuro incierto, incluso casi acabado, las charcas Museo de la Sal y de las Múrtulas, ubicadas al lado de la Nacional 332 y con cinco hectáreas de extensión, comienzan a experimentar un cambio de rumbo que vira hacia la humedad y, por tanto, hacia la vida. La culpa la tienen los 1.300 euros que ha costado el proyecto para conectar dos tuberías desde las lagunas hasta la antigua acequia que hacía desembocar al mar el agua sobrante de los campos de Elche y Santa Pola. Así, se conseguirán llenar cinco charcas y se garantizará la inundación de las mismas durante todo el año.
La Generalitat Valenciana, a través de la Conselleria de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente, regenerará estas dos charcas y prueba de este compromiso fue la visita a la zona del director general del Medio Natural, Alfredo González, quien afirmó que “esta restauración del hábitat está dando rápidamente sus frutos y puede apreciarse la presencia cada vez mayor de aves, no sólo en número, sino en diversidad de especies”. El proyecto se desarrollará en la finca donde se encuentra el Centro de Información del Parque Natural de las Salinas de Santa Pola, una finca de cinco hectáreas de extensión que formaba parte del circuito de las salinas de Múrtulas. Por su parte, el Ayuntamiento de Santa Pola ha cedido las herramientas y la maquinaria municipal.
Una actuación en dos pasos
El estudio hidrológico de la zona identifica un canal de drenaje que recoge las aguas de los campos de cultivo de Elche y Santa Pola, conocido como Avenida Virgen del Pilar, que discurre en paralelo a las salinas de Múrtulas y desemboca en el mar. Gracias a este estudio se ha visto la posibilidad factible de entrar agua directamente del canal a las charcas.
Habiéndose verificado que los parámetros de calidad del agua son aceptables y que con la sustitución de dos pasos de agua ya existentes sería posible el llenado de las charcas, se solicitó la autorización pertinente a la empresa propietaria de las charcas para su realización. Dicha empresa, Profusa, aceptó y la Brigada de Mantenimiento del Parque Natural, supervisada por personal técnico y personal de Vaersa, materializó la sustitución de las dos tuberías que ya conectan las Múrtulas con el agua del Azarbe Viejo.
Esta fácil y rápida obra permite ahora la entrada continua de agua y el abastecimiento hídrico de las mismas, consiguiendo el llenado durante todo el año de las 21 hectáreas que forman las cinco charcas de las Múrtulas.
El siguiente paso fue proceder al llenado de la Charca del Museo de la Sal a través del sobrante de agua de las charcas de las Múrtulas situadas al otro lado de la carretera. Para ello se instalaron, el pasado 17 de octubre, veinte metros de tubo coarrugado que han conectado la arqueta que recibe el agua de las charcas de Múrtulas con la charca de contacto del Museo de la Sal. Se ha conseguido así el paso de un caudal que abastecerá las necesidades hídricas de la Charca del Museo y que mejorará sus condiciones ambientales, de flora y de fauna.
Ahora sí, ahora no
Llegar a este punto ha supuesto el final de años de desestabilización para este paraje natural. Hasta los años setenta, una empresa salinera explotó la zona y la charca podía recibir el agua directamente del mar a través de un canal. No obstante, la actividad empresarial cesó y, con ella, el aporte de agua por lo que la charca se fue desecando poco a poco.
Años más tarde, a mediados de los años setenta, dos empresas de congelado de pescado comenzaron a verter en la charca del Museo de la Sal el agua utilizada para el lavado del pescado, cuya agua procedía de un pozo. Gracias a esta actividad, la charca volvió a recuperar su hábitat natural y con el agua sobrante y, a través de un conducto, también otras charcas situadas al otro lado de la carretera, restos de la antigua salinera.
Si seguimos la historia cronológicamente, en 1996, el Ayuntamiento de Santa Pola cedió a la Conselleria la finca donde se encuentra la charca y parte de las instalaciones de la antigua empresa salinera. Esta administración proyectó y llevó a cabo la restauración que comprendió el Centro de Interpretación del Parque y labores de limpieza y replantación de la charca, entre otras. En 2005 y 2010 respectivamente, las dos empresas que vertían agua en la balsa cesaron su actividad, por lo que la charca se quedó sin aporte de agua. Para revertir esta situación, el 13 de diciembre de 2010, se instaló, junto a la laguna del Museo de la Sal, un grupo electrógeno para el bombeo de agua desde un pozo que se creó para tal fin a unos 70 metros de profundidad.
Una solución provisional
El grupo electrógeno provocó, entre otros efectos negativos para las charcas, el aumento de la salinidad, de los cloruros y de los nitratos y la bajada de los niveles de oxígeno. El incremento de la salinidad supone un fuerte cambio en el ecosistema y la rápida evaporación del agua y estaba afectando a las comunidades vegetales y faunísticas que habitan en la zona.
Pero el problema no sólo afectaba a la flora y a la fauna, sino al ecosistema general de Las Salinas. Parte del caudal del agua de la charca del Museo de la Sal pasaba directamente a las charcas de Múrtulas con el fin de abastecerlas, ya que éstas contaban con este único aporte para mantener sus niveles de agua, y, debido a la falta de este preciado líquido, estas últimas charcas estaban totalmente secas.
Sin embargo, el grupo electrógeno también tuvo impactos positivos, entre ellos, el más importante fue evitar la desecación total de la laguna.
Todos estos problemas se han conseguido rescindir con el último proyecto llevado a cabo en coordinación conjunta de las administraciones regional y local y se espera que las charcas recobren en breve la gran diversidad de flora y fauna de que hace gala el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola.









